En ocasión de que en ciertos círculos pretendidamente ‘nacionales’ se ha hecho una exaltación del régimen heredero del comunismo ruso y de su actual política de represión del pueblo chechenio, que fuera masacrado sangrientamente durante casi un siglo desconociéndose su soberanía, y al que se acusa en forma canallesca de ser agente de los norteamericanos, queremos rendirle hoy nuestro homenaje al cumplirse en estos días los 65 años de su cruel deportación y ‘purificación étnica’.

La masacre de Chechenia

Rememorando un crimen que se desea ignorar

Hace 65 años Stalin y su tristemente célebre Armada Roja procedían a efectuar una masiva migración de ciudadanos de Chechenia e Ingushetia desde sus originarias patrias del Norte del Cáucaso hacia  Kazakhstan y Kyrgyzstan. Para proceder a la misma se procedió a contratar los servicios de 119,000 miembros activos de la NKVD y de la SMERS,  brigadas especiales del ejército ruso. Las mismas ya se habían especializado en efectuar migraciones masivas de comunidades de indeseables como la de los  Kalmyks y los Karachais en años anteriores. En el primer día del operativo, el sanguinario verdugo Beria reportó que habían sido desalojados 94,741 personas. El procedimiento duró en total cinco días, terminando un 29 de febrero de 1944 habiendo sido en total deportados 387,229 Chechenios y 91,250 Ingushetios. Es decir que en apenas una semana Stalin ‘purificó’ étnicamente el Caucaso de medio millón de personas.
La excusa esgrimida para tal deportación fue que tales poblaciones habían masivamente desertado de las filas del ejército rojo durante la Segunda Gran Guerra. Luego de tal higiénica medida las dos repúblicas fueron disueltas y sus territorios divididos entre Daghestan, Ossetia del Norte y Stavropol y a su vez Stalin, para eliminar totalmente a la población originaria, impulsó migraciones de ciudadanos de etnía rusa, tal como hiciera también en Osetia del Sur y en Abkhasia en relación a la región de Georgia de lo cual hemos visto las consecuencias originadas en los últimos tiempos en donde tal procedimiento ha servido para socavar la soberanía de tal país.
Estos chechenios deportados a Kazakhstan y Kyrgyzstan fueron alojados en lugares inhóspitos, totalmente desérticos y sin agua ni alimentos suficientes y se fueron muriendo de a poco en su gran mayoría. Pero peor aun fue su deportación en trenes, amontonados de una manera tan inhumana que ni siquiera el ganado hubiese viajado en tales condiciones. Durante la travesía varios murieron de tifoidea y otras enfermedades que fueron diezmando la población. 
Los deportados que pudieron sobrevivir en Kazakhstan y Kyrgyzstan vivieron en una extrema pobreza falleciendo en su gran mayoría por inanición. En modo tal que el censo de 1952 nos dio una cantidad de apenas 125,500 Chechenios y 20,300 Ingushetios. Es decir que en siete años la población chechenia había disminuido al 30.76% y la de Ingushetia al 20.3%.
Los que sobrevivieron tuvieron que padecer un régimen carcelario. Una vez al mes debían reportarse ante el comandante de la NKVD dejando constancia así de que no se habían alejado del lugar en donde habían sido deportados. Se trató así de una situación de extrema opresión parecida a la que padecieran otras comunidades.  
Esta situación de penuria duró hasta después de la muerte misma de Stalin. El 16 de Julio de 1956, el Presidium del Soviet Supremo los liberó del régimen de encierro al que habían sido condenados pero no les devolvió ni las propiedades confiscadas ni les permitió volver a sus países originarios.  Solamente en 1991 año en el que se dictó una ley de reparación histórica se les permitió a estos territorios volver a ser autónomos, y a que los sobrevivientes exiliados pudiesen volver a los mismos, pero se generó un conflicto nuevo en tanto se encontraron que habían sido en muchos casos repoblados por rusos expresamente hechos migrar allí por Stalin.
Es nuestro deseo que este pueblo dramáticamente oprimido por la tiranía comunista vuelva a obtener la independencia que se le negara durante casi un siglo de opresión.
Kavkaz Center
Buenos Aires, 25/02/09
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