POR UN FRENTE CRISTIANO-ISLÁMICO

La reciente reunión de la Otan en Lisboa el pasado 20/11 ha puesto en claro en manera definitiva lo que ya se venía insinuando en el mundo desde más de 10 años. La guerra entre Estados y naciones ha cedido el lugar ahora a la guerra entre civilizaciones en donde las religiones vuelven a ocupar el lugar prioritario que tenían antes de que la modernidad las sustituyera, a través de su proceso de secularización, por el conflicto entre los intereses prioritariamente económicos y políticos de los diferentes Estados.
La declaración de Roma de 1998 por la que el Vaticano pasó a considerar a los judíos como sus hermanos mayores y al Holocausto como un dogma de fe, representó pues el antecedente del modelo de cristianismo sionista que habría de promover más tarde Bush y sería continuado ahora con Obama para el cual el triunfo de Israel en el Medio Oriente, al que se califica como la avanzada de la democracia en tal región, representaría la señal de que Dios, a través de su pueblo elegido, estaría llevando a la historia por el camino de gloria representado por el triunfo de los grandes principios formulados por la Revolución Francesa.
El Frente cristiano sionista hoy, a través de la aludida reunión de Lisboa, ha constituido un bloque militar y político compuesto por distintas naciones, contando principalmente con el respaldo de los EEUU, Europa, Rusia y a nivel espiritual por la logia instaurada en el Vaticano, la cual en connivencia con lo que a nivel militar el ‘mundo libre’ ha sostenido, considera al Islam como una religión violenta con la cual, salvo en su versión modernizada, no es posible dialogar. A su vez la organización militar Otan en dicho encuentro de Lisboa, con la presencia del líder ruso Medvedyev, ha señalado claramente que tal organismo no es más una línea de defensa que el ‘mundo libre’ ha levantado para combatir al comunismo, sino por el contrario una unión de todos los Estados modernos, sea capitalistas como comunistas, para hacer frente al gran enemigo que amenaza a dicho mundo, es decir al que ellos representan y califican como el ‘terrorismo internacional’. Por lo tanto se trata ahora de la organización militar de las Naciones Unidas estructurada con la finalidad de defenderse de un nuevo peligro mucho más grave y dramático para ellos del que fuera el comunismo. Porque si este último discrepaba solamente respecto de quiénes eran los que debían manejar la economía de la humanidad, si una oligarquía encaramada en un Estado o la simple y milagrosa iniciativa privada, lo que ha dado en llamarse como el terrorismo internacional o fundamentalismo en cambio considera que no es la economía la meta del hombre, ni tampoco la vida el sentido último de la existencia, sino una dimensión superior y metafísica, tal como sostuvieran siempre las grandes religiones desde la Antigüedad.
Pero además el gran cambio acontecido ahora a partir de tal reunión es que de aquí en más el enemigo contra el cual se combate ya no es un determinado Estado o un grupo de éstos, sino una concepción del mundo diferente, una religión distinta y contrapuesta a la sostenida por ellos, una religión de carácter trascendente, opuesta radicalmente al cristianismo sionista, constituido inicialmente como logia en una hermandad entre mayores y menores con la finalidad de instaurar un universo de valores puramente humanos y seculares.
Aquí en el Cono sur del Continente Americano hemos ensayado a partir de ahora un frente antitético del cristiano sionista impuesto desde Washington, Moscú, el Vaticano y Jerusalén. Este nuevo frente agrupa a exponentes sea del catolicismo como del islamismo, aunque -lo anticipamos desde ya ahora- no descarta también a otras religiones que puedan compartir ciertos principios esenciales.
Para nosotros queda en claro que Islam y cristianismo son religiones diferentes fundadas en etnías y valores distintos. Católicos y musulmanes no concebimos a Dios del mismo modo, y en épocas históricas remotas nos hemos enfrentado en distintas guerras religiosas en manera militar. Pero si ya en las antiguas Cruzadas pudieron dialogar representantes de élite de los dos bandos, como los Assassins del lado musulmán y los Templarios del cristiano, concibiendo ambos a la guerra santa como un camino ascético de purificación espiritual; hoy en día frente al verdadero alud de decadencia y destrucción representado por la modernidad motorizada especialmente por el frente cristiano sionista, existen más razones para establecer un diálogo constructivo ante la grave encrucijada en que se encuentra el mundo.
Partimos pues de ciertos valores comunes que es posible sostener sin por ello renunciar a nuestras especificidades religiosas.
