Respecto de la visita de George Bush a Benedicto XVI en los jardines del Vaticano

EL PAPA DE LA NUEVA “CRUZADA”
La visita que el próximamente ex presidente norteamericano George Bush le realizara al papa Benedicto XVI en el pasado mes de junio en el Vaticano tuvo ciertas características especiales que no podemos dejar de resaltar aquí. Digamos en primer lugar que era la tercera vez que se reunían ambos mandatarios, pero en esta oportunidad, posiblemente por tratarse de la última en el ejercicio de las funciones de gobierno del primero, el evento tuvo ciertos caracteres especiales que no acontecieron antes.
Tal como comenta la agencia AFP, “El pontífice le rindió al mandatario americano un tratamiento particular tal como no la concediera nunca a otros gobernantes, ya que lo recibió al aire libre, frente a la torre, representando ello un gesto especial y único…’ ¡Qué honor, qué honor, qué honor!’, fueron las palabras que Bush, sumamente emocionado, le dirigió al jefe de la Iglesia católica antes de saludarlo con un apretón de manos.
El Papa, que suele recibir a sus huéspedes en la biblioteca privada del palacio apostólico, rompió así el habitual protocolo, lo que obligó a los agentes de seguridad del Vaticano a tomar medidas excepcionales y prever un grupo de francotiradores en la cúpula de San Pedro.
Con ese recibimiento especial, el Papa quiso agradecerle las atenciones recibidas durante el reciente viaje pontificio a Estados Unidos en abril pasado”.
Pero más sorprendentes resultaron las especulaciones que se tejieron sobre este viaje tan especial retribuido por una también especial recepción. Así pues nos agrega el cable que “La prensa italiana especulaba de su lado sobre la posible conversión al catolicismo del mandatario estadounidense al término de su mandato presidencial en enero del 2009, debido a su admiración incondicional por el papa Benedicto XVI…Bush seguiría así el ejemplo del ex primer ministro inglés Tony Blair, quien se convirtió al catolicismo tras dejar el cargo”.
Hasta aquí las apreciaciones del cable a las que queremos agregar nuestros comentarios personales. El papa Ratzinger con actos como los antes aludidos no ha hecho sino dar mayores argumentos a aquellas especulaciones propaladas por el bando contrario representado por el principal enemigo que hoy en día tienen los EEUU respecto a que lo que aquí se reedita es una fase más de una antigua guerra religiosa entre los Cruzados por un lado y el Islam por el otro, tal como manifestara recientemente en una de sus tantas alocuciones el nº 2 de Al Qaeda, Ayman Al Zawahiri. Dentro de esta óptica entonces la visita de Bush y su posible conversión al catolicismo para cuando termine su mandato, siguiendo los mismos pasos de Tony Blair en Inglaterra, expresaría así una puesta en orden por parte de uno de los dos bandos que hoy se encuentran en pugna. Por un lado el Occidente “católico” que reconoce a través de sucesivas conversiones efectuadas por sus principales líderes la primacía espiritual del “papa” en la conducción de su guerra y por el otro el “Oriente” islámico respecto del cual grupos como Al Qaeda pretenderían tomar la vanguardia exaltando en contraposición la bandera del califato.
Es indudable que, dentro de esta dialéctica, el papa estaría jugando un rol fundamental no solamente por sus visitas protocolares, sino por la actitud que ha asumido habitualmente respecto del Islam habiendo adoptado actos de franca enemistad al haberlo acusado abiertamente de violento en un famoso discurso emitido en la universidad de Ratisbona, e incluso, yendo aun más lejos, en actitudes de fomento de conversiones respecto de aquellos provenientes de tal universo religioso pero que hubiesen previamente adherido a valores abiertamente modernos y de franca simpatía hacia el sionismo. Tal el caso específico de la reciente conversión del periodista egipcio Magdi Allam, una especie remozada de Oriana Fallaci que hoy deambula por la prensa italiana y especialmente en su principal medio liberal, el Corriere della Sera del que es co-director. Dicho personaje se ha declarado abiertamente en contra del Estado palestino y a favor de Israel habiendo justificado la totalidad de sus políticas represivas. El hecho de que Ratzinger lo haya bautizado nada menos que en la Basílica de San Pedro como aparece en la foto que publicamos es no solamente un acto de provocación, sino una verdadera declaración de principios en consonancia con lo que tiempo atrás uno de sus principales colaboradores, el cardenal Cafarra, había manifestado: que mientras que con los judíos su religión tenía vastos puntos de contacto pues eran “nuestros hermanos mayores” y no había sustanciales diferencias con el cristianismo, con el Islam en cambio solamente podía haber un diálogo desde el punto de vista político y moral y por lo tanto desde un punto de vista religioso solamente era posible la conversión. Cabría preguntarse al respecto en relación a esta especial dedicación brindada hacia un musulmán converso si hoy el papa haría algo similar si se tratase de un judío.
