LOS ATENTADOS DE MOSCÚ

 

El doble atentado del día de ayer en el subte de Moscú, que produjera al menos 39 muertos y un centenar de heridos, exige de nuestra parte un análisis especial. En primer término, tal como manifestáramos frente a hechos similares, tales como el de Atocha en Madrid o el de Londres en 2005, nosotros no podemos sino ver con tristeza que las guerras hayan llegado a tales extremos en donde es la población civil la que padece sus efectos principales estando ello alejado totalmente de lo que sucediera en la antigüedad en donde los conflictos se dirimían en campos de batalla abiertos y entre ejércitos profesionales.
Pero seríamos sumamente hipócritas si nos rasgáramos las vestiduras en vociferaciones de condena y descuidásemos la razón esencial que explica que tales hechos tienden a acrecentarse día a día en esta asimétrica guerra de civilizaciones que estamos viviendo. Digamos al respecto que a medida que la democracia se profundice y el pueblo se convierta cada vez más en sujeto de la historia y de las altas decisiones en la política internacional, como consecuencia de ello será cada vez mayor su intervención en las guerras aun si éste no se lo propusiese de manera expresa e intencional. En Atocha por ejemplo esto se lo vio de manera muy clara y nítida ya que, en tanto era el pueblo el determinante con su voto respecto de la política internacional española que se iba a implementar, fue justamente un atentado en su contra lo que obtuvo el retiro de tal país de la guerra de Irak.
Acá en el reciente magnicidio de Moscú, junto a lo señalado, se agregan otros factores adicionales que es destacable resaltar y que es la situación particular de Rusia en su guerra del Cáucaso, hecho por supuesto silenciado en su plenitud y dimensión por parte de la gran prensa de todos los colores. Al respecto como primer detalle queremos resaltar que no resulta un hecho casual que en el mismo hayan sido mujeres las 2 kamikaze que se inmolaron en las estaciones del subte. Actualmente hay en tal región y en especial en Chechenia una muy gran cantidad de mujeres llamadas las viudas negras que son las esposas de quienes fueron masacrados en forma indiscriminada y con una violencia sin igual y salvajismo por parte del régimen ruso de Putin y que por lo tanto han jurado vengar a sus enemigos con cualquier medio. Por lo cual al hecho religioso que moviliza habitualmente a los kamikaze en Irak y Afganistán debe agregársele también una situación de resentimiento y odio.
Pero sería muy parcial nuestro análisis si no hiciésemos una breve reseña histórica de la situación del Norte del Cáucaso. Dicha región formó parte por varios siglos del Imperio Ruso zarista luego de haber sido colonizada previamente por el Islam. Aquella institución se caracterizó por el respeto pleno de las peculiaridades nacionales, así como por los diferentes cultos que se practicasen, entre ellos el islámico, pero principalmente por el carisma espiritual del Zar que era una entidad simultáneamente política y sagrada representando así el principio trascendente que unía a todas las partes diferentes. Tras la caída del Imperio con la revolución bolchevique se pretendió sustituir tal carisma espiritual por el mero monopolio de la fuerza, lo cual es característica propia del Estado moderno, es decir una institución totalmente desconsagrada cuyas uniones de habitantes se fundan en hechos meramente circunstanciales como la mera conveniencia económica, tal como podría ser lo que congrega ahora a los integrantes de la transitoria y muy efímera Unión Europea, a la situación opuesta de mantener el todo unido por la fuerza física. Esto último es lo que padeció el Imperio Zarista cuando fue sustituido por la ex Unión Soviética en donde un conjunto de repúblicas que originariamente lo integraban fueron mantenidas unidas férreamente por una feroz tiranía ejercida paradigmáticamente por Stalin (no por nada el significado de tal palabra es hombre de acero). Sus procedimientos fueron famosos por lo expeditivo, en la medida que se aplicaba a rajatablas la dialéctica comunista de eliminar a los ‘enemigos del proletariado y de sus intereses históricos’ a fin de permitir la consumación de la nueva ‘síntesis’ representada por la ‘sociedad sin clases’. En la región de Chechenia los métodos consistieron desde migraciones obligatorias de comunidades enteras hasta actos de verdadero exterminio sistemático y planificado con la finalidad de ‘terminar con la explotación del hombre por el hombre’. Pero esta unidad se mantuvo sólo hasta el momento en que el puño tuvo la fuerza de apretar. Cuando éste se debilitó, es decir cuando se terminó la tiranía comunista, entonces lo que se obtuvo fue justamente la