RÉPLICA A LA NUEVA NOTA DE SALBUCHI FIN DE LOS ESTADOS UNIDOS, INICIO DEL GOBIERNO MUNDIAL

Luego de nuestra nota anterior (1) y la de nuestro colega Walter Preziosi (2) en que se lo menciona a Adrián Salbuchi, quien no nos ha respondido públicamente, éste ha emitido un nuevo documento de carácter sumamente esclarecedor y referido a tales temas, el que seguidamente comentaremos.
Aunque en primer lugar debemos manifestar que, no obstante las diferencias manifiestas, apreciamos del aludido el interés especial que remite a la circunstancia internacional en tanto que, de la misma manera que nosotros, aunque con principios distintos, la considera como un factor decisivo y determinante para cualquier circunstancia nacional. Lejos nos encontramos entonces, junto con Salbuchi, de un nacionalismo cerril y exclusivista que vive con un paraojos puesto con respecto al mundo que lo circunda.
Hecha esta breve introducción vayamos al artículo que comentaremos. En nuestra nota anterior sobre el mismo hicimos notar cómo, en razón de los análisis crudamente economicistas que hacía de la realidad política mundial, Salbuchi no se apartaba en lo esencial de las ideologías modernas como el marxismo y el liberalismo. Acaba de corroborarlo ahora en esta nota en donde cita de manera abundante y concordante un reportaje que se le hiciera a un jerarca de la actual nomenklatura rusa, Igor Panarin, quien expone de manera muy clara los objetivos estratégicos de su país, lo cual es a su vez muy útil también para corroborar lo que muchos venimos sosteniendo desde hace tiempo en el sentido de que la Rusia actual capitalista no es sino la continuación del antiguo capitalismo de Estado comunista implementado en el siglo pasado por Lenin y Stalin. Y al respecto digamos que no resulta una casualidad que hoy en día el régimen de Putin y Medvedev haya rehabilitado en las escuelas a la figura de tal dictador sanguinario y que haya dicho también que una de las grandes desgracias de los últimos tiempos ha sido la desaparición de la Unión Soviética. Es decir, lo que a la luz de los últimos hechos resulta a todas luces evidente es que la Rusia actual no es la antítesis de la antigua URSS, sino una adaptación de la misma a los tiempos actuales. Y además el hecho de que haya adoptado abiertamente el sistema capitalista no significa en manera alguna que se haya apartado por ello del antiguo comunismo. Tal como se ha dicho tantas veces ambas ideologías no son antitéticas, sino que comparten un mismo trasfondo materialista por el cual -y se le podría agregar también el ejemplo de China- ambos discursos pueden entremezclarse perfectamente y concordar en los puntos de vista esenciales que son principalmente modernos, es decir materialistas. 
Pero así como en una nota anterior (3) hicimos notar cómo la izquierda tiene dos discursos diferentes pero no antitéticos para hacer frente a sus problemas, tal como nos hace ver también Panarin sucede exactamente igual en el campo pretendidamente antagónico de los capitalistas ‘de derecha’. Así pues, tanto el capitalismo como el marxismo discrepan en sostener dos vías diferentes para alcanzar la consumación de sus metas comunes que consisten como bien sabemos en la felicidad vacuna propia de ambos sistemas materialistas y ‘metafísicamente iguales’ para la humanidad en su conjunto. En un caso la salida sería de corte universalista, lo que se consumaría, como bien dice el aludido autor, a través de una postura globalizadora, por medio de la instrumentación de un gobierno mundial de una élite en donde las personas más lúcidas y selectas, que podrían ser ciertas naciones o países o grupos de personas o razas, imponen a los otros sus puntos de vista. Lo cual no es sino una falsificación de un antiguo principio tradicional relativo al ‘rey del Mundo’ o ‘Imperio universal’. En el otro caso sería el particularismo, es decir considerar en forma ingenua que los grandes problemas de la humanidad, aun suponiendo que quedaran resumidos a lo que la modernidad expresa, podrían resolverse a través del libre despliegue de las naciones, (aunque por supuesto que habría algunas que serían más libres e iguales que otras como Rusia o China, según Panarin) o grandes espacios o confederaciones de éstas, como el Mercosur por ejemplo, sin establecer ningún tipo de jerarquía o diferencia entre ellas al menos de manera nominal. Lúcidamente Panarin asimila la postura capitalista globalizadora con el trotskismo para el cual la URSS no era un fin en sí mismo o una meta como en el caso de Stalin, sino apenas un instrumento para consumar la revolución mundial globalizadora.
Esta postura trotskista es para Panarin muy desventajosa y ello estaría además corroborado por los hechos especialmente de los últimos tiempos y al respecto hace notar la actual crisis del sistema la que según él, de la misma manera que Salbuchi, tiene un origen monetario y económico (moneda sin respaldo, endeudamiento galopante, etc.)  y no político. Es decir que no habría habido algún hecho o conjunto de tales que habría producido tal acontecimiento, sino que ambos autores lo atribuyen todo a una cierta fatalidad, de carácter crudamente marxista. De la misma manera que el redactor del Capital decía que el capitalismo iba a sucumbir víctima de sus contradicciones, Panarin y Salbuchi consideran que la misma dinámica del sistema financiero capitalista va a terminar fatalmente con su defunción irreversible.
En un verdadero despliegue de coherencia, Panarin hace las alabanzas de un cierto sector de la política norteamericana, los estatistas o ‘particularistas’, que hoy están con Obama, opuestos a los globalizadores o ‘universalistas’ que gobernaban con Bush. Los primeros serían los buenos pues estarían dispuestos a estar de acuerdo con Rusia y con China para compartir el gobierno de la economía en el mundo y a no considerar más al dólar como el patrón monetario universal. Dejando a un lado la profecía realizada de que EEUU desaparecerá sólo víctima de sus contradicciones internas, del mismo modo que el sistema capitalista de Carlos Marx, vayamos ahora a los problemas que podrían interferir con el mismo y de lo cual se ocupa expresamente el argentino.
Salbuchi considera que los ‘globalizadores’, es decir los trotskistas malos de Panarin, van a acudir a una serie de montajes y procedimientos sutiles y tramposos para evitar su desaparición. Nos van a asustar con fábulas tales como el “calentamiento global” u otras cuestiones ecológicas y principalmente con la del “terrorismo internacional” el cual según él, si no ha sido inventado por los mismos norteamericanos que nos han dado explicaciones muy infantiles y “simplistas” sobre los atentados del 11S y todas las acciones ulteriores del fundamentalismo islámico, en el mejor de los casos éstos serían idiotas útiles que trabajarían para los mismos intereses que dicen combatir. Es de recordar que en otras notas había sido más tajante en decirnos que todo había sido el producto de un montaje y que por lo tanto los mujaidines que se inmolaron luchando contra EEUU habrían sido en realidad agentes de los mismos.
Más allá de que habría que explicar porqué si alguien quiere mentir acude a una argumentación infantil y simplista y no sería en cambio justamente tal afirmación algo sumamente ingenuo, también sería oportuno  contestar a cosas como las siguientes:

