RACISMO FRAUDULENTO

 

A continuación citamos partes de un texto aparecido en el Foro Traditio et Revolutio en donde se estableciera un debate esclarecedor respecto de las relaciones entre Evola y el nazismo. En el mismo aparecen por un lado sectores nacionalistas europeos que insisten en considerar, aun hoy en día, la superioridad de la propia raza respecto de todas las restantes y por el otro nosotros que sostenemos en cambio que el autor que inspira a este Centro no era de tal ideología, es decir no era un pensador ‘europeo’ o ‘indoeuropeo’, tal como pretende tal sector, sino que, sin importar a la etnía a la cual se perteneciere, escribió para todos aquellos que estuviesen dispuestos a hacer primar lo superior que existe adentro de sí mismos. Hemos suprimido del texto aquellas partes que se refieren expresamente a acontecimientos sucedidos durante debates anteriores a fin de no generar confusiones inútiles.

De acuerdo a lo prometido oportunamente procederemos a refutar lo afirmado por la dupla Javier Martín Resurrección y Eduardo Alcántara, los cuales manifiestan, este último en un prólogo a una obra de Evola sobre educación racial, recientemente editada en nuestra lengua, y del cual habláramos ampliamente en este foro y el otro en intervenciones aquí aparecidas, que no habría diferencias de fondo entre el racismo que imperó durante el período de la Alemania nazi y el que sostiene el maestro italiano. Alcántara le agrega a tal osada aseveración una serie de argumentos descalificatorios hacia los que afirmamos lo contrario, sea del lado evoliano, como del lado del mismo nazismo.
Así pues en el prólogo aludido manifiesta lo siguiente:
… desde ciertos ambientes cercanos a posiciones nacionalsocialistas y desde algún nucleamiento de adscripción evoliana (acá se refiere a nosotros)  se ha querido presentar a un Evola que habría ignorado (por considerarla intrascendente y falta de valor) la extracción racial (la raza física) de los individuos y la consideraría insustancial a la hora de elaborar sus teorías raciales.
Para agregarnos seguidamente en uno de sus habituales raptos de fanatismo:
Sin duda serán variadas las causas que habrán motivado estas falsas apreciaciones. Entre ellas se hallarán tanto la mala fe, la intención dañina, las ganas de manipular para desprestigiar y/o para confundir, como se hallarán la ignorancia, la incomprensión, la falta de capacidad aun para atisbar el hecho Trascendente o el ninguneo de la importancia y la realidad de la raza física.
Nosotros en nuestra réplica nos remitiremos puntualmente al texto de Evola mostrando el contraste absoluto que existe con la totalidad de lo que tanto Alcántara como Martín afirman sobre dicho tema.
Pero antes de ello queremos también ser justos con el nazismo, ideología que no merece ser también falsificada como quiere hacer Alcántara sosteniendo que en lo sustancial manifiesta lo mismo que el pensamiento evoliano y que solamente habría podido existir alguna discrepancia con cierto sector crudamente materialista o ‘biológico’ del sistema. Alcántara soslaya al respecto que ésa no era la diferencia esencial, sino que aun con aquel nazismo que no reducía la raza a un fenómeno puramente corpóreo y que también aceptaba la existencia de una dimensión espiritual, existía una oposición de fondo. Y para ello qué mejor que citar partes del informe brindado por el Dr. Huttig, de la oficina de política racial del Partido nacional socialista en 1942 sobre la doctrina de la raza de Evola, el que fuera publicado en la edición 2ª de La raza del espíritu, pgs. 268-270.
Dice el aludido: “La doctrina de la raza de tercer grado (o del espíritu sostenida por Evola) incluye una mezcla de todos los razonamientos más oscuros recabados en parte de la tradición indoaria y en parte de… doctrinas esotéricas y antroposóficas”.
Y agrega: “Para Evola la raza consta de 3 principios, cuerpo, alma y espíritu. Para nosotros espíritu, alma y cuerpo no son tres principios distinguibles, sino que son las maneras diferentes expresivas de la raza en la unidad de lo viviente”. Acotemos al respecto que, en concordancia con tal pensamiento, Martín había dicho: Insistimos en que biológico, anímico y espiritual son tres nociones que no deben separarse. Es decir, nos dice lo mismo que Huttig pero, a diferencia de éste, por desconocimiento o deshonestidad, quiere achacarle a Evola tal postura.