1- Consideramos a la dimensión espiritual y metafísica como superior a la material y física que sostiene en cambio el mundo de la decadencia. En función de ello concebimos a esta vida biológica por la que transitamos como un medio en función de algo superior que debe ser conquistado. Esta realidad suprema, cielo o paraíso de acuerdo a las diferentes religiones, sólo está asignada para quienes dan su vida por la Divinidad, cualquiera sea el nombre que ésta posea.
2- Desde tal óptica para nosotros no es la economía el destino del hombre, sino el espíritu, expresado a través de aquellas formas que no han reducido la religión a un mero asistencialismo social, ni a un vacuo y pobre humanismo, tal como acontece con todas las corrientes modernistas presentes en las diferentes manifestaciones religiosas, desde cristianas, islámicas, judías, etc.
3- Consideramos que el Estado debe ser una institución jerárquica y sagrada, superpuesta a la comunidad, concebido como un ente formativo y compuesto por una elite espiritual calificada encargada de formar al hombre convirtiéndolo en persona y a la simple masa en pueblo. De allí nuestro absoluto antagonismo respecto de la democracia moderna que funda la soberanía en la masa anónima y votante. Para nosotros ésta emana de Dios y el Estado es un organismo pontifical de carácter sagrado alcanzando su dimensión más elevada en las figuras del Imperio o el Califato.
4- Repudiamos las diferentes formas que ha asumido la modernidad en sus expresiones sociales. Estamos en contra del consumismo desaforado, del capitalismo financiero que ha priorizado la especulación sobre el trabajo así como la fiebre de consumo impuesta a la población a fin de vaciarla espiritualmente y que ha dado como resultado además la destrucción de nuestra naturaleza. Y finalmente posee un especial capítulo nuestro rechazo absoluto por el sexismo desenfrenado en que ha caído el occidente degradado por el cual se ha desnudado públicamente a la mujer tratando así de convertir al hombre en un sujeto pasivo de libido a fin de que los grandes poderes del planeta puedan gobernarlo a su antojo explotando aquellas debilidades que le han sido producidas ex profeso. Ante ello nuestra plena simpatía hacia el velo islámico, hacia el retorno de la mujer al hogar, entregada principalmente a la crianza y a la familia y alejándola del mundo del trabajo, aceptándose su participación en el mismo solamente en caso de de talento.
5- Nuestra simpatía más plena hacia aquellos movimientos desarrollados en los diferentes espacios geográficos empeñados en la destrucción de esta gran anomalía que es el mundo moderno a fin de restablecer una humanidad normal para la cual la verdad no sea igual a la cantidad y la vida biológica y material no sea la meta última de la existencia, sino la conquista de la inmortalidad.
Este frente es de carácter ecuménico, pero en sentido diametralmente opuesto al del modernismo instaurado a través del Concilio Vaticano II. Nuestra unión es metafísica y espiritual y no social y política como lo sostenido por dicho evento. No bregamos por la paz de este mundo moderno en connivencia con lo sostenido por otro organismo similar, las Naciones Unidas, sino por la instauración de principios y valores espirituales trascendentes, tales como los que existieran siempre en cualquier humanidad normal antes de que la anomalía moderna instaurada por la Revolución Francesa en el mundo los subvirtiera.
Queda abierto pues un espacio para todas las demás religiones tradicionales que quieran sumarse a esta iniciativa, sean éstas el budismo, el brahamanismo, el cristianismo ortodoxo y aun el mismo judaísmo siempre y cuando, como en los otros casos, se aparte de la desviación moderna acontecida en su seno especialmente a partir del sionismo. Nuestra simpatía pues hacia aquellos movimientos judíos antisionistas que se han desarrollado en distintas partes del planeta y que han sido capaces de enseñarnos la diferencia abismal que existe entre su tradición y la aberración sionista.
Y con respecto a aquellos católicos reacios en hacer un frente con sectores tradicionales del Islam en obtusa obediencia respecto del Vaticano, queremos recordarles que no siempre tal institución ha sido una estrecha aliada del modernismo sionista. Aun en el siglo XVI el papado fue capaz de unirse con el sultán turco en una alianza política y militar. Pero la gran diferencia entre aquella época y la actual fue que en ese entonces la misma se desarrolló en contra del emperador cristiano, romano-germánico, ahora en cambio la gran ventaja es que nuestro enemigo común es el mundo moderno.

Marcos Ghio, Mahdi Al Afghani, Julián Ramírez, Francisco Müller, Hamid Alí.
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