  1. ¿Por qué si se dijo que EEUU invadió Irak para obtener su petróleo, esto no solamente no está sucediendo, sino que dicho país en cambio no sabe hoy en día cómo retirarse de tal guerra y haya terminado sustituyendo a un gobernante laico y afín con sus ideales modernos por el Estado Islámico de Irak, es decir la cobertura de Al Qaeda que antes no existía y por qué entonces luchar contra tal invasión sería cosa de idiotas útiles?
  2. ¿Por qué es también de ‘idiota útil’ resistir en una guerra que ya lleva siete años de duración y haber reconquistado el 75% del territorio ocupado como en Afganistán y no lo serían en cambio aquellos que como Salbuchi exaltan a Rusia y a Irán, países que colaboran estrechamente con EEUU en tal invasión infame?
  3. Ya que Salbuchi entiende mucho de cuestiones económicas y de endeudamientos monetarios ¿por qué dos guerras que además de estar perdiéndose han ya insumido la erogación de casi un billón de dólares, es decir más del 50% de lo que insumió Vietman y el equivalente casi a lo gastado en la 2ª Gran Guerra,  estarían beneficiando a los globalizadores y no lo sería en cambio colaborar con los sectores ‘estatistas’ tal como sugiere su colega ruso?
  4. Para Salbuchi sostener que los talibanes, Al Qaeda, Al Shabab, el Emirato del Cáucaso, etc. están haciendo una guerra justa sería ‘creer en la versión oficial’. No lo sería en cambio coincidir en lo que nos dicen Chávez, Fidel Castro, Putin, Ahminajedad entre otros. Preguntamos: ¿Por qué unos serían más o menos oficiales? ¿Por qué no considerar en cambio que ambos sectores concuerdan en condenar, aunque con lenguajes diferentes, a un mismo tipo de fenómeno que les hace frente por igual: el fundamentalismo islámico?
  5. Panarin y Salbuchi deberían explicarnos por qué la verdadera contradicción que existe en la historia es la que opone a los globalizadores con los estatistas o particularistas y no lo es en cambio la que confronta a la modernidad con la tradición. Al respecto digamos que nosotros no somos antiglobalizadores ni antiuniversalistas, sino que estamos en contra de un cierto tipo de globalización y de universalismo, el moderno.

En fin, decir que el “terrorismo islámico” se explica por el accionar de la política internacional de los EEUU nos hace recordar las afirmaciones del juez Zaffaroni cuando sostiene que los delincuentes se explican por el accionar policial o por la ‘sociedad represiva’. Hay una concordancia de fondo entre ambos. De la misma manera que el aludido, Salbuchi es fatalista. Él considera que habría que dejar que el sistema financiero internacional o los ‘globalizadores’ y ‘trotskistas’ se derrumben solos pues caerán víctimas de sus contradicciones. Que cualquier acción que se desarrollara en su contra interferirá o retrasará la consumación de tal ley irreversible, del mismo modo que las cárceles represivas de Zaffaroni y Argibay que prolongan la existencia de la delincuencia o como los infantilistas revolucionarios de Marx y de Lenin que les dan armas a los capitalistas para seguir existiendo.
El amigo Salbuchi se ha manifestado molesto porque hemos calificado de absurdos muchos de sus análisis, las viudas de los ‘idiotas útiles’ están mucho más molestas que él.

Marcos Ghio
Buenos Aires, 18/12/08