DE LA VICTORIA DE OBAMA A LA DEFENESTRACIÓN DEL GRAL. PETRAEUS
¡ES LA GUERRA, ESTÚPIDO!

 

Dos hechos fundamentales y concatenados han acontecido en los últimos días. Por un lado la ya por muchos de nosotros preanunciada victoria de Obama en las elecciones presidenciales y por el otro el más reciente del día de ayer que desembocara en la renuncia obligada de su principal hombre de confianza en las fuerzas armadas, el Gral Petraeus, quien se desempeñaba además al frente de la CIA.
Estos dos hechos merecen un análisis. A muchos les ha parecido realmente sorprendente que un presidente que había incumplido con casi todas sus promesas electorales, especialmente las de orden económico por las cuales, lejos de haber disminuido los efectos de la peor crisis de toda su historia, se habían por el contrario incrementado, pudiese haber lo mismo ganado las elecciones. Al respecto habría que decir que el norteamericano, a pesar de toda la propaganda que hacen los distintos panegiristas sea contrarios como favorables a tal imperio, encargados por igual de pintárnoslo como una superpotencia con capacidad de intervenir simultáneamente en múltiples guerras y conflictos y de saber sabiamente convertir en victorias lo que son en cambio estrepitosas derrotas, percibe que las cosas le están yendo significativamente mal. Que hace más de diez años que el país invierte cerca del 40% de su presupuesto anual en financiar diferentes guerras y que éstas, lejos de haber resultado gananciosas, por el contrario les han resultado resonantes fracasos. Recordemos por ejemplo que cuando el presidente  Bush inició la guerra de Irak su argumento principal fue que, simultáneamente con crearse un polo democrático en la región estrechamente vinculado con Israel, EEUU iba a poder contar en retribución por su esfuerzo con el abundante petróleo que allí había. Y bien, luego de 8 años de guerra, no solamente esto último no sucedió sino que, en vez de Saddam Hussein, en el poder hay actualmente un gobierno que es afín con Irán y que para sostenerse combate no ya contra el laicista partido Baath, sino contra algo peor todavía, el Estado Islámico de Irak que es la cobertura que tiene Al Qaeda en tal país. Peor todavía le ha ido en Afganistán en donde también, lejos de haberse apropiado de sus riquezas, tal como se decía, ni de haberse implantado allí también una 'democracia estable', EUU debe retirarse derrotado en corto plazo y los talibanes que antes controlaban sólo el 65% del país, en las regiones que eran de origen pashtun, ahora en cambio están en todos lados con más poder y prestigio del que tenían antes de haber sido invadidos.
Pues bien, entonces ¿cuáles son las razones por las cuales el pueblo norteamericano ha votado nuevamente por Obama? Esta vez el engaño ha consistido en hacer creer dos cosas: por un lado que se habría de terminar con la guerra de Afganistán en el 2014, pero sin pintarnos tal hecho como una derrota norteamericana sino como consecuencia de haberse logrado la desarticulación definitiva del fundamentalismo islámico, que es el enemigo principal que tiene hoy en día no solo Obama sino la totalidad del mundo moderno, en tanto que se habría sido capaz de terminar de una vez por todas con su organización principal, pasando ello principalmente por la muerte de su odiado líder, Osama Bin Laden.
Es de destacar al respecto que, en función de tal puesta en escena, el mundo libre, así como el votante norteamericano, aceptó pasivamente que se violasen derechos humanos esenciales empezando por los de la víctima aludida. En primer término en el operativo de Abbotabad (Pakistán) Osama fue muerto aviesamente cuando podía haber sido detenido para ser sometido a proceso. Y en segundo lugar, lo más grave todavía, con la excusa de evitar que en un futuro su tumba fuese convertida en un santuario en homenaje a su martirio heroico, su cuerpo fue lanzado al océano violándose costumbres esenciales del pueblo islámico. En la República Argentina los militares que hicieron algo semejante con los famosos 'desaparecidos' hoy están purgando penas de cadena perpetua, Obama en cambio ha sido premiado con un Nobel. Y es de destacar aquí que no solamente lo asesinó a Bin Laden y hasta mostró alegría por televisión cuando con todo su gabinete siguió en vivo y en directo el famoso operativo, sino que ha repetido centenares de veces ataques de este tipo a través de drones o aviones inteligentes por los cuales se realizan verdaderas matanzas de poblaciones con la esperanza de que entre los muertos siempre habrá algún peligroso 'terrorista internacional'. Convencido entonces de que, eliminado el mal de esta manera quirúrgica y sin acudir más como antes a costosísimas y prolongadas guerras de invasión, la situación de bonanza iba a volver a lo que se vivía antes del 11S, el norteamericano votó entonces por Obama, soslayando al menos por una vez sus tan cacareados principios democráticos, humanitarios y progresistas, y aun entre los republicanos lo hizo por aquel que no expresase el belicismo extremista de un Tea Party pues se estaba ya saturado de tantas guerras que no conducían a ninguna parte sino al desgaste siempre más incrementado de la economía del gran coloso. De allí que se acuñara la famosa frase que sintetiza a la perfección el espíritu vigente: 'Es la economía, estúpido'.