Demostrando un mejor conocimiento de nuestro autor, el Dr. Huttig denuncia en cambio en éste un dualismo el que es puesto en sintonía, muy a pesar de A. y M., con el catolicismo. Así pues nos señala que, lejos de ser realidades inseparables, en Evola “el espíritu se encuentra en condiciones de modificar los factores hereditarios (la Iglesia también opina lo mismo cuando dice que a través de la plegaria y la vida noble se puede producir tal modificación).” Para terminar con esta contundente afirmación. “El texto de Evola (La raza del espíritu) se nos presenta como… una ingeniosa improvisación sin pretensiones de pureza científica”. Para rematar “podría servir tan sólo para mostrar el bajo nivel espiritual de la Italia de hoy en base a su transformación racial acontecida desde hace tiempo”. Es decir, lo mismo que más tarde manifestará el autor nazi chileno Miguel Serrano en el sentido de que las limitaciones que, según él, tenía Evola se explicaban en el fondo por su carácter racial, posiblemente en razón de alguna mezcla semítica acontecida en su ascendencia.
Ha quedado en claro entonces que la discrepancia con el nazismo no estaba referida meramente al hecho de que “pugnaba por no reducir al hombre a su mera condición corporal y animal”, tal como dice Alcántara, sino que se trataba de un embate entre dos concepciones opuestas respecto de las relaciones entre lo material y lo espiritual, una de carácter monista que comprendía en una sola sustancia inseparable a ambas realidades, y la otra en cambio dualista, sostenida sea por Evola como por el catolicismo o por cualquier otra concepción de lo trascendente, que consideraba el contraste entre ambas dimensiones. Pero veamos al respecto si acaso esto era solamente sostenido como una equivocación por parte de Huttig o si en cambio no era justamente lo que Evola también reconocía. Citamos a continuación pasajes de su texto, La superación del racismo, pgs. 197-208, de La raza del espíritu, 2ª Edición.
“La forma más ingenua del racismo es aquella en donde se considera que con una defensa casi zootécnica de la raza humana se puede llegar a algo decisivo y creativo (es decir la forma de nazismo que según Alcántara sería la única que criticaría Evola) …  (pero también existe otra que se formula la existencia de una dimensión espiritual aunque estableciendo la unidad inescindible entre la materia y el espíritu y al respecto) es inútil decir que en el concepto de raza comprendemos a aquella plenitud de la vida humana en la cual cuerpo y espíritu.. se unen en una suprema unidad”, es decir la postura monista antes señalada por Huttig;  “y sostener acerca del problema de si una cosa determina a la otra, si la forma corpórea es determinada por el espíritu o  viceversa, que ello es una cuestión anticientífica, metafísica… (W. Gross) o, tal como decía Rosenberg: “No concordamos ni con la proposición de que el espíritu crea al cuerpo, ni a la inversa que el cuerpo crea el espíritu. Entre mundo espiritual y mundo físico no hay ninguna frontera neta: ambos constituyen un todo inescindible”. En cambio es éste el punto que debe ser decidido.”
Y es aquí donde se encuentra el gran dilema que nos hace ver Evola. ¿Es el espíritu el que crea al cuerpo o la inversa es el cuerpo el que lo hace con el espíritu? O si utilizáramos la terminología racista: ¿es la raza del cuerpo la que determina la existencia de una raza espiritual o es a la inversa la espiritual la que constituye la del cuerpo, incluyendo también en ello a lo psíquico?
Confrontemos a continuación los dichos de Martín y Alcántara con lo que nos dirá en cambio Evola. Dicen los aludidos:
"en lo tocante a la cuestión racial, pensamos que a nadie se le ocurrirá poner en duda en este contexto evoliano que cada tronco racial (sí, las razas físicas, pues ya hemos dicho que el concepto de la "raza" es inseparable de lo psico-físico) presenta características diferenciadoras propias que abarcan lo espiritual, por lo que cada cual deberá simplemente, de acuerdo a su adscripción -indoeuropea, semita, mongoloide, etc.- tratar de recorrer una vía espiritual acorde". (Martín). Pero parece ser que tal cosa se le ocurría justamente a Evola. Mayor aun es la imprecisión de Alcántara.
“Se necesita ser de una determinada extracción racial –en este caso la indoeuropea- para poseer las potencialidades que le puedan permitir a uno, si hace uso de la libertad de que goza (no entendemos aquí qué clase de libertad puede ser ésta si se encuentra determinado por la extracción racial) , emprender el uránico-solar, y heroico, camino del desapego y de la transfiguración iluminadora interiores. Pasar de potencia a acto en el plano de la Trascendencia es un privilegio de que disponen aquellos individuos indoeuropeos que no se conformen exclusivamente con discurrir por el mundo perecedero del devenir, sino que se pongan como meta el superar su condición material finita para llegar al Conocimiento de la Realidad Suprasensible y para aspirar a la propia Identificación –de dicho individuo- con lo Supremo, inmutable e incondicionado.” (Alcántara).
