LOS ADORADORES DE RAMBO

En todos los casos cuando una guerra no se puede vencer y se pierde se trata entonces de convencer de que tal cosa no es así.
La realidad hoy en día es la siguiente. Tal como acaba de resaltarnos el Emirato de Afganistán, Norteamérica luego del 11 S del 2001 ha iniciado un ritmo vertiginoso y descendente por el cual ha dejado de ser la potencia universal y omnicomprensiva que siempre se había creído para convertirse en un imperio al borde del colapso. Y ello no solamente a nivel militar en tanto no ha podido ganar una simple guerra con el acompañamiento de más de 40 países, sino también porque en el plano económico, que es aquel en que se ha sustentado siempre tal potencia, ha pasado de ser un país acreedor al cual todos le debían, a uno deudor prácticamente del mundo entero y por sumas siderales que superan de lejos las deudas externas de otras naciones. Pero esta situación de catástrofe en todos los planos que preanuncia el colapso de un imperio, el que fuera precedido años atrás por el de su par la Unión Soviética, en estos días podría decir que ha comenzado a incrementarse notoriamente con un hecho en apariencias de poca trascendencia pero que apunta a convertirse en un verdadero aluvión incontenible capaz de acelerar a paso agigantado dicho proceso de caída.
Tal como relatáramos en nuestro anterior reporte de la semana anterior en la nación magrebí de Túnez estalló una verdadera revolución popular que desplazó del poder un régimen dictatorial que gobernaba desde hacía 23 años y que se encontraba a la cabeza, junto a sus pares de Egipto, Arabia, Marruecos y Argelia, en la lucha en contra del fundamentalismo islámico que en aquella región se había estructurado, especialmente en este último país, bajo la organización de Al Qaeda en el Magreb (AQIM). La rebelión duró un mes entero desde diciembre del año pasado y tuvo su mecha de arranque cuando un universitario desocupado se inmoló en signo de desesperación. Luego de incesantes motines callejeros en los que participó masivamente la población, el gobierno tuvo que escaparse a la manera que en la Argentina lo hiciera De la Rúa, pero refugiándose en Arabia pues estaba en peligro la vida misma del odiado gobernante Ben Alí. EEUU e Israel, especialmente, hasta el último minuto de su existencia brindaron una asistencia plena a tal régimen ya que representaba una verdadera barrera de contención ante los avances de su principal enemigo que es la organización Al Qaeda. Hillary Clinton en persona lamentó su caída como una pérdida irreparable, lo mismo hizo el ministro israelí de Desarrollo de origen tunecino quien manifestó su severa preocupación en el sentido de que de aquí en más el fundamentalismo islámico se expanda como un polvorín. Y la realidad fue que los hechos les dieron a ambos la razón. A los pocos días las rebeliones populares en los países islámicos cansados de postergaciones y de ser alimento de materia prima y población para el primer mundo quien en función de ello sostiene a regímenes corruptos, fueron estallando de a poco, primero en diferentes naciones africanas y luego en Asia, especialmente en países como Yemen con un gobierno adicto a EEUU pero que en el sur se encuentra con la amenaza latente de Al Qaeda. Pero no sólo estos dos continentes, sino aun Europa ya es víctima de la expansión de esta verdadera revolución, la que de paso recordamos que fue expresamente respaldada por la organización de Bin Laden. El Estado islámico europeo de Albania ya ha padecido el primer efecto del motín popular que solicita la expulsión del régimen moderado del poder. Es decir que a la crisis severa, sea económica y militar, por la que atraviesa el poder norteamericano día a día se le van agregando nuevos inconvenientes y cada vez más son los frentes de combate que se le van abriendo.
