OPCIONES METAFÍSICAS DE LA TRADICIÓN

 

    Hemos anotado unos cuantos  párrafos, frutos de diversos debates y mensajes, en los que queda patente el hecho de que en el Mundo Tradicional no se ofrecía una única vía a seguir para aquél que, primeramente, decidiera intentar la experiencia del propio descondicionamiento con respecto a todo aquello que apega al hombre a lo finito y efímero y, seguidamente, decidiera emprender la experiencia definitiva del Conocimiento de la Realidad Suprasensible, sino que, por el contrario, los caminos a seguir, para llegar a vivenciar estas transformaciones en el interior del ser humano, eran variados y dependían de la naturaleza de cada persona. Es por esta razón por la que en el título de la presente recopilación hablamos, por lo ilustrativo del término, de ´opciones´  que ofrecía la Tradición, aunque, de hecho, hubiese resultado más riguroso hablar de vías. Los ritos de soporte a seguir a lo largo de estos metódicos procesos Iniciáticos tenían, al menos en sus primeros estadios, como uno de sus principales referentes al de una divinidad concreta.
     Las deidades que a continuación aparecen tienen una relación directa con el antiguo mundo romano.
     Se observará también la relación tan estrecha que guardan las siguientes reflexiones y anotaciones con lo expuesto en otra de nuestras recopilaciones: aquélla de “La Iniciación”. (1)    
     Téngase bien presente la idea de que cuando, como en el presente escrito, se hable de adecuación de las vías Iniciáticas a seguir a la naturaleza de cada persona no se pretende ignorar la evidencia de que dichas naturalezas y aptitudes se hallaban, en el Mundo de la Tradición, en directa relación con la casta a la que la persona pertenecía y, por tanto, a la vocación connatural a dicha casta. Así existió una Iniciación  asociada a la primera  función (la propia de la casta sacro-aristocrático-dirigente), otra referida a la segunda función (la de la casta exclusivamente guerrera) y otra destinada para la tercera función (la de la casta que abarcaba a todas aquellas personas que ejercían las actividades de tipo económico-productivo).

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Tras el declive de la Tradición Primordial la percepción y vivencia de lo Absoluto se desgajó del estado propio  de la conciencia ordinaria. Algunos hombres acudieron a la llamada del Conocimiento de esa Realidad Trascendente que había quedado oculta. Como las naturalezas de los hombres difieren entre sí, aquéllos que aspiraban a la Iluminación optaron, cada uno de ellos, por las vías Iniciáticas que consideraron más acordes, o que intuyeron más cercanas, con respecto a sus particulares ecuaciones personales.
     Así pues, por ejemplo, en el antiguo mundo romano, los “espíritus” más aguerridos, inclinados a los valores y la vida de la milicia, miraron a Marte e intentaron iniciarse en  misterios como los de Mithra. En cambio, aquéllos otros “espíritus” más dados a lo sereno y a lo sobrio enfocaron sus miras hacia Apolo y buscaron la Iniciación en misterios como los de Delfos o los de Eleusis.  Y, por otro lado, aquellas naturalezas más proclives al frenesí y a las exuberancias advirtieron como más próximos los misterios dionisíacos.
     El presupuesto Tradicional de la desigualdad de los hombres hizo posible el poder ofrecerle a cada naturaleza humana un camino diferente acorde con su innata, y diversa, condición particular. Quizás podríamos establecer algunas jerarquías entre estas diferentes vías, ya que aquel que opta por la que puede definirse como vía de la mano derecha o vía seca y que nosotros podríamos asociar a la Iniciación de corte apolíneo se “basta” de sí mismo a través de una serie de técnicas ascéticas bien “entrenadas” para acceder  a estados de conciencia diferentes y superiores al de la conciencia común y, por tanto, para emprender la senda del descondicionamiento que le lleve a la Gnosis del Principio Supremo y a la Identificación sustancial con el mismo. En cambio, aquél otro que elige la vía de la mano izquierda o vía húmeda, que podríamos parangonar con la Iniciación de tipo dionisíaco, necesita de ayudas externas como el vino (u otras drogas o el sexo o danzas frenéticas) para alterar su conciencia ordinaria y adentrarse en otro nivel que, ahora sí, irá reconduciendo por sí solo a lo largo del mencionado camino del descondicionamiento mediante una serie de técnicas ejercitadas con anterioridad.