El artículo de AFP quiere marcar las diferencias de Ratzinger con su predecesor en relación a los EEUU manifestando que “Las cálidas relaciones entre Bush y el papa alemán contrastan con las difíciles relaciones mantenidas con su antecesor, Juan Pablo II, quien se opuso con todas sus fuerzas a la guerra en Irak”. En realidad ello no es así en manera alguna. Si bien el papa polaco se opuso en su momento a la invasión a Irak, de la misma manera que otros gobernantes europeos, una vez que ésta se consumó, en ningún momento reclamó el retiro norteamericano, actitud que reitera una vez más el alemán. Los que vivimos de cerca la epopeya de Malvinas recordamos cómo este alineamiento con el “Occidente” moderno y consumista ha sido algo habitual en la política vaticana en especial luego del último Concilio en donde, además de la democracia y la apertura al mundo, se resaltó el valor de instituciones modernas como las Naciones Unidas.
Arribados a este punto deberíamos preguntarnos si todos o la mayoría de los católicos compartimos esta política del Vaticano, si no son muchos acaso los que sentimos náuseas por este abrazo del cardenal Ratzinger con George Bush y su posterior y eventual conversión a nuestra religión del mismo modo que sus incesantes alabanzas hacia el Estado de Israel.
Como consideramos que la inmensa mayoría no comparte esta orientación, opinamos que se equivoca Al Qaeda cuando quiere englobar en una misma bolsa a los “Cruzados” tomando como casos testigos sea al cristianismo de Bush o de Ratzinger. Ni el papa actual representa a la totalidad de los católicos ni en la actualidad lo que se recrea es una lucha entre Islam y Cristianismo. Así como el sector fundamentalista del Islam no representa a la totalidad de esta religión, también en el catolicismo existe un vasto sector que no se considera moderno y que siente un profundo rechazo por la orientación que ha asumido su Iglesia y que no considera que ésto se resuelva simplemente cambiando el misal o recuperando los antiguos ritos, sino dando un paso mucho más vasto y comprometido como ser el de volver a abrazar abiertamente aquellos valores tradicionales y trascendentes que existieron antes de los desvíos aludidos. En tal aspecto así como Al Zawahiri debería distinguir entre el papa Ratzinger y el catolicismo, lo mismo debería realizar aquel sector que no se siente representado por este papa. Debería pensar que así como el estar ocupando una determinada función no es signo de legitimidad, de la misma manera el hecho de no pertenecer a nuestra misma religión no debería convertirse necesariamente en un punto de disyunción. Sería posible quizás cambiar el sentido del ecumenismo del último Concilio y buscar la unión no con aquellos sectores que como Bush o Allam son abiertamente modernos y sionistas, sino con aquellos que, aun no perteneciendo a nuestro mismo contexto religioso y cultural, pudiesen en cambio sostener como nosotros un mismo rechazo hacia la modernidad. Quizás hoy sea más lícito que nunca afirmar la necesidad de que, en vez de hablar de un nuevo antagonismo entre Cruzados y Musulmanes, la consigna debería ser en cambio la de “unir a la espada con la cimitarra” en contra de una cosmovisión que niega en cualquier caso o en diferentes universos culturales los valores de un mundo tradicional.

Marcos Ghio
Buenos Aires, 1/07/08