LAS PERLAS DEL TROTSKYSMO (1ª PARTE)

 

Resulta realmente sorprendente, cuando no producto de la desinformación, la revalorización que ha tenido en los últimos tiempos entre el ámbito de los sectores de la izquierda la figura de León Trotksy, respecto del cual se afirma que, de no haberse seguido la política implementada por su rival Stalin en el movimiento comunista, hoy el comunismo marxista leninista sería la ideología preponderante en el mundo entero y no en cambio ese refrito entre capitalismo y comunismo representado por los distintos regímenes que han triunfado en tal espectro empezando por la Rusia de Putin y terminando con la China actual y supercompetitiva.
Recordemos que en su momento el gran caballito de batalla sustentado por Trotsky cuando fuera reprimido por Stalin era que tal régimen se trataba de una verdadera tiranía opresiva que no dejaba la libertad de opinión a las diferentes corrientes de la izquierda, entre las cuales se encontraba la propia, es decir el trotskismo. A lo cual con mucha razón otros sectores de la misma recordaron que, cuando Trotsky estuvo en el poder, fue un feroz represor que persiguiera no solamente a los resabios del zarismo y del capitalismo en Rusia, sino también a aquellos sectores de izquierda que no comulgaran con sus puntos de vista. Al respecto se le recuerdan famosas represiones, tales como la acontecida con la revuelta de los marinos de Kronsdadt que protestaban por sus bajos salarios y a la guerrilla campesina de Makhno que se movilizaba por cuestiones más concretas como la posesión de la tierra para que sus ocupantes pudiesen alimentarse adecuadamente.
Es de destacar cómo en su momento Trotsky combatiera a todos aquellos que quisiesen subordinar el marxismo leninismo trotskismo por él representado a imperativos morales categóricos de carácter kantiano y por lo tanto antimarxista. Imperativos que en cambio en forma oportunista le reclamara a Stalin luego para sí ya que opinaba que él no podía atribuirse en exclusividad ser el representante de los intereses históricos del proletariado. Nosotros tenemos en nuestro poder una edición francesa de un fundamental texto de Trotsky en donde aparece con una claridad meridiana el verdadero maquiavelismo político por él sustentado y cómo el mismo manifiesta nítidamente no ser en manera alguna la superación del estalinismo, sino en todo caso un stalinista o comunista más al cual la suerte no lo acompañó y que por lo tanto se queja por ello con los mismos argumentos que en algún momento criticó.
Extractaremos algunos pasajes de dicho texto que no ha sido traducido a nuestra lengua.
Dice Trotsky en su crítica a los moralistas*:
“Lenin ha escrito: ‘Es indispensable acudir a todos los sacrificios para el triunfo de nuestra causa y aun a los procedimientos más variados, como astucias, procedimientos ilegales, mentiras, etc. con la finalidad de penetrar en los sindicatos y llevar a cabo a cualquier precio la acción comunista’…. Las astucias y mentiras son los medios de legítima defensa ante la perfidia de la burocracia reformista”… (pg. 83)
“Lenin invitaba pues al proletariado a extender la lucha de clases también al dominio de la moral.” (pg. 88)
Y en su capítulo titulado ‘Interdependencia dialéctica entre el fin y los medios’ resulta aun más explícito.
“El medio no pude justificarse sino en función del fin. Pero el fin también tiene necesidad de justificarse. Desde el punto de vista del marxismo, que expresa los intereses históricos del proletariado, el fin se encuentra justificado si implica el acrecentamiento del poder del hombre sobre la naturaleza y la abolición del poder del hombre sobre el hombre
¿Esto significaría entonces que todo está permitido? Nos preguntaría de manera sarcástica el filisteo, revelando no haber comprendido nada. Está permitido, contestamos nosotros, todo aquello que conduce realmente a la liberación de los hombres. Y ello sólo es posible por un camino revolucionario, por lo que la moral emancipadora del proletariado tiene necesariamente un carácter revolucionario…. Ella se opone no solamente a los dogmas de la religión, sino también a los fetiches de cualquier tipo, del idealismo, a aquellos gendarmes filosóficos de la clase dominante. Ella deduce las reglas de conducta de las leyes del desarrollo social, es decir de la lucha de clases, que es la ley de leyes.
A lo cual el moralista suele insistir todavía:
¿Entonces en nombre de la lucha de clases en contra del capitalismo todos los medios se encuentran permitidos? ¿Tales como la mentira, la traición, el asesinato, etc.?
Nosotros le contestamos: los únicos que se encuentran admitidos y resultan obligatorios son aquellos medios  que acrecientan la cohesión del proletariado, que le insuflan en su alma un odio inextinguible hacia la opresión, que lo lleven al desprecio de la moral oficial y a sus servidores demócratas, que lo compenetren de la conciencia de su propia misión histórica…
En pocas palabras, las cuestiones morales se confunden desde el punto de vista revolucionario con las de estrategia y táctica revolucionaria…. El materialismo dialéctico no separa el fin de los medios. El fin se deduce naturalmente del devenir histórico…
Lo que para nosotros decide la justicia de un medio no es el móvil subjetivo, sino la utilidad objetiva. Y en función de ello todo es justificable.
Por ejemplo si un revolucionario hiciese saltar por el aire al General Franco y a su estado mayor, sin duda que ello podría suscitar la indignación moral… pero desde el punto de vista de los intereses históricos del proletariado se trata de una acción políticamente útil.. Por lo tanto el juicio moral se encuentra condicionado por el juicio político y éste por las necesidades históricas del proletariado”. (pgs. 95-101).
Claro que los marineros de Kronsdadt le podían haber dicho en su momento. Y bien, nuestra acción está admitida pues implica terminar con el dominio del hombre (en este caso Ud. mismo y su criminal ejército rojo) sobre el hombre, es decir nosotros.
Claro que el capitalista rapaz, siguiéndolo a Trotsky, podría también decir. Y bien, seguimos adelante con nuestro desarrollo tecnológico y destrucción del medio ambiente pues de esta manera ‘estamos obteniendo el dominio del hombre sobre la naturaleza’. El comunismo chino en función de la competitividad ha realizado en modo trotskista justamente tal cosa.
Claro que Stalin podría también haber dicho y seguramente lo hizo. Y bien, terminar con Franco no era tan importante  como hacerlo con Trotsky en tanto mi juicio moral está determinado por la necesidad política de la defensa de los intereses proletarios por mí tan bien representados. Por lo tanto Yucatán y el sacrifico debido en tanto que ‘la lucha de clases es la ley de leyes’.
Continuaremos en futuras ediciones con más perlas del trotskismo.