Queda claro aquí, en estas aseveraciones concordantes, que lo que determina el tipo de espiritualidad alcanzable por un ser humano -lunar, solar, etc.- es la raza física a la que se encuentra adscripta una persona. El espíritu no sería por lo tanto una entidad creadora, libre, sino que se encontraría determinado por el tipo de raza que se tenga. Si un individuo es de raza semítica tendrá un espíritu lunar, si es ‘indoeuropeo’ en cambio tendrá el privilegio de tenerlo de carácter solar, ahora bien si es negro ni siquiera eso, sino una de carácter animista, para agregar en una nota tal concepto sorprendente que “ni el animismo de los negros ni la religiosidad sacerdotal y lunar (de los semitas) alcanzan el plano del Espíritu, del Ser, sino que pululan por el plano psíquico”.
Por lo tanto en una actitud que lo aleja totalmente del pensamiento evoliano para acercarlo en cambio a posturas cientificistas y modernas de estilo darwiniano, Alcántara nos llega a decir que en el fondo ni los judíos ni los negros son seres humanos pues hasta ahora teníamos entendido que es propio del hombre, consistiendo en esto la diferencia con el mundo animal,  tener espíritu.
Resulta obvio que Evola no sostiene para nada esto que Alcántara le quiere achacar, sino a la inversa exacta: es el espíritu el que crea al cuerpo.  Es la raza espiritual la que crea a la raza física y psíquica y no a la inversa esta última la que determina el tipo de espiritualidad que se posea. Y citamos aquí textualmente a nuestro autor:
“La raza, (a diferencia de lo sostenido por el racismo moderno), es una fuerza metafísica formativa que se encarna plenamente sólo en pocos… representando la victoria completa del espíritu sobre la sangre y la reducción del cuerpo a imagen perfecta del espíritu”. Es decir que, a diferencia del racismo nazi, cuando Evola habla de raza espiritual no se refiere a una determinada colectividad (indoeuropea, aria o lo que fuere) que posea ciertas cualidades innatas, sino a una elite, a una determinada casta, como podían haber sido los patricios en Roma o los brahamanes en la India o los Incas en el Perú, etc. siendo así un concepto equiparable al de Estado comprendido como ente formativo encargado de constituir a la nación y no siendo a la inversa la nación la que forma al Estado de acuerdo al concepto moderno en sus diferentes expresiones.
Por tal razón Evola hace notar claramente las profundas diferencias que existen entre el concepto de Reich hitleriano basado en un racismo monista respecto de lo material y espiritual y el de Imperio propio en cambio de otro que prioriza lo espiritual. Recordando una famosa expresión de Hitler por la cual un barrendero ario germánico (Alcántara  diría indoeuropeo) valía más que un rey de otra nación, Evola repudia abiertamente tal expresión en pleno período nazi. Lo que distingue a las personas entre sí, su verdadera patria, es la idea y no la raza física. Por ello, refutando a Rosenberg que privilegiaba a Wilkund porque era sajón fiel a su etnía, sobre Carlomagno y los Hohenstauffen quienes, a pesar de su ascendencia también sajona, concordaron con Roma que era mediterránea y latina, con grandes influjos de semitismo a través del cristianismo, manifiesta que esto había sido lo correcto en tanto pusieron, por encima de un mero interés nacionalista y ‘racial’, una idea, un principio trascendente y espiritual no importando para nada el origen semítico (subhumano según Alcántara) del mismo. El hecho de pertenecer a una determinada etnía, en el caso aquí aludido la ario-germánica, no otorgaba ningún privilegio especial, lo importante era la idea que se sostuviese, si un principio sagrado y trascendente o uno secular e inmanente como el caso de la doctrina del pueblo o raza elegida. De la misma manera que hoy en día, si tuviésemos que optar entre los actuales movimientos y gobiernos europeos de cualquier tipo que fueren en correspondencia con nuestra misma etnía y los sectores jihadistas que, aun sin serlo, luchan en contra del mundo moderno en función de valores sacros y trascendentes, no nos que cabe duda de qué lado hubiera estado Evola. Es verdad que tuvo expresiones duras hacia la raza negra (respecto de lo cual Alcántara no hace más que hablarnos), pero en tanto él vivió hasta 1974 no pudo presenciar en vivo experiencias tales como el Emirato de Azawad en Malí, con la implantación de la Sharia, es decir de aquella ley que castiga con dureza todas las inmoralidades que hoy se practican como cosa normal en el mundo indoeuropeo. *
Pero quedan por tratar otros dos puntos concurrentes. Nuestros dos falsificadores manifiestan puntualmente.
