HITLER Y LAS SOCIEDADES SECRETAS

Resulta un hecho singular cómo varios autores en forma simultánea se han entregado a la investigación respecto de las relaciones del nacional socialismo alemán con sociedades secretas y organizaciones iniciáticas, las que habrían sido sus inspiradoras, en modo tal de suponer la existencia de ‘bastidores ocultos’ en el movimiento hitleriano. Es conocido al respecto el libro de Pauwels y Bergier, El retorno de los brujos, una obra repleta de divagaciones, la cual ha por primera vez planteado en manera pública tal tesis. En la misma el nacional socialismo era definido en los términos de una unión del ‘pensamiento mágico’ con la ciencia tecnológica, arribando incluso a formular el concepto de ‘divisiones acorazadas + René Guénon’, fórmula ésta que debería hacer revolcar en la tumba a este eminente exponente del pensamiento tradicional y de las disciplinas esotéricas.
En todo esto hay que señalar primeramente un fuerte equívoco, especialmente en el hecho de que aquí muchas veces el elemento mágico es confundido con el mítico, el cual no tiene nada que ver con el primero. Es indudable al respecto que en el nacional socialismo los ‘mitos’ cumplieron una importantísima función, tales como el del Gran Reich, del Jefe carismático, de la raza y de la sangre, etc., pero a tal respecto debe darse al término ‘mito’ el simple sentido soreliano de ‘idea-fuerza motora’, de idea dotada de un particular poder sugestivo (como en manera general lo son las usadas por la demagogia), sin ninguna implicación ‘mágica’. Así por ejemplo, nadie pensará sensatamente en atribuir un componente ‘mágico’ a los diferentes mitos utilizados por el fascismo, tales como el de Roma y del Duce, o a los de la Revolución Francesa y del mismo comunismo.
El discurso podría ser diferente si nos referimos a una búsqueda de las influencias de orden no simplemente humano a las que pueden haber obedecido, sin darse cuenta de ello, ciertos movimientos. Sin embargo en los autores franceses a los cuales acabamos de hacer alusión no se trata de esto; no se piensa en influencias de tal tipo, sino de las concretas ejercidas por organizaciones reales, si bien, en variado grado, ‘secretas’. Se ha hablado también de ‘Superiores Desconocidos’, los cuales habrían suscitado el movimiento nazi y se habrían servido de Hitler como si se hubiese tratado de un médium. No resulta claro sin embargo por cuáles fines ellos lo habrían hecho, si es que lo juzgamos por los resultados, es decir por las consecuencias catastróficas que ha tenido, aun indirectamente, el nacionalsocialismo para Europa, se debería pensar en fines oscuros y destructivos, lo cual iría al encuentro de la tesis de aquellos que querrían remitir el lado oculto de todo este movimiento a aquello que Guénon denominaría como la ‘contra-iniciación’. Pero por parte de los autores franceses a los cuales se ha hecho mención se ha sostenido también otra tesis, es decir que el médium Hitler en un determinado momento se habría emancipado de los ‘Superiores Desconocidos’, casi como si se hubiese tratado de un Golem, y que desde entonces el movimiento habría tomado una dirección equivocada. Pero entonces habría que decir que estos Superiores ocultos tenían en verdad facultades de previsión y poderes sumamente limitados, en tanto no habrían sabido bloquear a aquel que ellos habían utilizado como un médium propio.
Sobre un plano más concreto, se ha fantaseado mucho respecto del origen de temas y símbolos esenciales del nacionalsocialismo, refiriéndose a organizaciones preexistentes a las cuales sin embargo difícilmente se les podría atribuir un auténtico y regular carácter iniciático. Indudablemente no ha sido Hitler el que inventó la ideología racista germánica, el símbolo de la cruz gamada y el antisemitismo ariano. Todo esto existía desde hacía mucho tiempo en Alemania. Un libro titulado Aquel que diera su ideas a Hitler nos habla de Lanz von Bibergeld (el título nobiliario éste se lo ha inventado), un cistircense que había fundado una Orden a la cual le era propia la cruz gamada, y que desde 1905 venía publicando una revista, Ostara, que seguramente Hitler debía conocer, en la cual se enunciaban claramente las tesis racistas arianas y antisemitas.
Pero resulta mucho más relevante para conocer los bastidores ocultos del nacionalsocialismo el papel  que se suele atribuir a la Thule-Gesellschaft (Sociedad Thule). Aquí las cosas se presentan de una forma más compleja. Esta sociedad fue la derivación de una preexistente Germanenorden (Orden de los Germanos) fundada en 1912, y era dirigida por Rudolf von Sebottendorff. Von Sebottendorff había estado en Oriente y en 1924 había publicado un extraño librito sobre las Prácticas de la antigua masonería turca, en el cual se describen procedimientos basados en la repetición de sílabas, símbolos, gestos y ‘pasos’, cuyo fin era la misma transformación iniciática del ser humano que buscaba también la alquimia. No resulta claro con cuáles organizaciones masónicas turcas von Sebottendorff haya estado en contacto, ni tampoco si él, además de mencionar tales rituales, los haya también puesto en práctica.
