MALVINAS Y KOSOVO

Con un criterio muy "nacionalista" el gobierno de Kristina acaba de rechazar la autoproclamada independencia de Kosovo utilizando el argumento de que, en caso de hacérselo, se perjudicaría nuestra causa de Malvinas. Considera con ello nuestra gobernante que, si la Argentina aceptara que un grupo de personas que habitan en un territorio al que un Estado reputa como propio se declarasen independientes alegando la posesión de caracteres étnicos, lingüísticos, religiosos y culturales comunes y diferenciados, entonces un criterio similar se tendría que aceptar en el caso de los kelpers que viven en Malvinas, los cuales, como bien sabemos, no hablan castellano, tienen un origen religioso diferente del nuestro y comulgan con el modo de vida de los británicos. En el caso de Kosovo la razón alegada para la independencia es también la de que se trata de un territorio en el cual el 95% de su población es albanesa y de religión islámica estando sometida por el restante 5% de origen serbio y cristiano ortodoxo.
Pero no solamente Kristina ha sustentado un criterio muy "patriótico" para el caso de Kosovo, también el socialista Zapatero en España ha argumentado de manera similar estableciendo una analogía estrecha entre la situación aquí aludida y el caso de las minorías étnicas que habitan en territorios de su país, tales como en Cataluña o en las provincias Vascongadas en donde se hablan lenguas diferentes de la española y existen movimientos separatistas en algunos casos tan violentos como los hubiera en los orígenes de la aludida nueva nación. En cambio aquellos países en las cuales tal problema no existe o es de mínimas consecuencias, como Francia, Alemania, Inglaterra y en menor medida Italia, se ha aceptado por el contrario la independencia de este nuevo territorio, estableciéndose así en tales casos como en los anteriores, de acuerdo a la máxima que impera en nuestra política moderna, que no son los principios, sino las conveniencias y los "sagrados egoísmos" de las naciones o conglomerados de éstas los que deben primar en la toma de posiciones. Tal postura generalizada, que lo tuviera como maestro y promotor a Maquiavelo, se halla formulada muy claramente en la famosa máxima de aquel canciller británico por la que se afirma que "en política internacional una nación no debe tener principios, sino intereses" (1). Esto significa que al burgués que hoy nos gobierna en los diferentes Estados del planeta, con independencia de los variados matices ideológicos que componen sus regímenes, no le importa ni la razón ni la justicia de una determinada causa, sino simplemente si ésta favorece o perjudica a las conveniencias del propio gobierno. Y como por otra parte es la economía el valor supremo propio de tal casta, dentro de este marco de cosas que componen los aludidos "intereses", será siempre aquello que proporciona ganancia, bienestar material y poderío lo más importante de todo. Esto, que algunos llaman pomposamente "realismo político", no es otra cosa que un vulgar materialismo del más bajo valor y contra el cual un movimiento que se repute como diferenciado debe combatir sin concesiones de ningún tipo. Para nosotros, a diferencia exacta de tal punto de vista, el fin de la política debe ser la el logro de la justicia, la cual es un bien universal independiente totalmente de los intereses que se tengan y que, si por su triunfo éstos deben ser sacrificados, consideramos que ello debe ser así.
