A propósito del conflicto de Gaza
MARX Y LOS JUDÍOS

Los detractores de Carlos Marx suelen achacarle el error de haber profetizado que la sociedad capitalista, víctima de sus contradicciones intrínsecas, iba a desembocar necesariamente en el comunismo. Sin embargo los marxistas queremos recordar que han sido también de nuestro maestro estas muy luminosas afirmaciones.
"¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo?... el interés egoísta. ¿Cuál su culto? La usura y ¿cuál su dios? El dinero... Pues bien,  la emancipación a través de la usura y del dinero... es la emancipación de nuestra época... Por lo tanto la emancipación de los judíos es la emancipación de la humanidad en el marco del judaísmo... Los judíos se han emancipado en la medida en que los cristianos se han hecho judíos". (1)
Si Teodoro Hertzl hubiese leído con atención estas reflexiones agudas de su compatriota étnico con seguridad que no hubiese escrito El Estado Judío, con seguridad que no se hubiese constituido entonces el Estado de Israel, ni que tampoco el sionismo hubiese alcanzado tanta notoriedad, pues hubiera comprendido anticipadamente que se trataba de una cosa inútil, tal como se demostró con el tiempo. En un mundo que, tal como nos anticipara nuestro maestro Carlos Marx, se ha hecho judío, en donde el mismo Papa cristiano lo califica como a su hermano mayor y a su religión como la única de la cual se puede aprender y 'dialogar', al que se le han pedido múltiples perdones en señal de reconocimiento, y en donde la principal potencia 'cristiana' califica al judaísmo como la consumación de la propia religión y a su Estado en el Medio Oriente como baluarte de la civilización y democracia, ¿quiénes son los judíos que necesitan un territorio propio para no ser perseguidos? ¿quiénes son los que precisan de un hogar que los cobije de un nuevo 'holocausto'? A diferencia exacta de lo que describía Hertzl, en todo el mundo el judío hoy goza de un status especial y privilegiado justamente como el producto de aquella 'emancipación' tan proféticamente anticipada por nuestro maestro. En la Argentina, por ejemplo, -y se podrían citar otros casos similares- se ha promulgado una ley hecha especialmente a su medida por la cual pueden hacerse ironías sobre los gallegos, los 'tanos', los bolitas, o los integrantes de cualquier otra comunidad, puede condenarse a los yanquis o a los ingleses con los términos más duros, pero en ningún caso puede proferirse descalificación alguna en contra del 'pueblo elegido' pues podemos hacernos pasibles de una sanción 'discriminatoria' con elevadas penas de prisión. Se ha llegado a tal respecto a un límite tal de coacción que cada vez que nos sentimos en la obligación de pronunciar tal palabreja, debemos hacer previamente una profunda reflexión jurídica y asesorarnos con distintos abogados especializados respecto de las eventuales consecuencias que conllevaría nuestra osadía y en relación a todas las interpretaciones a las que la misma podría dar lugar.
Es por ello que, debido a esta situación de verdadero privilegio de una civilización que se ha hecho judía, Israel ha resultado una verdadera inutilidad especialmente para los mismos judíos, pues éstos hoy se encuentran habitando como en su casa en un mundo que se ha emancipado a la manera propia de ellos y en el cual gozan de prerrogativas especiales en tanto que, tal como dijera nuestro maestro, ha asumido su dios y su culto. Y es por tal causa también que son cada vez menos los judíos que deciden emigrar a Israel y en cambio cada vez son más aquellos que, luego de haberlo hecho, en razón del alto grado de inseguridad y violencia en que se ha convertido su nuevo Estado y de otras circunstancias inesperadas y sorprendentes (2), deciden volverse hacia un mundo que, en tanto emancipado, es cada vez menos peligroso para su seguridad y que le permite en cambio disfrutar de privilegios especiales en tanto que se ha hecho sumamente sensible con su causa.
Pero el Estado de Israel no solamente ha sido inútil para los mismos judíos, sino también contraproducente para éstos y para el mundo por ellos emancipado. Y esto por un extraño destino que ha tenido el judío a lo largo de la historia, el de producir sin proponérselo a sus peores enemigos. (Pensemos en la crucifixión de Jesús, por ejemplo).Y aquí para explicar tal fenómeno debemos remontarnos al problema desde sus mismos comienzos. Cuando el judío consideró que había llegado el momento de constituir su Estado decidió hacerlo, como era de esperarse, a la manera judaica, acudiendo al culto relativo a aquel dios que veneraba. Fue así como procedió a comprar primeramente haciendas de los palestinos a fin de que éstos se retiraran hacia otros lugares y le dejaran un territorio vacío; pero como este proceso tardaba demasiado en concretarse y como algunos de los que debían irse no sabían apreciar el valor de tal deidad, se procedió al uso de la fuerza que incluso llegó al exterminio de los que eran más reacios en despejar los espacios para su venida. Si bien ante tal accidente inesperado hubo reclamos y remordimientos de conciencia, hubo también algunos que dijeron que esto no era otra cosa que cumplir con las modalidades ya sustentadas en el Antiguo Testamento.
