BIN LADEN Y LOS MILITARES ARGENTINOS
LAS RESPONSABILIDADES DEL NACIONALISMO GÜELFO

Días pasados en un interesante escrito, Cosme Beccar Varela hacía notar, glosando un dicho televisivo del periodista Lanata, la circunstancia peculiar y dramática al mismo tiempo por la que hoy en día, a diferencia de lo que aconteciera en otras épocas, el oficio militar ha caído en un descrédito tan grande en el seno de la sociedad argentina que cualquiera de su integrantes se siente en condiciones de poder execrar pública e impunemente a un general sin que éste atisbe ni siquiera a una reacción de defensa y que incluso se haya dado el caso de que el uniforme, que en otras épocas despertaba sentimientos de admiración, hoy por el contrario deba ser casi escondido y recluido en los cuarteles como un signo de vergüenza y humillación. Y a esto se asocia también el hecho, por demás dramático e injusto, de la prisión que hoy padecen varios centenares de militares, en su mayoría septuagenarios e incluso octogenarios, que combatieron, varios de ellos con singular heroísmo, en contra de la subversión marxista que asolara nuestro suelo de manera violenta hace más de tres décadas, sin otra culpa en su haber que la de haber cumplido con su deber obedeciendo en algunos casos órdenes de superiores, cumpliendo así estrictamente con los códigos militares a los que habían jurado fidelidad irrestricta, pero que ahora con una desfachatez a prueba de todo y en el mejor estilo de los linchamientos acontecidos en Nüremberg, se los juzga con leyes burguesas y diferentes de las que regían en la época en que acontecieron los hechos, violándose así el elemental principio del carácter irretroactivo de la ley.
Esto forzosamente tiene que llevar a preguntarnos por las razones respecto de por qué hemos llegado a esta situación y de cuáles fueron los hechos que nos han conducido a esta circunstancia de oprobio e injusticia y, ¿por qué no decirlo?, de franca decadencia que hoy vive nuestra patria sumergida como se encuentra en la adoración de valores burgueses, y por lo tanto materialistas y hedonistas. Es decir valores que se contraponen de lleno con el espíritu militar y guerrero en donde, más que el placer y la vida, lo que vale, al menos idealmente, es el heroísmo y lo que es más que aquella, cual es la dimensión de la trascendencia. Y es aquí en donde nuestro análisis debe apartarse de lo que formula el autor al que aludimos al comienzo de esta nota tomando un rumbo sustancialmente diferente.
En primer lugar queremos decir dos cosas: la primera es que consideramos al respecto que las fechas en las que se efectúan las reflexiones tienen en sí mismas también un valor significativo, la segunda es que indudablemente una vez más es posible sostener el irrefutable principio, sintetizado en el dicho de que el pez se pudre por la cabeza, de que no es lo inferior lo que logra abatir a lo superior, lo cual sería una contradicción en los términos, sino que esto sucede únicamente y siempre en el momento en el cual lo superior ha dejado de cumplir con la función que le corresponde allanando así el camino a la irrupción de las fuerzas de lo bajo. Y aquí es bueno recordar que en estos días se cumplieron 29 años de aquel acontecimiento que es a nuestro entender el origen de todo lo que hoy está sucediendo. Un infausto 14 de junio de 1982, de manera por demás humillante y vergonzosa, el gobierno argentino, a través del mando militar que se encontraba en las Islas Malvinas, firmó su rendición incondicional ante las fuerzas británicas que habían invadido las islas dando así por finalizada abruptamente una guerra que con grandes expectativas se había iniciado dos meses antes. Esa circunstancia perversa no fue sin embargo un acontecimiento repentino, sino que se encontró precedido por una serie de actos propagandísticos efectuados paradojalmente por el mismo gobierno que había iniciado la guerra, difundidos unos días antes de la vergonzosa rendición, anticipándose así el final humillante de lo que habría de acontecer. El primero de ellos fue haber permitido la llegada al país del papa católico a sabiendas de que éste ya se había manifestado previamente como favorable a las fuerzas de la Otan que nos habían atacado. Tal como era de esperarse, al pisar nuestro suelo, realizó una campaña de reblandecimiento entre la población a fin de apartarla de la ‘mentalidad belicista’ que se iniciara con el lanzamiento de la guerra y aceptara así la paz con los ingleses, como un paso previo para luego instaurar la democracia que hoy padecemos en sus peores efectos. Pero más humillantes y vergonzosos todavía fueron los anuncios radiales que se efectuaron en las vísperas de la rendición por parte del mando militar. Para preparar a la opinión pública respecto de lo que habría de acontecer luego, se llegó a decir expresamente que cuando iniciaron la guerra no se imaginaron nunca que se iban a topar con armas tan sofisticadas como las que los ingleses emplearon en la invasión, dándose como ejemplo de ello la presencia de fusiles con visores nocturnos, lo cual fue de un infantilismo sin límites ya que en cualquier manual o revista militar de segundo orden podían encontrarse fácilmente tales armas. Luego, una vez firmada la humillante rendición, se dio cabida a las consecuencias reales de esta última cuales eran la instauración de la sociedad democrática y burguesa cuyos efectos abismales hoy estamos viviendo en forma cada vez más acrecentada, justamente a partir de esa infausta fecha para nuestra patria. Es decir y esto es una realidad vastamente reconocida, aunque no siempre recordada por conveniencia, que la democracia obtenida, por la que la sociedad pasó del orden militar al burgués, fue el producto de la rendición efectuada en Puerto Argentino por parte de nuestros mismos militares, y no una consecuencia de una revolución efectuada por dicha clase social.