Pero los "realistas", que se contraponen y se ríen de nuestros puntos de vista poco "prácticos", no conforman un bloque compacto y poseen diferencias entre sí de acuerdo a la perspectiva en la que se sitúan. Es así como, dentro del contexto de debate en relación a los "intereses" que intentan defender, en Europa hoy se discute respecto de si conviene o no a tal comunidad aceptar que en su seno se constituya una nación de corte islamista, como el caso de Kosovo. Digamos que a tal efecto la diferencia de criterios no se reduce meramente al hecho de que haya naciones con grupos secesionistas en su seno y otras que no los tienen pues ha quedado demostrado también que no todos los grupos de tal tipo que hay en tal continente están de acuerdo con esta nueva independencia. Pues si bien los catalanes y vascos la aceptan con entusiasmo y la defienden a contrapelo de su gobierno central, viendo en la misma un importante antecedente para la propia, los secesionistas de la Liga del Norte en Italia rechazan en cambio esta nueva creación basándose en razones étnicas y culturales, aunque no por ello menos economicistas que las anteriores. Según ellos el conflicto que se desarrolla en Italia entre lo que es el Norte laborioso y activo económicamente y el Sur perezoso y contemplativo, que vive de los recursos que produce el primero, se proyecta en manera universal a todo el continente a través de una lucha entre civilizaciones rivales, la autóctonamente europea, creadora de progreso y arrolladoramente productiva y sus antagonistas que pretenden seguir parasitándola, así como el Sur lo hace con el Norte italiano (2). En este caso ello estaría representado por el fenómeno de la inmigración, siendo paradigmáticamente la islámica la que se produce hoy en día en Europa con proyecciones deletéreas hasta la posibilidad de constitución de una según ellos peligrosa distorsión étnica a la que definen despectivamente como "Eurabia". Los de la Liga, junto a otros "europeístas" extremos (3), llegan a acusar al respecto a los EEUU, que han favorecido la independencia del Estado islamista de Kosovo en el propio continente, de querer utilizar a tal inmigración para socavar a Europa y destruir sus posibilidades de dominio por las que ésta pueda, simultáneamente con la supremacía hoy alcanzada con su euro, desplazarlos al concebírselos como obstáculo para el rol de excluyente hegemonía en el planeta. Al respecto y para detener tal ofensiva, ellos llaman a una alianza con Putin de Rusia quien también ha rechazado tal nueva creación (4) y que como ellos combate al islamismo al que reputa como un enemigo de la propia nación. Por lo tanto sostienen que no conviene a los intereses de Europa que se acepte en su seno la existencia de una nación de mayoría de tal religión, de la misma manera que también se oponen al ingreso de Turquía a tal Comunidad.
Digamos rápidamente para contestar a tal postura que no es verdad que EEUU promueva universalmente el islamismo en dicho continente como sostienen con ligereza tales personas. Primeramente porque tal religión no es una cosa compacta, hallándose dividida, así como otras, pero con una intensidad mayor, entre sectores modernos y tradicionales a los cuales, en este último caso, se ha denominado con el mote de fundamentalistas. Es solamente a los primeros que dicho país apoya ya que comparte con éstos, de la misma manera que lo hace con otras religiones, su culto por los valores de la modernidad y considera que deben ser promovidos en contra de los segundos.
Y al respecto acotemos que, contrariamente a lo manifestado, en su lucha en contra del fundamentalismo islámico, EEUU ha llevado la delantera en todas partes, no así Europa que, por razones principalmente hedonistas y no ideológicas, ha escatimado esfuerzos para combatirlo. El mejor ejemplo de ello lo tenemos con lo acontecido hace pocos días en la reunión de la Otan efectuada en Lituania en donde el secretario de Defensa norteamericano, Robert Gates, salió indignado de la misma al constatar la poca colaboración de los europeos en combatir a los talibanes de Afganistán, regateando el envío de apenas mil soldados a la zona conflictiva del sur del país. Por otra parte no es verdad que Putin y Bush discrepen respecto de la actitud a asumir en relación al fundamentalismo islámico. Los dos lo consideran su enemigo incondicional en tanto ambos participan por igual de la cosmovisión moderna de la existencia, que es la misma que compartieran las ideologías originarias en las que se informaron, el liberalismo y el marxismo. Rusia apoyó enfáticamente la invasión a Afganistán, el primer Estado fundamentalista del planeta, e incluso sus naciones asociadas amigas y linderas de tal país brindaron bases operativas para invadirlo en el 2001. En segundo lugar EEUU e Israel han apoyado recíprocamente las acciones punitivas de Rusia en contra de los rebeldes chechenos separatistas y han hecho un silencio significativo respecto de las limpiezas étnicas realizadas por tal régimen con tal