LA MUERTE DE OSAMA BIN LADEN Y LA GUERRA DE CIVILIZACIONES


Tras haber tenido la buena suerte de dar con el refugio en que se encontraba el jefe del movimiento islámico tradicionalista en lucha contra el occidente moderno en sus distintas manifestaciones religiosas, sea judías, como cristianas o musulmanas, este último se ha empeñado en una importante campaña para obtener su segundo objetivo, el más importante de todos. El mismo consiste en lograr no sólo destruir la figura física de Osama, sino también su parte espiritual representada por la adhesión que habría de despertar su imagen en la memoria colectiva. Es decir, en pocas palabras, impedir por cualquier medio que pudiese constituirse un Che Guevara fundamentalista, obviamente mucho más peligroso que el primero pues sería capaz de estimular a multitudes a seguir en su camino consistente no en reformar, como en el primer caso, sino en destruir el mundo moderno.
Primeramente se acudió a un procedimiento sumamente infantil consistente en hacer creer que Osama, al verse rodeado por los comandos norteamericanos, se habría escudado vanamente y en forma cobarde tras una de sus esposas. Argumento muy poco creíble pues si hay alguna cosa que no se le puede achacar a quien renunció a una vida burguesa de multimillonario para irse a pelear primero contra los comunistas rusos y después contra los capitalistas norteamericanos durante más de 20 años, es justamente lo de ser un cobarde. Por tal razón, con la excusa de que todo fue el producto de la precipitación de los hechos, este argumento fue rápidamente descartado. Entonces se abocaron a lo que ya se había hecho antes y que había dado unos excelentes resultados: acudir a la hipótesis montajista o conspirativa. Es de recordar que la misma ya fuera sumamente exitosa con la explicación de lo sucedido con los atentados del 11S y del 11M, a través de la participación de una serie de ‘investigadores’ y periodistas, en modo tal de obtener que un importante sector casi mayoritario de la opinión pública antinorteamericana se volcara a aceptar de manera absolutamente ingenua que tales hechos fueron producidos por los mismos yanquis o judíos sionistas con la finalidad de encontrar ‘excusas’ para invadir el planeta y justificar guerras e invasiones como la de Afganistán e Irak y a su vez generando la idea consecuente de que no podía existir nadie en el planeta con la capacidad de producirle un daño semejante. En este caso de lo que se trataba era de convencer de que Bin Laden en realidad no habría existido cuando se efectuara el operativo comando de Abbotabad o porque ya estaba muerto desde hacía tiempo o porque habría sido nada más que un invento de la computación con sus modernas técnicas de sugestión y virtualidad. Para darle visos de verosimilitud, el régimen se preocupó puntualmente de acompañar tal hipótesis con una serie de ‘hechos’ que la pudiesen hacer creíble. En primer lugar se negó a mostrar las fotos del muerto con razones realmente pueriles pero que en este caso servían para que esa opinión pública a reblandecer pudiese creer que se hubiese tratado de un montaje y luego, para rematarla, a las pocas horas de haberlo asesinado lanzaron su cuerpo al mar para de esta manera borrar toda prueba posible respecto de una posterior identificación del cadáver. Maniobra sutil sin duda alguna destinada justamente a generar entre una opinión pública adversa a los EEUU la idea de que jamás puede haber existido alguien que hubiese tenido no sólo la capacidad de escapársele de sus manos durante más de 20 años, sino también la de haber podido, con una absoluta escasez de medios, derrotarlos en forma sucesiva. Si esta imagen hubiese llegado a persistir en la memoria no sólo de los musulmanes, sino de todos aquellos que son enemigos de la civilización norteamericana, el daño a ocasionar hubiera sido aun mayor que el de Bin Laden vivo. Se hubiera podido gestar así la idea de que el ‘imperio’ no es invencible puesto que hay personas capaces de derrotarlo y hacerles frente durante tanto tiempo habiéndoles por lo demás producido una crisis como nunca vivieran en toda la historia (1).
Es de destacar aquí que una vez más, para darle visos de seriedad al asunto, se acudió a los ‘investigadores’ de siempre encargados de difundir tales falsas interpretaciones con la finalidad ya manifiesta de favorecer los intereses de tal poder. Tenemos aquí el caso preciso de Adrián Salbuchi, periodista que posee un alcance mediático no sólo en el mundo hispanoamericano, sino también en el angloparlante ya que, por haber vivido y viajar con asiduidad a los EEUU, tiene un perfecto manejo del inglés y puede emitir videos por youtube en ambos idiomas. Y bien, este último, que como decimos suele viajar a tal país, sin que por ponerlo tan en peligro en su seguridad, tal como él nos quiere hacer suponer, sea sin embargo encerrado en la cárcel de Guantánamo como en cambio les sucede a los miembros de aquella organización que él no se cansa de denunciar como agente de la CIA. Salbuchi, decíamos, se ha encargado de decirnos que Osama ya estaba muerto desde hacía mucho tiempo por lo que, en consonancia con los siniestros planes de la inteligencia norteamericana que él dice combatir, crea la idea de que no se ha tratado de un mártir paradigmático con capacidad de enfrentarlos y derrotarlos, sino de un simple instrumento de su organización de inteligencia. Insistimos una vez más al respecto: ¡qué cosa curiosa! Mientras que a él dicho régimen le permite ingresar libremente a su país ni le ha negado jamás la visa para hacerlo, en cambio a los que según él son sus agentes los convida con el trato de la cárcel y la tortura. Y este ejemplo que hemos dado en tanto ha sido el más puntual de todos, ya que hay otros que también trabajan en la misma tarea de desarmar y desalentar a la fuerza contraria a los norteamericanos se puede multiplicar por varios y ya Marcos Ghio en su momento se ha dedicado a desarticular todos los argumentos ofrecidos (2) sin que por supuesto esas personas, que en tanto forman parte del régimen tienen un vasto alcance mediático en la difusión de sus puntos de vista, le hayan contestado nunca.
Pero afortunadamente la maniobra de los norteamericanos les ha salido sumamente mal. Podría decirse que si han tenido un éxito importante en poder matar al líder de la fuerza enemiga, en cambio no lo tuvieron, como en vez sucediera en las postrimerías del 11S con la instrumentación de las teorías conspirativas, en destruir su imagen de héroe. De manera inmediata, apenas el movimiento talibán victorioso en Afganistán, que se encuentra en plena ofensiva de Primavera, así como el mando de Al Qaeda, manifestaran su reconocimiento del glorioso martirio de Osama, verdaderas multitudes en el mundo árabe salieron a manifestar su apoyo a tal figura. El ‘mundo libre’ se encuentra sumamente aterrado en tanto que en las manifestaciones ‘democráticas’ que se suceden en la mayoría de tales países comienza a aparecer de a poco la imagen de Bin Laden. Ya casi ni se ve la del Che Guevara y el rumbo de tal democracia pareciera entonces no ser más el que ellos imaginan en su optimismo. Por supuesto que ahora habrá que acudir a otras estratagemas de propaganda ya que la hipótesis del Osama inexistente cada vez echa más agua. Pero tengamos paciencia pues nos enteraremos pronto a qué nueva maniobra acudirán a través de sus distintos Salbuchis.