Ahora bien aquí es dable decir, a la luz de lo acontecido, que para las fuerzas de la Otan que nos hicieron la guerra en Malvinas la recuperación de tales islas fue en última instancia un objetivo secundario, habiendo sido en cambio el primero de ellos y principal: la destrucción de nuestro régimen militar y su sustitución por el burgués democrático. Es verdad que las Fuerzas Armadas argentinas estaban inficionadas de espíritu liberal y que ello se podía percibir fácilmente por las políticas económicas implementadas en sus gobiernos, pero sin embargo, aun con tales limitaciones, en su seno estaba presente el espíritu guerrero expresado en el deseo de convertir a nuestra nación en una potencia, tal como se manifestara primero en el conflicto prebélico iniciado con Chile y una vez más coartado por el papado, y luego en la aquí mentada guerra de Malvinas. Para lo regímenes que componen la Otan por lo tanto, debido a tales inflexiones peligrosas, en la lucha irreversible que éstos vienen llevando secularmente en contra de este espíritu militar y que los había determinado a la realización de dos guerras mundiales, es que se esmeraron especialmente en implantar el régimen democrático y burgués en nuestro suelo, buscando una excusa adecuada para ello.
Ahora bien, la pregunta principal a formularnos aquí es la de saber en realidad por cuáles razones nuestros militares, que lucharon en forma tan denodada en contra de la subversión marxista en el propio suelo en modo tan extremo de haber sido capaces de acudir incluso a procedimientos ilegales conocidos como los de la guerra sucia, en cambio cuando se trató de hacer frente al enemigo británico, la resistencia se quebró tan fácilmente ante el primer ataque resolviéndose una guerra que tendría que haber sido inclaudicable y sin concesiones de ningún tipo de manera tan vergonzosa y humillante. Es que lamentablemente –y en esto hay que culpar principalmente a los civiles y doctrinarios que formaron a nuestros militares- hubo un error conceptual muy grande cuando se juzgó a nuestros enemigos. El mismo consistió en considerar como válido el esquema dialéctico que se formulara en aquella época en donde se encontraban en una pugna abierta la Otan, capitaneada por los EEUU y el Pacto de Varsovia, dirigido por la ex Unión Soviética. Y al respecto, entrando ya al plano de lo doctrinario, debemos hacer una obligada mención a nuestro nacionalismo güelfo el que, si bien fue siempre un fenómeno minoritario numéricamente, tuvo sin embargo una gran influencia en el seno de nuestras Fuerzas Armadas. Éste consideró válido dicho antagonismo estimulando la alianza con los sectores más conservadores y ‘anticomunistas’ existentes en la sociedad norteamericana. Es de acotar además que esta política no era por otro lado muy distinta de la que implementaba el Vaticano bajo la égida del anterior papa Juan Pablo II que había hecho de la caída del comunismo ruso su meta política principal, considerando en cambio a la sociedad liberal capitalista como mejor y más pasible de ser cristianizada, con los resultados que hoy tenemos a la vista.
Esto lo hemos recordado en otra oportunidad cuando, al escribir sobre tal corriente doctrinaria, hicimos notar que hasta en la plataforma programática de un movimiento político que no llegó a prosperar se decía que en la puja entre EEUU y URSS había que impulsar a aquellos sectores de la sociedad norteamericana que más se pusiesen a la cabeza en la lucha en contra del comunismo.