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     El Apolo hiperbóreo simboliza a la perfección, con su actitud mayestática, la inmutabilidad y estabilidad del Principio Supremo; un Principio Supremo que equivale al No-Ser de determinada metafísica o al Motor Inmóvil del que hablaba Aristóteles: es lo Insondable e Inindefinible y a partir de lo cual se manifiesta, por emanación, el Universo. Es la Trascendencia pura. El Iniciado en los misterios propios de Apolo desprendía dicha majestad con su sola presencia y se revestía de un aura que ejercía como de fuerza centrípeta  con respecto a hombres y comunidades y los vertebraba en torno suyo. La imperturbabilidad ante los vaivenes del mundo del devenir se convertía en uno de sus atributos definitorios.
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El mithraísmo representa una Espiritualidad de tipo solar, guerrera y con una vertiente esotérica e Iniciática que trascendía la mera devoción para posibilitar el acceso a la gnosis de la Realidad Metafísica y que siempre formó parte de ese espíritu olímpico de autosuperación interior propio de una manera shatriya -guerrera- de concebirlo y vivirlo todo: así también el tema de lo Trascendente. No en vano fue entre las legiones romanas donde el mithraísmo creció de forma espectacular cuando el cristianismo también estaba extendiéndose entre el lumpen social y mental de un mundo romano que ya empezaba a ser otra cosa diferente de lo que siempre fue.

 En los mitos y leyendas de los pueblos Tradicionales -aquéllos que protagonizaron Ciclos Heroicos (2)- siempre fue un tema recurrente el de la lucha de dioses o héroes contra titanes, gigantes, ciertos animales y todo tipo de monstruos.  Lucha que simbolizaba el enfrentamiento cósmico del Espíritu contra la Materia o la disputa que en el interior del hombre acaecía entre las fuerzas que tienden a llevarlo hacia lo alto y las que pretenden arrastrarlo hacia lo bajo.
   
      En Persia, un pueblo como el iranio representó esta lid metafísica enfrentando al dios-héroe solar Mitra y al toro. El toro adquiría el papel de las  pasiones, de los bajos instintos, de la sensualidad y de la animalidad que impiden el triunfo y el imperio de la esencia divina que anida en el interior del ser humano. De este duelo mitológico salió victorioso el dios que, al matar al toro, hizo que la Luz se impusiera sobre las Tinieblas; lo que vendría a representar el triunfo del Iniciado sobre su yo efímero: el dominio de sí mismo.
   
        Mitra entró a formar parte del panteón romano gracias, sobre todo, a que miles de sus legionarios acabaron adoptando el mitraísmo en sus prácticas religiosas, atraídos por los atributos de lucha, guerreros, representados por el dios.

      Uno de los ritos más importantes que tenían lugar en los templos consagrados a esta divinidad tenía que ver con ceremonias iniciáticas en las que –representando a Mitra- el oficiante sacrificaba a un toro, cuya sangre caía, a través de una especie de rejas que hacían de suelo, sobre un Iniciado en estos cultos que se hallaba situado en un piso inferior. (3)

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  No hubo en la antigua Roma sincretismo -entendido como mezcla antinatura degeneradora-, porque las diferentes formas de Espiritualidad que se influyeron mutuamente y se intercambiaron o aportaron divinidades o/y ritos compartían una misma cosmovisión (como, por ejemplo, ocurrió entre los cultos romanos, los mitraicos y muchos de los celtas). Sólo se produce sincretismo en épocas tardías del Imperio Romano (cuando éste empezaba a darle la espalda a sus mismas esencias originales que lo habían encumbrado a su grandeza) y tiene lugar -dicho sincretismo- con la adopción de divinidades y cultos, sobre todo, orientales, asiáticos (exóticos, telúricos y promiscuos),...

       NOTAS: 
“La Iniciación”:
        http://septentrionis.wordpress.com/2010/04/11/la-iniciacion/
      (2)”Los ciclos heroicos. Las doctrinas de las 4 edades y de la 
        regresión de las castas y la concepción de la libertad en 
        Evola”:
        http://septentrionis.wordpress.com/2009/02/08/los-ciclos-     heroicos/
 (3)Extraído de nuestro escrito titulado “Sobre las corridas de     toros”: 
   http://septentrionis.wordpress.com/2009/12/28/sobre-las-    corridas-de-toros/
 
 
 
                                     Eduard Alcántara
                                     Septentrionis@hotmail.com