Ni siquiera puede saberse si en la Thule-Gesellschaft, por él dirigida, tales prácticas fuesen llevadas a cabo regularmente: lo cual sería muy importante de saber a fin de evaluar el hecho de que a aquella organización pertenecieron, o con la misma establecieron contactos, muchas personalidades de primer plano del nacional socialismo, desde Hitler hasta Hess. Se descuenta sin más que Hess se habría formado en tal organización, y que él de alguna manera habría ‘iniciado’ a Hitler ya en el momento en que se hallaba con él en la cárcel luego del fallido putsch de Münich.
Sin embargo debe tenerse en cuenta que mucho más que por su aspecto esotérico en la Thule-Gesellschaft atraía el aspecto de una sociedad relativamente secreta, que tenía como emblema a la cruz gamada y que se había caracterizado por un decidido antisemitismo y por un racismo germanizante. Debe por lo demás ponerse en duda que el nombre elegido por tal organización, Thule, signifique una referencia seria y consciente de un simbolismo nórdico polar y la ambición de vinculación con los orígenes hiperbóreos de los pueblos indogermánicos, dado que Thule ha valido como el centro sagrado o la isla sagrada, situada en el extremo septentrión, de la Tradición primordial. Ha sido en cambio resaltada la posibilidad de un origen mucho más profano, puesto que Thule puede ser la deformación de  ‘Thale’, nombre de una localidad de Harz en la cual la ‘Orden de los Germanos’ en 1914 había efectuado una convención que tenía como orden del día la formación de una organización secreta racista para combatir a aquella que se suponía que existía detrás del judaísmo internacional. Sobre todo este orden de ideas Sebottendorff, jefe de la Thule-Gesellschaft, puso de relieve en un libro suyo editado en Münich en 1933 y titutlado Bevor Hitler kam (Antes de que viniese Hitler) para indicar aquello que ya existía, antes de Hitler, en materia de mitos y de ideología.
De este modo una investigación seria respecto de los vínculos iniciáticos de Hitler con sociedades secretas no conduce demasiado lejos. Respecto de Hitler como médium y a su fuerza magnética, deben efectuarse algunas precisiones. Que el Führer debiese tal fuerza a prácticas iniciáticas ello nos parece una pura fantasía, de la misma manera que podría suponerse también algo parecido respecto de la fuerza psíquica poseída por otros jefes, como por ejemplo Mussolini o Napoleón. Más bien debe suponerse que una vez despertado un movimiento colectivo se crea una especie de fuerza psíquica la cual se concentra en quien es su centro en modo tal de conferirle una particular aureola perceptible sobre todo por parte de quien es sugestionable.
En cuanto a la cualidad de médium (que dicho sea de paso es opuesta a la de una calificación iniciática), la misma puede ser reconocida con ciertas reservas en Hitler, en cuanto él bajo muchos aspectos se nos presenta como un poseído (es el rasgo que lo distingue por ejemplo de Mussolini). Justamente cuando fanatizaba a las multitudes, él parecía dar la impresión de que otra fuerza lo transportaba, teniéndolo justamente como un médium, aun si de un género totalmente particular y excepcionalmente dotado. Quien ha oído hablar a Hitler ante multitudes delirantes no pude no haber tenido esta impresión. Dadas las reservas expresadas por nosotros respecto de los supuestos ‘Superiores Desconocidos’ no se puede con exactitud establecer la naturaleza de esta fuerza suprapersonal.
En cuanto a la ‘gnosis’ nacionalsocialista, es decir a una presunta dimensión casi mística y metafísica, es necesario recordar la coexistencia singular en tal movimiento y en el Tercer Reich, de los aspectos ‘míticos’ con aspectos abiertamente iluministas e incluso cientificistas. En Hitler se pueden hallar numerosas referencias a una visión del mundo marcadamente ‘moderna’, además que en el fondo profana, naturalista y materialista, mientras que él tenía simultáneamente fe en una Providencia, de la cual él creía ser un instrumento, en especial por lo que se refería a la suerte de la nación alemana (así él vio por ejemplo como un signo de la Providencia el haberse salvado por poco del atentando del cual fue objeto en su Cuartel General). Alfred Rosenberg, ideólogo del movimiento, hablaba de un misterio de la sangre nórdica que habría tenido un valor sacramental, aun si era el mismo que cuando se trataba del catolicismo rechazaba como mistificaciones a todo rito y sacramento y se nucleaba, de la misma manera que los iluministas, en contra de los ‘oscurantistas de nuestro tiempo’ y adscribía como gloria del hombre ario el haber inventado la ciencia moderna. En base a todo esto, se explica que, si la atención se dirigió hacia las runas, hacia los antiguos símbolos nórdico-germánicos, los mismos fueron exaltados en forma puramente emblemática, casi como en el fascismo se lo hizo con ciertos símbolos romanos, sin la más mínima asunción esotérica.  El programa nazi de crear el hombre superior se resiente de una ‘mística de la biología’, es decir nuevamente de una orientación prevalecientemente cientificista: podía cuando más tratarse de un ‘hombre superior’ en el sentido nietzcheano, pero para nada en el sentido iniciático.