desintegración de la Unión Soviética y por lo tanto la desaparición del imperio el que había pasado por dos etapas, una carismática con el zar y otra basada exclusivamente en la fuerza a través del bolchevismo. Fue así como varias repúblicas se fueron independizando, ya que había desaparecido la razón por la cual debían estar unidas. Y este proceso amenazaba con profundizarse hasta afectar a la misma Federación Rusa a la que había sido integrado por la fuerza el Norte del Cáucaso, cuando apareció la figura providencial de Putin al cual varias personas no han dejado de exaltar como una gran alternativa a los EEUU (1), pero que en realidad no representaba una mera casualidad su rima con los apellidos de Lenin y Stalin. Putin no solamente había sido un importante jefe de la odiada KGB durante el régimen comunista, sino que conservaba sus mismas prácticas asesinas aunque con una diferencia sustancial y para nada secundaria. Mientras que sus antecesores camuflaban y escondían ante el gran público su carácter crudamente codicioso, con Putin la odiada nomenklatura rusa se convirtió en pública y notoriamente multimillonaria hasta límites que ni siquiera pueden verse en Occidente en donde no se hacen las ostentaciones que realizan sujetos como por ejemplo Abramovich por el mundo entero (2). Putin no tuvo escrúpulo alguno en aplicar los métodos más salvajes en contra del separatismo chechenio. Prueba de ello fue lo acontecido en la famosa toma del teatro de Moscú en donde utilizó gases químicos prohibidos para eliminar a los insurgentes que se habían atrincherado junto a sus rehenes, sin preocuparse en lo más mínimo de si con tal acción asesinó a más de un centenar de estos últimos. Es de recordar al respecto que, a pesar de haberse presentado como gran exponente de una alternativa a los EEUU, el presidente Bush, lo mismo que su par israelí aplaudieron calurosamente dicha acción (3). Los procedimientos utilizados para desarmar a la resistencia Chechenia superaron con creces aun los aplicados por el mismo Stalin. Ellos consistieron en exterminios masivos de población, los que continúan aun en nuestros días, hasta asesinatos planificados de exiliados utilizando todos los avances de la tecnología para producir accidentes fraguados. En la actualidad se calcula que el 75% de la población masculina Chechenia ha sido exterminada en la guerra pacificadora efectuada por Putin. Por ello son tantas las viudas que hoy están dispuestas a inmolarse por dicha causa (3).
Por último desde el punto de vista de los resultados de tal acción no cabe duda alguna que el gobierno de Putin y de su clon Medvediev se ha visto sobremanera debilitado. A pesar de todas sus acciones de exterminio, la resistencia chechena ha demostrado estar más viva y organizada que nunca. A ello debe asociarse que la misma ha pasado de una fase meramente nacionalista, como la que se sostuviera en la anterior guerra, a la abiertamente jihadista con la reciente constitución del Emirato Islámico del Cáucaso regido por Dokha Umarov quien ha manifestado textualmente que para su movimiento no existen los civiles rusos y que por lo tanto sus acciones se desarrollarán en la totalidad de su territorio. Umarov vincula su lucha con la de otros Emiratos como el de Afganistán con la finalidad común de reconstituir el califato islámico. Desde esta última perspectiva, por más paradojal que ello parezca, tal figura se asemeja mucho más al antiguo zarismo que el actual régimen capitalista-comunista de Putin.

 

  1. Puede verse al respecto el esclarecedor artículo de Marcos Ghio, Venus y Marte o la fascinación por Putin.
  2. El multimillonario petrolero ruso Abramovich es famoso en el mundo entero por sus fastuosas ostentaciones, desde ser el dueño de uno de los principales clubes del futbol inglés hasta haberle regalado fastuosos castillos a sus amantes.
  3. Queremos destacar aquí a fin de que no sea olvidado que ciertos grupos de los pretendidos ‘alternativos’, como por ejemplo el español Movimiento Social Republicano, han hecho una exaltación pública del gaseamiento efectuado por Putin en el teatro de Moscú coincidiendo de tal manera con los gobiernos de EEUU e Israel.
  4. Para todos aquellos que quieran tomar un conocimiento directo del tema recomendamos calurosamente ver la película del gran realizador ruso Sokhurov titulada Aleksandra, no por casualidad no estrenada en nuestro medio, pero que se puede bajar por internet. Allí puede verse una ciudad chechena literalmente arrasada en donde sólo viven mujeres, ancianos y niños. También es recomendable de tal realizador su obra Taurus que trata de la agonía de Lenin en la que nos lo pinta como un vulgar apropiador de bienes.

Walter Preziosi
30/3/10