(1) Además de todos los efectos producidos por los hechos del 11S y sus secuelas posteriores en la economía norteamericana, la que ha dejado ya de ser la más próspera del planeta, se ha sabido que la cacería de una sola persona, en este caso Bin Laden, le ha ocasionado una pérdida de 3 billones de dólares en 15 años (ver nota publicada).
(2) Entre los distintos argumentos (no muchos) que nos brinda el Sr. Salbuchi, quien jamás ha aceptado debatir con Ghio, el que siempre demoliera sus argumentaciones, pero aprovechado en este caso el vasto espacio mediático que el régimen le brinda al primero, es el de decirnos que ya varios dirigentes pakistaníes desde hace al menos 5 años nos venían diciendo que Osama se había muerto por una insuficiencia renal en un hospital norteamericano en Dubai. Y nos cita el caso puntual de Benazir Buttho. Ghio en su momento demostró que tal argumento obedecía a la necesidad que tenía la dirigencia de ese país de convencer a los EEUU de que Osama no estaba en su territorio tal como se venía diciendo y desalentar así una intervención militar como la que hubo ahora y que la ha puesto en severo desprestigio ante su propia población. La única diferencia con lo que sucedió es que se decía que Osama estaba en la región de Waziristán, la que fue bombardeada con insistencia por tal causa por los drones norteamericanos. El hecho de que eligiera vivir cerca de un complejo militar, independientemente de las complicidades que pueda haber tenido para ello, se ha debido a que de esta manera evitaba la intervención de tales aviones sin piloto que no siempre aciertan en sus objetivos y hubieran podido, simultáneamente con la destrucción de la vivienda de Osama, también hacerlo con la de la academia militar pakistaní y producir por ello un incidente diplomático de inmensas proporciones.

WALTER PREZIOSI
8/05/11