El proyecto de la ‘creación de un orden racista religioso y militar de iniciados reunidos alrededor de una Guía divinificada’ no puede ser considerado como el del nazismo oficial, tal como sostiene Alleau el cual, como antecedentes de ello se ha referido entre otras cosas incluso a los Ismaelitas islámicos. Es más bien en los marcos de las SS, la cual, se constituyó apenas en un segundo momento en el Tercer Reich que se asomó alguna temática de un plano superior.
Sobre todo en la organización de las SS, Heinrich Himmler, resultaba muy claro el intento de crear una Orden que comprendiese elementos a ser formados de acuerdo a la ética prusiana y la de las Antiguas Órdenes de la caballería, en especial la de los Caballeros Teutónicos. Para una tal organización él buscaba una legitimación o carisma, la cual sin embargo no podía recabar, como aquellas Órdenes antiguas, del catolicismo, abiertamente repudiado por la corriente nazi radical. Aun sin la posibilidad de cualquier tipo de vínculo tradicional, Himmler se refirió a la herencia y simbolismo nórdico-hiperbóreo (Thule), sin que ello se hubiese debido a aquellas ‘sociedades secretas’ de las cuales se ha hablado tanto, llevando en cambio la atención, como por otro lado también hiciera Rosenberg, a las investigaciones de un holandés, Herman Wirth, respecto de la tradición nórdico-atlántica (por lo cual Wirth recibió subvenciones por parte de una dependencia especialmente creada por Himmler, la Ahnenerbe). Esto no se encuentra privado de interés, pero sin embargo los ‘bastidores ocultos’ son totalmente inexistentes.
Así pues el balance general es negativo. El límite de las divagaciones de autores franceses está constituido por el libro Hitler et la tradition cathare de J.M. Angebert (editado en París en 1970). Aquí entran en escena los Albigenses (o Cátaros), secta herética difundida entre los siglos X y XII sobre todo en la Francia meridional, que tuvo por centro la fortaleza de Montségur. La misma fue destruida, de acuerdo a Otto Rahn, en una ‘cruzada contra el Grial’ (es casualmente el título de un libro suyo: Kreuzzug gegen den Gral). Ahora bien, qué tenga que ver el Grial con sus templarios con tal secta caracterizada por una especie de maniqueísmo fanático que escapaba del mundo y se oponía a la existencia terrenal en la carne y la materia, en modo tal que sus secuaces se dejaban morir de hambre o se mataban con otros medios, es algo totalmente oscuro. Y bien, al respecto se sostiene que Rahn (con el cual tuve en su momento una correspondencia y al cual traté de mostrarle la arbitrariedad de sus tesis) hubiese sido un SS y que una expedición alemana habría sido enviada a buscar el objeto mítico puesto a salvo, se supone, en el momento de la destrucción de la fortaleza cátara de Montségur. El objeto habría quedado secretamente custodiado en el Tercer Reich. Luego de la caída de Berlín una tropa se habría abierto camino hasta Zillerthal, en la frontera italiana, llevando consigo aquel objeto para esconderlo a los pies de un glacial, a la espera de una nueva era.
En realidad, se ha hablado de un comando, el cual sin embargo al parecer tuvo una misión para nada mística, la de salvar y esconder el tesoro del Reich. Concluyamos con otros dos ejemplos de lo que puede conducir la fantasía cuando se le suelten las riendas y se la deje sometida a ideas fijas: por parte de las SS (la cual no comprendía tan sólo formaciones militantes sino también de estudiosos especialistas, etc.) fue organizada una expedición en el Tibet con finalidades de alpinismo y etnología y otra expedición al Ártico, al parecer con finalidades de exploración y también para la eventual creación de bases militares. Y bien, de acuerdo a estas fantasiosas interpretaciones la primera expedición habría buscado un vínculo con un centro secreto de la Tradición, la otra habría apuntado a un contacto con la Thule hiperbórea oculta…

Il Conciliatore, Octubre 1971.