A propósito de una nueva nota de Salbuchi

RAMBO NO SE RINDE

 

Una vez más queremos señalar que nuestro interés en replicar las notas publicadas por Salbuchi tienen que ver con el hecho de que el mismo, tal como lo reconoce en sus escritos, posee un vastísimo alcance mediático en tanto que es invitado asiduamente a hablar y a escribir en distintas publicaciones del sistema. Es por tal razón que nuestras réplicas sucesivas sólo tienen que ver con la necesaria tarea de combatir en el campo de las ideas contra aquellas posturas falaces que, simulando oponerse al régimen que hoy oprime al mundo, en realidad lo favorecen con sus interpretaciones

Continúa el analista Salbuchi en su oficio señalado de acercar Hollywood y la figura de Rambo con la geopolítica, tal como aparece en su reciente nota titulada “Las lecciones de Libia: el caos no es ninguna sorpresa”, publicada en el día de ayer en la prestigiosa página de Tsunami Político que es una importante tribuna de debate de ideas.
Su objetivo es mostrarnos una vez más su habitual tesis rámbica de que no es cierto que Norteamérica esté perdiendo todas las guerras en que se ha empeñado desde el 2001, sino que por el contrario las estaría ganando y que, si llegásemos a constatar lo opuesto basándonos en hechos objetivos como ser su retirada de Irak y de Afganistán sin haber logrado obtener una sola de las metas que se había planteado, ello en el fondo no sería una derrota sino en cambio algo premeditado ya que su objetivo sería no obtener como se supondría un mundo ordenado de acuerdo a sus principios, sino por el contrario un universo caótico, pues sería desde el caos y no desde un determinado orden que el mismo podría gobernar el planeta. Doctrina ésta sumamente extraña y que contradice cualquier mínimo sentido común que nos dice que una persona hace las guerras no para perderlas, sino para ganarlas y que si alguien se retira de un campo de batalla sin haber logrado vencer al enemigo, eso solamente tiene un nombre conocido, la derrota. Pero no es así en el caso del psicodélico Salbuchi pues, de ser como él dice, entonces en los dos casos antes mencionados los talibanes o el Estado Islámico de Irak serían los verdaderos aliados e instrumentos de los EEUU y por el contrario Maliki y Karzai, los gobernantes impuestos en ambas invasiones y a quienes no se ha cansado de llenar de alabanzas, serían en cambio sus verdaderos enemigos ya que, a diferencia de aquellas ‘organizaciones terroristas al servicio de la CIA y el Mossad’, estarían tratando de instaurar un orden que, tal como acabamos de señalar, es lo más repudiado por el poder financiero internacional que, de acuerdo a Salbuchi, quiere gobernar el mundo a través del caos.
Y este delirio se incrementa a medida que se va avanzando en tan extraña doctrina, sucediendo un vez más del mismo modo que con Rambo en el cine, el cual por sus efectos especiales, no deja de sorprendernos nunca. Por ejemplo EEUU no solamente se habría hecho estallar las torres gemelas en 2001 a fin de poder invadir primero Afganistán y después Irak para simular perder allí a fin de poder sembrar el caos, sino que incluso la actual ‘Primavera árabe habría sido financiada por la CIA y el Mossad’. Esto por lo tanto debe significar que los objetivos logrados por la misma como haber derrocado a Ben Alí en Túnez y a Mubarak en Egipto habrían sido queridos por éstos en una maniobra sumamente astuta consistente en la sustitución de regímenes afines a fin sembrar el caos tan anhelado. Es decir que Israel estaría actualmente muy contento con que en vez de un régimen laico y nasserista que lo reconocía como un Estado legal y combatía al extremismo islamista en su territorio, ahora en cambio tienda cada vez más a incrementarse el poder de quienes manifiestan en forma explícita su intención de destruirlo y que en el Sinaí en vez de encontrarse como antes los esbirros de un régimen prosionista, esté en cambio operando en forma activa una nueva rama de Al Qaeda. A su vez para engañarnos la Cia y el Mossad les habrían ordenado a los distintos regímenes del Occidente de respaldar a esos dos gobernantes a fin de que la ‘Primavera’ pudiese implantar el caos con mayor disimulo. Sería pues una mentira expresada a fin de despistar lo manifestado por el catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad de Oxford Avi Schlaim, un crítico despiadado de la política de su país en los Territorios Ocupados de Palestina,