Nosotros al respecto dimos siempre la nota disonante. En las dos publicaciones güelfas que aun hoy existen, Cabildo y Patria Argentina, pudimos llegar a publicar en el año 1985 un artículo que se titulara Nosotros, los fundamentalistas, y que fuera precedido por otros previos de un mismo tenor, en donde señalábamos puntualmente que capitalismo y comunismo eran metafísicamente iguales y que incluso considerábamos al régimen implantado en EEUU y expandido exitosamente en Europa, como mucho más peligroso que el comunismo en tanto que, si bien este último atacaba materialmente con cárceles y gulags a los disidentes, EEUU eran en cambio un verdadero y propio cáncer cultural y espiritual, se trataba de un alucinógeno encargado de instaurar un tipo de hombre bestializado y materializado, tal como vemos en abundancia en la sociedad actual. Que por lo tanto debido a esta peculiaridad  presentada por la sociedad yanqui como culturalmente más peligrosa y letal que la soviética, en tanto que era un verdadero virus que atacaba la parte más profunda del ser, considerábamos que representaba un error abismal darle prioridad a uno sobre otro aceptando el falso antagonismo que se nos quería presentar, sino que los debíamos combatir a las dos por igual y con el mismo vigor. Pero dimos también un paso más adelante, justamente en el artículo antes aludido. Señalamos que en el mundo, a partir de la revolución que se había desencadenado en Irán en 1979 con el ayatollah Khomeini, se estaba inaugurando una nueva vía mucho más afín con nuestros puntos de vista. Al calificar a Norteamérica como el gran Satán y no simplemente como ‘el imperialismo’, tal como hacen aun hoy los marxistas, se ponía el acento en ese carácter moral y cultural de gran corruptor de las costumbres que había que combatir y cuyo peligro mayor habría de demostrarse luego en tanto que, mientras que el comunismo ruso feneció al primer embate serio en su contra, EEUU, como un verdadero cáncer, sobrevive a pesar de todo. Esto es lo que explica por qué nuestros militares, influidos por autores güelfos y liberales, si por un lado combatieron incondicionalmente al comunismo en su propio suelo, al primer embate que tuvieron con la sociedad que exaltaba los valores norteamericanos en la guerra de Malvinas, sucumbieron raudamente y aceptaron sin oponer resistencia alguna abrir el proceso democrático inspirado en tales principios, cosa que no hubieran hecho nunca con el marxismo.
Siempre dijimos que el nacionalismo tendría que haber hecho una revisión histórica de sus puntos de vista y haberse autocriticado asumiendo, tal como decíamos en nuestro caso, un punto de vista de alianza con aquella fuerza que fuese alternativa sea al comunismo como al capitalismo como era el fundamentalismo islámico. Debemos acotar que contrariamente a ello las dos publicaciones antes mentadas, luego de un primer momento de sorpresa tras la publicación de mi texto, trataron de disminuir las consecuencias de nuestro artículo sobre el fundamentalismo. En el caso de Cabildo hubo una nota en donde por el contrario se criticó elípticamente ese texto manifestándose ya en ese entonces que se había utilizado el término en sentido ‘simbólico’, pero dando a entender que no se pensaban apartar del Vaticano, que en sumisa adhesión a EEUU hoy lo combate considerándolo una gran herejía y violenta. Patria Argentina en cambio a través de su director se negó más tarde a publicar una nota de apoyo a Khomeini que se titulara ¡Salud Ayatollah! (1),  alegando en ese entonces que el Islam fundamentalista era enemigo nuestro en tanto que mataba a ‘cristianos’ en Argelia, sin especificar por supuesto a qué tipo de cristianos, pues recordemos que también Bush era muy cristiano.
Y esta línea pro-yanqui y clerical el güelfismo (3) la expresó luego incluso en su vertiente militar, que en los años 1987-1989 era muy importante ya que tuvo a su disposición y fue muy determinante, a través de los distintos movimientos carapintadas, en la caída del gobierno de Alfonsín, pero que sin embargo curiosamente y una vez más con el aval expreso de la Iglesia, apostó por el gobierno de Menem, quien bien sabemos sostuvo una política de total sometimiento a los EEUU y a los países que componen la Otan.
