SOLARIDAD Y TRADICIÓN

    

Las reflexiones que seguidamente se transcriben hacen referencia más o menos directa al carácter Solar que de la concepción del mundo y de la existencia siempre hicieron gala nuestros antepasados cuando su existir tenía como gran objetivo el pugnar por lo que Eleva. Lo cual, como se hará patente en las líneas que siguen, se podrá constatar  tanto si se debate en torno a la naturaleza esencial del mensaje dado por el príncipe Gautama, como si le queremos dar el emplazamiento adecuado al fenómeno del control de los sentimientos o de las pasiones y los instintos.
     Finalmente hemos creído de interés el añadir una serie de párrafos que aluden al presente tema, aunque ya no se ubican dentro de la categoría de debates mantenidos por nosotros en distintos medios. Forman parte, por el contrario, de diferentes artículos redactados en su día y que versan sobre temas diversos.

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     Gentes y razas portadoras –las que se enmarcan dentro del Mundo de la Tradición- de un tipo de espiritualidad y de una cosmovisión solar-uránica, olímpica (inmutable, serena, sobria), viril, patriarcal, ascendente, vertical, jerárquica, diferenciadora, ordenada y ordenadora, heroica (en el ámbito del carácter y en el sentido del que lucha por reconquistar la divinidad, la Eternidad que se encontraba en estado latente, casi olvidada, en su interior),... Representativa, dicha cosmovisión, de lo que Evola definió como Luz del Norte.

     ...Y gentes y razas de origen divino, no descendiente de otras especies animales. ¡Sacudámonos todas las escorias pseudocientíficas y pseudoculturales con las que nos ha contaminado este corrosivo y decadente mundo moderno que
nos ha tocado vivir! (1)

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     El espíritu del budismo originario -el que fundó el Buddha- se caracteriza por su carácter Solar que utiliza la vía de la acción
-entiéndase ahora interior- para lograr la transmutación interna de la persona con el objetivo de que el yo se identifique con lo Absoluto y Trascendente. Para llegar a lo cual la persona debe de seguir una disciplina, una autosuperación, un ascesis o ´ejercicios´ internos propios del tipo de un tipo de Espiritualidad olímpica.

 

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     La disolución por las que el hombre y la sociedad actuales atraviesan no encuentra su origen en el hecho de que las sensaciones  hayan eclipsado a los sentimientos. No. El dejarse arrastrar por las sensaciones produce las mismas distorsiones, en la percepción de cualquier nivel de la realidad, que el que produce el dejarse arrastrar y obnubilar por los sentimientos. Hay que alabarle al Romanticismo su búsqueda de mucho de nuestro pasado más excelso y genuino, pero hay que reprocharle lo turbado de esta mirada atrás y la carga de melancolía que ésta conllevaba.
     Melancolía, pasión, sentimentalismo,... convierten la mente en un depósito de aguas turbulentas que se contrapone con aquel estado anímico de calma, de serenidad, de equilibrio, de impasibilidad, de quietud y de autocontrol propicio para enfocar diáfanamente nuestros acuciantes problemas actuales como comunidad como para adentrarse en los caminos de la transformación interior.
     Nuestros ancestros cultivaban la dimensión Trascendente del ser humano. La concepción Solar, Olímpica y viril que de ella tenían les proporcionaban unos consecuentes valores a otra de sus dimensiones: la del alma o mente. Algunos de estos valores eran los del honor, la valentía, la constancia, la fidelidad, la sinceridad, el espíritu de servicio y de sacrificio, la autosuperación,... Pero cuando el mundo moderno aletargó la dimensión Trascendente del hombre, la mente o alma se quedó sin su referente superior ´suministrador´ de valores; huérfana. Así empezó a dar bandazos y a contemplar pasivamente cómo se iba convirtiendo en esclava de unas pasiones, de unos sentimientos, de unas sensaciones y de unos bajos instintos a los que en tiempos pretéritos controlaba sin demasiado esfuerzo. En un plano que no atañe a lo individual no hay que dejar de señalar que de la irrupción desordenada, caótica y perturbadora de los mismos derivan excrecencias y subproductos como los de la cultura moderna (muy patentes en el arte).