Sin embargo hubo voces que alertaron respecto de un optimismo desmedido, que pusieron en duda la eficacia de tal contienda de videojuego con que Obama ha intentado resolver el intríngulis de la política internacional de los EEUU. Se ha dicho que esos operativos selectivos que aparentemente mataban a dirigentes guerrilleros escondidos entre sus propias poblaciones no daban en el fondo resultado pues, aun aceptando que en algún caso hubiesen sido exitosos como el tan mentado de Abbotabad, si no se iba a las causas del problema y se atacaban meramente los efectos por el contrario todo habría de incrementarse y el peligro, lejos de desaparecer, iría creciendo cada vez más. Por ejemplo se afirmaba que, al morir muchas veces civiles inocentes, el desprestigio norteamericano ya existente se trocaría en un odio visceral por lo que los kamikaze que hoy pueden ser algunos en un mañana por desesperación y resentimiento podrían llegar a multiplicarse siempre más. Se puso en duda así también el exagerado optimismo presidencial por el cual se decía que, luego de la muerte de Bin Laden, Al Qaeda había desaparecido y los talibanes por lo tanto, al perder a su genio del mal, iban a hacerse más pacíficos y buenos. Se le prestó en cambio importancia a las proclamas de tal organización manifestando que iban a vengar apropiadamente la muerte de su líder. Fue así que, a pesar de que por razones estrictamente electorales se lo silenció y menoscabó en su efecto, hoy se ha sabido ya oficialmente que el pasado 11 de septiembre, en homenaje al mártir y a los hechos conocidos, fue ejecutado el embajador norteamericano en Libia junto a la plana mayor de la CIA en la embajada de Bengazi y a su vez se prestó la debida atención al hecho de que las multitudes que en Egipto,Túnez y la casi totalidad del mundo árabe asaltaron las distintas embajadas norteamericanas tomando como excusa la propalación de una cinta blasfema en todos los casos, tras arriar y quemar el pabellón yanqui, hicieron flamear en homenaje la bandera de Al Qaeda.
El efecto de todo esto, ahora que han pasado las elecciones y ya se puede hablar con mayor libertad, es que eran ciertas esas presunciones que se formulaban antes en el sentido que la muerte de Osama, lejos de hacer desaparecer a su organización, iba en cambio a multiplicar su importancia y eficacia. Fue necesario que en la semana que pasara su líder actual, Al Zawahiri, en un mensaje dirigido a sus camaradas de Al Shabaab en Somalia que luchan contra la invasión a su país por parte de Kenia y Etiopía, aliados de los EEUU, reconociera públicamente que fueron ellos los que dieron cuenta del embajador Stevens en Bengazi para que se desencadenara aquello que por razones estrictamente electorales se detuvo. De manera casi inmediata el famoso general Petraeus gestor principal de la estrategia militar de Obama y a cargo de la CIA, de la misma manera que estuviera antes al frente en Irak y Afganistán, presentó la renuncia a todas sus funciones. Para conmover a la conciencia pacata y bonachona del yanqui común explicó que lo hacía arrepentido por una infidelidad matrimonial propia que bien sabemos es una cosa que para ellos tiene más sustancia que el respeto de los derechos humanos más elementales de los pueblos agredidos. Pero ¿Quién se lo puede creer? ¡Es la guerra, estúpido!