Es de resaltar que este procedimiento en el que se mezcló la violencia con el dinero dio sin embargo en sus primeros momentos un resultado sorprendente por lo exitoso y que sirvió para consolidar el mito del 'pueblo elegido', aunque no se apreció suficientemente que ello sucedía en tanto que se contaba con el respaldo de una clase política nativa, producto de anteriores colonizaciones que, como todas las formadas en este mundo occidental 'emancipado', estaba más acostumbrada a la negociación que a la lucha, a los intereses más que a los principios. Fueron palmario testimonio de ello las diferentes 'guerras' que se les llevara a cabo a los remisos con desenlaces fulminantes de carácter vergonzoso y humillante, como la famosa de los seis días o la del Yom Kipur, por las que terminaron obteniendo no sólo más territorio, sino también el reconocimiento de su status de Estado usurpador. Pero cuando todo parecía favorecerlo y cuando tal situación aparentaba haberse consolidado para siempre, entró en escena el elemento contraproducente. La sucesión de fracasos y derrotas, la permanente humillación terminó funcionando finalmente como un reactivo. Los oprimidos comprendieron con el tiempo que de lo que se trataba no era simplemente de recuperar un territorio, sino más bien de liberarse de aquella 'emancipación' de la que nos había hablado tan proféticamente Carlos Marx. Que a un culto y a una divinidad crematista había que contraponerle otra, la contraria que se hallaba en los orígenes raigales de la propia civilización, en donde la vida y el medio para hacerla más agradable, el dinero, no eran el valor esencial. Que en razón de tales diferencias abismales no había nada que negociar y que por lo tanto las guerras no debían ser meramente para obtener algún reclamo parcial, sino totales hasta la desaparición misma de la anomalía. Se produjo así el surgimiento de un fenómeno nuevo que se llamó el fundamentalismo que no ha sido sino un despertar profundo de la religión del pueblo postergado secularmente por la civilización 'occidental' emancipada a la manera judaica, de acuerdo a nuestro maestro. Al dios del dinero y la usura, al secularismo sionista y democrático, al culto por la vida, se le contrapuso entonces la guerra santa, en donde el judío ya no es concebido simplemente como un opresor, sino como un instrumento para conquistar el Cielo. Frente al mundo democrático y competitivo que nos proponen los banqueros surge un orden distinto y de carácter sagrado, el Califato.
Todo ha cambiado desde la aparición del nuevo enemigo generado por la persistencia en inculcar por doquier y por la fuerza la aludida emancipación. Ya las guerras han dejado de durar seis días, ya los combatientes no se rinden buscando obtener una buena jubilación, sino que se inmolan como los kamikaze en su búsqueda ansiosa por la otra vida. El ejemplo de ello lo tenemos en la reciente invasión a Gaza. Lejos de amedrentarse o de escapar, o de buscar la 'paz', las milicias de Hamas han incrementado sus acciones lanzando hasta 40 misiles en un día. Y cada vez llegan más cerca. Ya están a pocos kilómetros de la planta nuclear de Dimona y a apenas 30 de Tel Aviv. Pareciera que la guerra en vez de amedrentarlos, como sucedía con los laicos seculares ansiosos por negociar, los retroalimenta. Cuanto más se ataca, más son los misiles que se lanzan, más lejos éstos llegan.
Esto es lo que le cuesta entender al mundo emancipado: que es otra religión lo que está aquí en juego en donde no es el dinero el culto supremo y en función del cual la guerra representa un instrumento, sino que a la inversa aquí es ésta la que constituye el verdadero fin: aquí se muere no para tener más riquezas, sino para alcanzar el cielo. Se lucha no para sumergirse en la vida, sino para trascenderla.
La preocupación de los 'emancipados' es cada vez más incesante. Comenzó la metástasis un pasado 11S del 2001 cuando alcanzaron a atacarlos en su mismo corazón. Hoy más de 40 naciones no pueden acabar con el fundamentalismo en Afganistán y en el vecino Pakistán está por constituirse como un primer desprendimiento, el país de Talibanistán, a pocos kilómetros del próximo objetivo que es la India. El tráfico petrolero en el Mar Rojo se encuentra interrumpido por las rebeliones fundamentalistas en el Cuerno del África y en Yemen del Sur asociadas con la piratería. El emancipado Estado chino, con su flota recién enviada a la región, no logra restaurar el equilibrio. Más al norte la también emancipada Rusia no puede detener la revolución en su territorio del Cáucaso. Como un verdadero reguero, el fundamentalismo, suscitado involuntariamente por el Estado judío en su opresión, se expande por doquier en su lucha incondicional en contra del mundo emancipado que rinde culto al dinero. Sólo resta que en nuestra civilización se produzca la sana rebelión concurrente.
Recordémoslo para finalizar una vez más a nuestro maestro. "Fundamentalistas del mundo, unios".

 

(1) Texto juvenil editado en los Anales Franco-renanos y luego como apéndice de La sagrada familia. Es de destacar especialmente que aquí Marx se refiere a un judaísmo secularizado tras la diáspora, no a un tradicionalismo judío que ha sido sumamente crítico hacia el Estado de Israel y a la distorsión que se ha efectuado de sus dogmas sagrados.
(2) Es interesante resaltar aquí la experiencia de Jacobo Timmermann, un notorio periodista argentino y sionista confeso, que luego de haber estado preso con la última dictadura logró hacerse exiliar a Israel, del cual luego volvió sumamente espantado pues notó cómo éste había abandonado los ideales progresistas en los cuales había creído en sus orígenes para sumergirse en algo demasiado cercano al fascismo, cosa que en cambio no sucedía en la Argentina, un país que en cambio había sido emancipado.

Marcos Ghio
Buenos Aires, 9/01/09