comunidad rebelde, en continuidad con la política genocida que implementara Stalin. Por supuesto que hay diferencias entre ambos, pero las mismas son meramente tácticas y circunstanciales respecto de la mejor manera de poder desenvolverse en un mundo en donde los sagrados "egoísmos nacionales" y crematísticos son los que priman, en donde los intereses convierten a los principios en meras coberturas y anzuelos para captar a ingenuos. Rusia y los "europeos" antes aludidos creen que el islamismo moderado sigue siendo un problema pues representa la puerta de ingreso para el verdaderamente peligroso, que es el fundamentalismo, Norteamérica, Inglaterra y otras naciones europeas en cambio  consideran que éste puede ser un muro de contención del mismo, de allí que busquen una alianza con tales sectores. Es así como los primeros, acordes con su idea de que debe detenerse el avance del islamismo en Europa sin distinción de matices en su seno, sostienen por contraposición al Kosovo independiente, el que podría con el tiempo sentar las bases de una gran Albania que agrupe a todas las comunidades albano-islámicas de la región, la necesidad contraria de constituir una Gran Serbia, basada en el cristianismo ortodoxo. Digamos aquí que es verdad que desde el punto de vista de los "intereses europeos" un Estado de tal tipo sería mejor que uno islamista debido al peligro potencial que conlleva para los mismos. La religión cristiano ortodoxa no pudo producir desde su propia civilización otra experiencia mejor que la del comunismo ruso y materialista. Tuvo un gran intento fallido en contrario a través de la Guardia de Hierro en Rumania, pero el mismo fue coartado en sus raíces. En la actualidad no existe en la misma ningún movimiento afín con éste con la envergadura necesaria, tal como en cambio ha acontecido con el fundamentalismo en el seno de la civilización islámica, cuya negación de la modernidad es similar en grandes aspectos a lo que fuera formulado por el movimiento del desafortunado Codreanu. Por lo cual, si de respaldo hacia una determinada religión se trata, en aras de consolidar a una civilización, consideramos nosotros que a Europa, como por lo demás al mundo entero, podría favorecerla enormemente que se constituyera en su seno una nación islámica con posibilidades de que, a partir de la misma, se desarrolle un movimiento fundamentalista que por extensión podría llegar a ser el catalizador respecto de uno similar en el seno sea del cristianismo romano como del oriental. Es decir un tipo de civilización tradicional que, a diferencia de la sostenida por políticos como Kristina, Bush y Zapatero entre tantos, dé primacía a los principios por sobre los intereses, al espíritu sobre la materia.
Y un criterio similar podría formularse respecto del problema de Malvinas. Puesto que para nosotros la patria es la idea y no los "intereses", como en el caso de Kristina y de toda nuestra clase política burguesa, nuestra preocupación por Malvinas está determinada no por las riquezas que éstas posean, ni por un sentimiento de "Argentina potencia", sino porque en tal conflicto puedan volver a emerger, tal como sucediera en 1982, dos concepciones del mundo antagónicas, la católica tradicional en que se fundara nuestra nación con todos los matices que se quieran oponer y la degradación protestante y capitalista representada por Inglaterra y con su sede colonial en Malvinas. Si las circunstancias hubieran sido diferentes, y hubiesen sido los kelpers los que hubiesen representado el primer tipo de orden, no hubiéramos hesitado en ningún momento en apoyarlos en dicha guerra y en respaldar su "independencia". No nos habríamos fundado en "intereses" como Kristina y tantos otros.

 

(1) Es de destacar como muchos de nuestros nacionalistas vernáculos (y pienso específicamente en Julio Irazusta) han alabado siempre esta virtud "realista" de los británicos invitando a nuestra dirigencia, excesivamente "idealista" o "ideologizada", a imitarlos.
(2) Es interesante señalar que la Liga del Norte de Bossi en Italia sostiene como consigna principal la lucha contra "Roma ladrona", refiriéndose al vaciamiento de recursos que el sur realiza respecto del Norte y por tales razones principales es que sostiene el secesionismo.
(3) Nos remitimos explícitamente al artículo recientemente aparecido en una página argentina del "europeísta" Pierre Vial, “Sobre Kosovo”.
(4) Sin embargo este último caso posee una cierta peculiaridad. Si bien los rusos se sienten aliados de Serbia y alientan la defensa de su integridad nacional, no descartan tampoco la posibilidad de que tal proceso secesionista aliente a otros que le resultan afines por sus intereses. Tal el caso de los movimientos existentes en dos provincias de Georgia que quieren volver a Rusia, como Ossetia del Sur y Abkhasia. Por lo que no sería de extrañar que, en razón de tales "intereses nacionales", las amenazas en contra de quienes defienden la independencia de Kosovo se encuentren limitadas por tales objetivos antes mentados.