Ante ello entonces, cuando la circunstancia es verdaderamente crítica y sin retorno, una vieja técnica militar suele sugerirnos que en tanto no se puede vencer hay que tratar al menos de convencer. Y para ello es dable mencionar aquí el prodigioso aparato propagandístico que posee Norteamérica y el sionismo lo que ha permitido a algunos decir que lo que ha destacado a tal imperio ha sido justamente su carácter mediático. Ya en el 2001, cuando por primera vez se demostró que se trataba de un poder vulnerable, se acuñó una famosa teoría del montaje, hoy en día con pocos adeptos gracias a que los hechos la han desmentido en abundancia (1), por la cual se sostenía que no era cierto que se los pudiese hacer daño, sino que justamente, como se trataba de un gran imperio todopoderoso con armas y procedimientos sumamente sutiles e imposibles de desarticular, aun lo que en apariencias parecía perjudicarlo en el fondo lo estaba favoreciendo pues le daba ‘excusas’ para invadir al mundo entero, en este caso comenzando por Afganistán (2). La realidad de los hechos ha demostrado la absoluta falsedad de la propaganda norteamericana y sionista en tanto que EEUU se encargó de poner en claro no ser un poder omnipotente. En los distintos lugares en donde tuvo, por necesidad y no porque lo quisiera, que intervenir militarmente sus acciones resultaron un fracaso estrepitoso, comenzando con el mismo Afganistán en donde, luego de una intervención militar que ya lleva casi 10 años, no encuentra la manera de cómo irse de una guerra que ya saben que no se puede ganar en manera alguna. La realidad hoy en día es que la crisis económica galopante que sacude a la economía yanqui y por extensión a las de los países europeos, hoy a punto de ingresar a la peor debacle de toda sus historia en tanto en muy corto tiempo terminarán abandonando el euro, le hace imposible iniciar cualquier nueva contienda bélica. Sin embargo queda todavía en pié el efecto propagantístico que fuera precedido por una vasta tarea cultural llevada a cabo principalmente por el cine y la televisión. Hablamos aquí del efecto Rambo que consiste en hacer creer a las personas que Norteamérica es, como Rambo, un superhéroe que siempre gana todas las guerras en tanto posee recursos técnicos y humanos muy superiores a los de sus enemigos. Es además astuto, y capaz de aprovecharse de todas las situaciones aun de aquellas en las que parece estar perdiendo irreversiblemente. Y alrededor de la misma, como producto de una incesante labor emprendida por décadas a través de las pantallas grande y chica, se ha constituido una falange de seguidores fanáticos que son los que han dado cabida a toda la vasta teoría de montajes que hemos relatado.
Ahora acaba de aparecer uno nuevo y que consiste en decirnos que en realidad la reciente rebelión tunecina fue producida por los mismos norteamericanos y judíos ‘para desarticular al mundo islámico y dividirlo’ (3). Cuando si ha habido un régimen que se ha destacado por lo secular y antiislámico, que ha obligado a vivir de por vida en el exilio al líder del partido islámico moderado, ha sido justamente el de Ben Alí. Pero la maniobra es clara y una vez más es producto de la inteligencia yanqui sionista. Se trata de hacer aparecer las derrotas como victorias, de acuerdo al efecto Rambo que se busca.
Pero agreguemos también que los practicantes de tal religión fanática que tiene sus adeptos entre varios publicistas de nuestro medio se apoyan en un trasfondo de ingenuidad. La misma consiste en creer que si se hace ver sucesivamente el contenido cínico y perverso del poder yanqui sionista la gente va a terminar dándoles la espalda. Dejará así de concurrir a McDonnald, de consumir Coca-Cola, en fin dejará de comprar productos de tal origen, o mirará con malos ojos a los judíos no yendo nunca más a un negocio de tal colectividad. Cuando lo contrario exacto es lo verdadero. En un mundo donde los valores espirituales han desaparecido el común de la gente se volcará hacia quien le proporcione seguridad y comida no importándole cómo y con cuánta cuota de maldad y violencia deba acudir en función de ello.


(1) Lo que ha desarticulado a los adeptos a tal teoría ‘científica’ ha sido el hecho de que hoy en día Norteamérica esté perdiendo la guerra. Lo cual se contradice con la afirmación primera de que Al Qaeda y los talibanes eran sus agentes. La pregunta que no pueden responder es: ¿Cómo puede ser que si éstos actúan a su servicio los estén venciendo?
(2) Varios montajistas que se califican pomposamente como ‘eurasiáticos’ han dicho que en realidad la invasión a Afganistán para lo cual reconocían que no se justificaba haber destruido las Torres Gemelas y el Pentágono, ya que era suficiente con los reclamos feministas respecto del mal trato a las mujeres como para hacerlo, se hizo en cambio con el objetivo subsiguiente de poder invadir luego territorio ruso. Lo cual además de haber sido descabellado ya en sus comienzos, pues no se entiende por cuáles razones tal invasión habría que haberla hecho desde tal base y no desde Europa o los varios Estados ex comunistas que le tienen un hambre especial al poder ruso y se necesitara en cambio de Afganistán que por otro lado no limita con el territorio de tal país. Pero aun este absurdo ha sido claramente desmentido en los últimos tiempos por el hecho de que Rusia se ha encargado de brindar ayuda a los norteamericanos para vencer a los talibanes. Una vez más ¿por qué si EEUU es su principal enemigo ayuda a un agente de éstos que se les habría sublevado y en cambio no lo hace con los talibanes? No esperemos que estas personas intenten brindarnos alguna explicación al respecto pues sus dogmas son sagrados y no admiten cuestionamientos y cuando se los discuten entran en efervescencia pues luego de tantas décadas de consumo ¿quién puede dejar de creer en Rambo?.
(3) Esto que con seguridad se verá en estos días en la página especialista en montajes, la red Voltaire, acaba de aparecer primero en una venezolana www.kaosenlared.net/noticia/dictadura-no-fue-tunez-acaba-llegar cuya lectura recomendamos a fin de hacerse una composición de lugar respecto de los límites a los que puede llegar la desinformación producida por el enemigo.