 

      Tanto los sentimientos como las pasiones anidan en el mismo cubil (el de la psique), por lo que se hallan en el mismo nivel, digamos, ´cualitativo´ y producen distorsiones similares en la percepción correcta de la realidad (entendida ésta en cualquier nivel). No hay que colocar a los unos por encima de las otras, ya que al igual que existen bajas pasiones y buenos sentimientos tampoco hay que olvidarse de que hay mucha gente que siente pasión hacia cosas nobles, de la misma manera que existen los malos sentimientos, pero todos ellos (sentimientos, pasiones, pulsiones, instintos) deben ser domeñados por aquél que opte por su descondicionamiento y por  el recorrido hacia una Trascendencia que no puede ser otra que aquélla de tipo Solar y Olímpico.
     No ponemos, ni muchísimo menos, en duda el comentario acerca de que los sentimientos hacen al hombre y a la mujer más humanos. Pero si queremos que el Hombre se Reencuentre a sí mismo, si queremos que sea Integral y no continúe siendo el ser mutilado que es con respecto a la posibilidad de Trascendencia que aletarga en su interior (por culpa de la continua acción deletérea llevada a cabo por el disoluto mundo moderno en el que ´vivimos´), si queremos dicho Reencuentro consigo mismo no tenemos que aspirar a que sea más humano, sino a que sea MÁS QUE HUMANO. A que no sea esclavo de lo alicorto que representa lo que de caduco tiene (o sea, lo que de humano tiene), sino a que a través de su descondicionamiento y desapego con respecto a todo tipo de dependencias físicas y psíquicas y a través del dominio y control de pasiones, instintos, bajos impulsos, miedos, frustraciones, posibles complejos y traumas y sentimientos prepare su interior para el desarrollo de la llama de lo Eterno que alberga en su seno. De esta manera sí que habrá conseguido ser un Ser Superior, Reintegrado, compuesto jerárquicamente de Espíritu, Alma o Mente y Cuerpo. Éste sí que será el verdadero Superhombre; alguien no humano, sino más que humano (alguien liberado de su servidumbre para con lo finito).

 

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     Un tipo de Espiritualidad que rebasa formas religiosas, lunares y devocionales y entiende, por el contrario, de sacralidad olímpica, viril y heroica y, en definitiva, solar. Se mira al Sol, como símbolo de espiritualidad pura, de cara, de tú a tú, como lo haría cualquiera que aspirara a alejarse de formas sumisas de entender la Trascendencia, con el objetivo de avivar la lánguida llama de lo Absoluto que anida en nuestro interior para alcanzar la meta del Conocimiento Suprasensible. (2)

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     Ciertos pueblos, con su concepción pelásgica, matriarcal, telúrica y horizontal de la existencia, optaron por el enterramiento de los cadáveres y su devolución a las entrañas de la Madre Tierra. Frente a ellos los pueblos boreales, con su percepción uránico-solar y vertical de la vida, eligieron la cremación del cuerpo para facilitar de esta manera la salida del Espíritu y su elevación hasta fundirse con el Sol –astro símbolo de la más alta Esencia divina- pugnando para arribar a la dimensión atemporal y no espacial aparejada a la Espiritualidad Pura. (3)

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     Tocando de nuevo el tema de la concepción vertical y uránico-solar del existir común a los pueblos boreales, no hemos de dejar de señalar que, entre éstos, el accidente geográfico elevado o la construcción vertical siempre han evocado al Axis Mundi  o eje simbólico que une Tierra y Cielo, vida sensible o física con vida suprasensible o metafísica. Y, referido a nuestro pueblo objeto del presente estudio (los íberos), podemos seguir leyendo que “Los monumentos o esculturas que se edifican sobre o junto a la tumba son torres, pilares estela, túmulos escalonados,...” (4)

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     En Persia, un pueblo  como el iranio representó esta lid metafísica enfrentando al dios-héroe solar Mitra y al toro. El toro adquiría el papel de las  pasiones, de los bajos instintos, de la sensualidad y de la animalidad que impiden el triunfo y el imperio de la esencia divina que anida en el interior del ser humano. De este duelo mitológico salió victorioso el dios que, al matar al toro, hizo que la Luz se impusiera sobre las Tinieblas y simbolizó, de esta manera, el descondicionamiento conseguido por el Iniciado en los misterios mitraicos. (5)

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NOTAS:

  1. Este tema lo tratamos más extensamente en nuestro escrito “Contra el darwinismo:   http://septentrionis.wordpress.com/2009/02/19/contra-el-darwinismo/
  1. Párrafo extraído de nuestro artículo”Los fascismos y la Tradición Primordial”: http://septentrionis.wordpress.com/2009/02/01/los-fascismo-y-la-tradicion-primordial/

 

  1. De nuestro escrito “Los íberos, príncipes de Occidente”: http://septentrionis.wordpress.com/2009/07/04/iberos-principes-de-occidente/
  1. Ídem.

 

 

  1. Véase en “Sobre las corridas de toros”: http://septentrionis.wordpress.com/2009/12/28/sobre-las-corridas-de-toros/

 

 

                                                                 Eduard Alcántara
                                                                Septentrionis@hotmail.com