en su obra El muro de hierro, recientemente traducida y publicada por la editorial Almed. El mismo nos recuerda que durante décadas Mubarak fue el líder árabe ideal para Tel Aviv afirmando textualmente: “Partiendo del supuesto de que los pueblos árabes son incapaces de gobernarse sino por dictadores, Ehud Barak no escatimaba en sus elogios al rais y la revuelta del 25 de enero le llenó de ansiedad: pidió una urgente intervención de Obama para salvarle y, cuando ella se reveló inútil, no dudó en afirmar que Mubarak y su clan, "aunque fueran rechazados por su pueblo, estaban comprometidos con la seguridad regional y era mucho más cómodo tratar con ellos que con la gente que se echa a la calle". El general Amos Gilad, por su parte, se deshacía en elogios de los servicios de inteligencia egipcios, que, en su opinión, "merecían ser condecorados" (pg.134). Pero insistimos, de acuerdo a la doctrina Salbuchi, por la que tal poder siempre gana y nunca pierde, lo que se nos puede aparecer como una derrota, sería en cambio una victoria encubierta.
Más psicodélica todavía resulta su interpretación sobre lo acontecido en Libia, la tercera etapa victoriosa de la Primavera árabe, que, de acuerdo a sus delirios, habría sido producida también por el Mossad. Aquí debe acudir para hacer cerrar sus esquemas a una serie de datos falsos y fantasiosos. De acuerdo a Salbuchi, a Gaddafi lo habría sacado del poder la Otan, la que habría invadido el país para poder asesinarlo junto a su familia. Más allá de que resulte una cosa sumamente absurda suponer que, lo mismo que en lo sucedido en los casos anteriores hubiesen querido desprenderse de un gobernante que les resultaba sumamente servil y funcional (Recordemos al respecto la entusiasta colaboración del déspota abatido en la cacería de miembros de Al Qaeda a quienes no hesitó en enviar a la cárcel de Guantánamo), para confirmar su falsificación Salbuchi debe acudir a datos también mentirosos. Es falso lo que él dice que la Otan haya invadido Libia, lo único que realmente aconteció fue que fue bombardeada su estructura militar y que fue una fuerza multitudinariamente libia la que dio cuenta del tirano. Lo que sucedió allí realmente fue que el ‘mundo libre’ no quería volver a cometer el mismo error de antes con Túnez y Egipto y ponerse abiertamente del lado de los déspotas de turno, tal como desesperadamente exigía Israel, sino en cambio, a sabiendas de su inevitable caída, trató de ponerse del lado de quienes iban a ganar a fin de darle a la revolución un sesgo democrático y pro-occidental.
Salbuchi, para justificarnos el porqué de tal pretendida invasión alega que de manera muy patriótica Gaddafi estaba por salir del patrón dólar en sus exportaciones de petróleo. Lo cual, además de no estar documentado en ningún lado, se contradice totalmente con lo que manifiesta a renglón seguido de que su gran error habría consistido en querer congraciarse con el occidente para poder subsistir en el poder otros 42 años. ¿Si quería hacer eso entonces por qué iba a salir del patrón dólar?
Pero más ridículo todavía es que nos diga nuevamente que se hizo la pretendida invasión no para poner un régimen títere que les respondiera puntualmente como Karzai o Maliki, o aun los restantes abatidos en la Primavera árabe, sino para sembrar el caos en el país. Y al respecto quiere darnos una prueba de tal situación en el hecho de que en un enfrentamiento militar entre grupos rebeldes murieron 2 personas. Como siempre nos oculta lo esencial. Es cierto que en Libia hay actualmente una situación de inestabilidad, como en el resto del mundo árabe que aun no ha terminado con su revolución. Justamente en el día de ayer en la ciudad de Bengazi y en otras miles de revolucionarios salieron a las calles y juntamente con una quema masiva de ejemplares del libro verde de Gaddafi reclamaron la inmediata implantación de la Sharia, lo cual produjo la fulminante renuncia del ministro Abdul Hafez Ghoga, un ex gadafista de origen laico. No pretendamos que el rámbico analista nos pueda explicar por qué si es el poder financiero internacional el que ha estado tras tal movimiento revolucionario, esté por lo tanto de acuerdo con una legislación que en uno de sus principales postulados sostiene la prohibición de la usura.
En fin tampoco le pidamos coherencia cuando dice que va a invadir a Siria y a Irán y no sé a cuantos países más como Venezuela y Ecuador (¿le pasará lo mismo a la Argentina K, gran aliado de todos ellos?) cuando la realidad es todo lo contrario; debido a las tremendas crisis financieras por las que atraviesan no están en condiciones de ingresar más a guerra alguna, sino por el contrario a retirarse de aquellas en donde han sido estrepitosamente derrotados (con el perdón de Rambo). Lo único que actualmente pueden hacer con sus enemigos son atentados y ataques inteligentes con drones, como en Irán, Pakistán, Yemen y Somalia entre los principales frentes de combate. Y esto es evidente, pero lamentablemente no hay peor ciego que el que no quiere ver.