EL CICLO SE CIERRA

Ya a esta altura del partido no se puede negar el inminente colapso del sistema, solamente hay que debatir exactamente qué es lo que lo ha producido. Si ha sido el estallido de la burbuja inmobiliaria en los EEUU, la crisis griega, la desconfianza de los mercados o, tal como decimos nosotros, todo empezó un 11 de septiembre del 2001, fecha en la que se inició el profundo tobogán al que se ve arrastrado este sistema absurdo en el que el confort, la economía, el aumento desaforado del consumo, la simple vida es la razón de ser de toda la existencia.
Aun hoy los economistas, de la misma manera que aquellos propagandistas de las grandes capacidades que habría tenido el Titanic de salir airoso ante cualquier inconveniente, suelen medirnos la crisis en términos de aumento de la productividad y se entusiasman cuando comprueban que un país ha incrementado su producto bruto o su demanda laboral, viendo en ello un síntoma de solución, cuando en realidad tendría que ser exactamente a la inversa. Así como no se resuelve el hambre aumentando las ganas de comer, del mismo modo no es olvidándonos que vivimos en un mundo de recursos limitados como seremos capaces de resolver sus crisis. En vez de aceptarse tal realidad existe una propaganda enfermiza encargada de hacernos consumir siempre más para aumentar así la producción concibiendo a la naturaleza del mismo modo que lo hace un niño con un chicle globo con capacidad de extenderse hasta el infinito. Y esto ha llevado incluso hasta a concebirse filosóficamente. En el trasfondo de toda esta anomalía hay una misma fe, aquella que ha sostenido la modernidad desde sus comienzos a través de su liberalismo por el que concibiera que el mundo es regido por un Jehovah milagroso que con una mano invisible lo gobierna todo sabiamente, capaz de convertir a la escasez en abundancia extrema así como a los egoísmos crematistas de los banqueros en progreso irreversible y benefactor para la humanidad en su conjunto. Es en función de tal religión irracional que en la fase postmoderna hoy se considera que las ideologías han muerto y que en vez de empeñarnos en concebir ‘grandes relatos’ relativos a los proyectos para las generaciones venideras es bueno actuar en cambio como aquel burgués que en función de vivir plenamente su presente no le importa si después de él viene el diluvio, ya que el sabihondo arquitecto del universo, como un verdadero alquimista, será capaz de convertir a su imprudencia y desidia en beneficios abundantes haciendo llover, a partir de todo ello, leche y miel sobre las generaciones futuras.
Esta humanidad crepuscular a un mes del inicio de su colapso irreversible, en octubre de 2001, se embarcó en una guerra convencida de que, de la misma manera que en las anteriores, en tanto se ganasen como se imaginaba, en la medida que una vez más se trataba de una gran Cruzada del bien en contra del mal, su resultado iba a ser un incremento de las riquezas, una gran confianza en el poder irreversible de un Estado que desde el origen de su misma constitución se consideraba la manifestación histórica del pueblo elegido tal como trasuntaba a su vez en su mentado protestantismo sionista y en su alianza incondicional con Israel.
Pero todo le fue muy mal. Tal como hemos manifestado repetidas veces ni siquiera con la alianza de 44 naciones en Afganistán pudo vencer a una simple banda armada de talibanes en diez años de interminables combates. Y en vez de verse reducido a ese solo territorio, el conflicto tuvo que extenderse luego a Irak, Pakistán, Somalia, Yemen, Magreb, Cáucaso y hoy de manera peligrosa ha estallado también bajo la forma de ‘primaveras’ en Libia, Siria, Egipto, Túnez, etc. Esta guerra que le ha producido a los EEUU ya un gasto de tres billones de dólares produciendo así su endeudamiento galopante, superando incluso a la Segunda con la diferencia de que, al no haber habido vencidos, no se ha podido recuperar lo invertido con creces, ha sido la causa real de la hecatombe del sistema y no la burbuja inmobiliaria u otra cosa parecida, tal como nos informan los economistas del Titanic para tranquilizarnos.
Hoy la hecatombe avanza por Europa. Surgen movimientos de indignados porque el capitalismo ya no cumple con sus promesas del reino de Jauja prometido por Jehovah. Ese paraíso de maná constituido a partir de consumidores insaciables y rapaces. Londres se encuentra en llamas y ya se extiende el incendio hacia Europa. Aunque los adoradores del mamón no se resignan y reaccionan desesperados. Tal es lo que explica el atentado de Oslo y las matanzas que sobrevendrán.
A los que se indignan reportémosle otras noticias alarmantes. Tras la creación del Emirato de Abiyan en el sur de Yemen, la muerte del personero de Occidente entre los rebeldes libios, el general Yunes, la declaración de Al Qaeda en Irak anunciando la multiplicación de los combates, el movimiento talibán acaba de vengar la muerte de Bin Laden. En el día de ayer fue abatido en la provincia de Wardag un helicóptero Chinook que llevaba 31 comandos del Navy Seals, el grupo que lo asesinara en Pakistán. Iban acompañados de 8 agentes de inteligencia afganos, entre ellos algunos talibanes traidores. Iban con la intención de hacer lo mismo con el Mullah Omar. Murieron todos. Obama se quedó así sin un nuevo alivio para levantar el ánimo de los mercados. Una vez más, el ciclo se cierra.

Walter Preziosi
9/08/11