Digamos finalmente que las cosas no han cambiado y continúan igual, sino peor, ahora que, tras el colapso de los carapintadas, dicha corriente ha perdido cualquier tipo de influencia en la sociedad argentina. Así pues las dos publicaciones antes mentadas, bajo la firma de sus directores actuales, Caponnetto y Alonso, siguen menoscabando al fundamentalismo islámico al que acusan, si no lisa y llanamente de terrorista, de ser agente del poder sionista, es decir lo descalifican lo mismo que hacen Obama y Netanyahu, aunque con la utilización de un léxico acorde con el ambiente para el cual escriben, sino que llegan a formular argumentaciones que como mínimo ingresan en el plano de la descalificación moral. Por ejemplo luego de haber puesto en duda que Bin Laden haya sido martirizado por un comando yanqui, acudiendo al remanido argumento idiota de que ya habría estado muerto desde hacía tiempo (3), se terminan contradiciendo al manifestar que los procedimientos adoptados para su eliminación fueron los mismos por los que hoy los militares argentinos se encuentran purgando grandes penas por su ejecución. Es decir que hacen notar que mientras que Obama por torturar y asesinar a un ‘terrorista’ hoy está en libertad y ha sido hasta premiado con el Nobel, Videla que hizo lo mismo, hoy en cambio está preso. Por lo que la conclusión de tales notas debería ser o que se libere a los dos y se les dé un premio Nobel por igual o que también el negro fuese a la cárcel como el dictador argentino. Obviamente lo que nuestros güelfos no pueden explicar nunca es por qué tal cosa sucede. Lo que pasa es que su error es considerar en forma genérica a los marxistas y a los fundamentalistas como si se tratara de una misma cosa, es decir como ‘terroristas’, aceptando una vez más la dialéctica del sistema, cuando en verdad ambas ideologías son antitéticas. Cuando el tribunal democrático lo condena a Videla y premia a Obama ello representa un acto coherente con la ideología que lo informa: nos está indicando que su verdadero enemigo no es el marxismo sino aquella concepción del mundo sustentada sea por Osama como por el ayatollah entre otros que condena por igual tanto al marxismo como al capitalismo, como dos expresiones distintas del materialismo. Es obvio entonces que, fundado en tales principios, el régimen condene a unos y castigue a otros. Los militares argentinos están lamentablemente presos por haber sido influidos por tal grave error doctrinario sustentado en principios ideológicos que discriminaban entre yanquis y marxistas como si se tratara de dos entidades antagónicas. Los deberían haber combatido a los dos por igual y no rendirse ante uno y contrastado incondicionalmente con el otro, tal como sugería y sigue sugiriendo esa doctrina influida por las jerarquías de la iglesia.

 

(1) Esa nota pudo ser publicada sin embargo en el periódico de Biondini, Alerta Nacional, que se editaba en ese entonces. Todos estos artículos a los que aquí aludimos, junto a otros del mismo tenor, hoy se encuentran editados en el opúsculo Rebelión Fundamentalista, Ed. Heracles, 2002.
(2) Es de recordar al respecto que el Coronel Seineldín, principal exponente militar que tuvo el nacionalismo güelfo en el plano militar, y que llevara a cabo una serie de sublevaciones, todas ellas concluyendo en rendiciones vergonzosas, en algunos casos a pesar de contar con superioridad militar manifiesta, se consideraba adepto al pensamiento de un dirigente del partido Demócrata de los EEUU, Lydon Larouche, quien en su plataforma programática sostenía la necesidad de que todos los países de la tierra se ajustaran a los principios inspiradores de la Constitución norteamericana.
  (3) A decir verdad quien más insiste en que la muerte de Osama se trató de un montaje, del mismo modo que lo habrían sido también los atentados de las Torres Gemelas, el Pentágono, Atocha y hasta los de la Amia y la embajada de Israel en Buenos Aires, es el ex militar carapintada Alonso, hoy enrolado en una labor periodística. Para éste la explicación estaría dada porque la finada gobernante pakistaní Benazir Butto había manifestado en su momento que Bin Laden ya había muerto por causas naturales. Ni se le ocurre pensar que tal afirmación se debió con seguridad a que, como era público y notorio ya en esa época que se encontraba escondido en Pakistán, quería evitar la constante presencia yanqui en su país con acciones bélicas punitivas. Lo que sin embargo ni Butto ni los yanquis sabían era que en vez de encontrarse en la remota frontera de las provincias de Waziristán, se hallaba bien cerca del poder, en Islamabad. Pero dicha muerte heroica es como si a Alonso, militar que no ha tenido esa suerte, le hubiese permitido efectuar una verdadera catarsis periodística. Así pues en su ejemplar de mayo enumera de manera paranoica a todos los que según él habrían sido agentes de los norteamericanos y sionistas, incluyéndolo hasta al mismo ayatollah Khomeini y a la revolución iraní, por lo que se nos termina convirtiendo por exclusión en un defensor del régimen del Sha, coincidiendo así con los norteamericanos una vez más. Pero el súmmum de sus contradicciones es cuando, luego de habernos advertido de que no debemos caer en la sugestión dialéctica de la guerra de civilizaciones que pretende contraponer a Islam con cristianismo de manera ficticia, le dedica un especial espacio al reciente conflicto entre cristianos coptos y musulmanes salafistas en Egipto, cuando hacer eso sí que sería estereotipar tal conflicto. Pero en fin no pretendamos peras del olmo. Hace tiempo que nos amenaza con no salir más por razones económicas, pero eso nunca sucede.

Marcos Ghio
19/06/11