Estos errados ´analistas´ (siempre refiriéndose a nosotros)  ignoran que la naturaleza y los atributos de esta ´raza del espíritu´ que Evola nos describió como los que fueron propios del hombre indoeuropeo que, en sus orígenes -y a lo largo de diversos ciclos heroicos que protagonizó-, vivió en consonancia con los parámetros de la Tradición Primordial, ignoran, decíamos, que son una naturaleza y unos atributos que, para nuestro autor, sólo se podrán despertar en el seno de un tipo racial concreto: éste del indoeuropeo. (Alcántara) Y:
… las vías operativas que Evola presenta son totalmente acordes con la impronta indoeuropea. Para otros, hay otros caminos.  Por último, no debemos olvidar que Evola fue un europeo (en el sentido más íntegro) que escribió para (indo)europeos, buscando restituir interiormente esa misma integralidad. (Martín)
Estos textos que acabamos de citar se encuentran en la antítesis más absoluta respecto del pensamiento evoliano. En ningún momento Evola no sólo escribió solamente para europeos sino que tampoco otorgó un privilegio especial a la ‘raza indoeuropea’, concepto este último del que casi ni habla en su obra y cuando lo hace no es para darle un contenido de superioridad como le dan nuestros contradictores, sino en todo caso en el período anterior a 1945 utilizó la noción de ‘ario’, la cual abandonó luego definitivamente debido a las confusiones que la misma conllevaba y en tanto que, si bien como veremos la comprendió como una categoría espiritual, quiso evitar  que se pensara que pretendía otorgar a un determinado grupo étnico ciertos caracteres de los cuales por lo demás carece totalmente en la actualidad. (Véase al respecto el capítulo ad hoc elaborado en El Camino del Cinabrio (pgs. 155-169) que citaremos a continuación). En este texto además agrega ‘la absoluta falta de sentido que prácticamente tiene ocuparse hoy en día del problema racial” como en cambio pretenden hacer los aludidos evolíticos que para colmo lo hacen deformando de manera vergonzosa el pensamiento evoliano. Sin embargo luego de la guerra, ante fastidiosos que seguían batiendo el parche respecto de la pretendida superioridad que tendría la raza indoeuropea, supo decir de manera contundente lo siguiente: “Cuanto más puede decirse que los indoeuropeos fueron los pueblos que más que cualquier otro han sabido RECONOCER y aplicar un ideal de jerarquía orgánico funcional… PERO ESTE IDEAL SIN EMBARGO MANTIENE UN VALOR OBJETIVO Y NORMATIVO QUE DE NINGUNA MANERA  PUEDE CONSIDERARSE COMO LA CREACIÓN DE UN DETERMINADO GRUPO HUMANO” (La Tradición romana, pg. 82). Queda entonces en claro que para Evola el espíritu no es una cosa exclusiva de la raza a la cual dicen pertenecer Alcántara y Martín.
Nos queda por agregar dos cosas. Si ha quedado en claro que Evola no privilegia en nada a algún grupo étnico en particular ¿Qué entendía cuando hablaba de ario? No por supuesto a una determinada raza física, como podría haber sido entonces el ario-germánico o actualmente el indoeuropeo de Alcántara y Martín, sino más bien se trataba de “un universal a priori, casi una idea platónica, aun si empíricamente pueda aparecer y reencontrarse en una determinada estirpe o pueblo”. Habló así de dos tipos antitéticos, el ario y el judío, aunque estableció con claridad que tales ‘actitudes típicas no necesariamente debían referirse a todos los individuos de sangre aria o hebraica”, sino que en todo caso se puede decir que en el momento en que escribía los pueblos de sangre aria tenían más predisposición a asumir tal tipo de universal que el de sangre judía. Por ello consideró que lo decisivo en ningún momento es lo que se es de acuerdo a la propia raza física –y nos recuerda varias veces el caso de los holandeses y suecos que a pesar de ser los arios con mayor grado de pureza racial son los que a su vez se encuentran más lejos que cualquier otro de una espiritualidad solar- sino ‘lo que cada uno es de acuerdo a su forma interna’, y en la lucha que se establece en lo interior de sí es que puede triunfar cualquiera de las dos posibilidades, la de ser ario o judío por lo que es falso que sostenga que una persona está determinada a seguir ‘la vía operativa que le señala su raza física’. Pero esto que podía haber tenido algún sentido en el período anterior a la 2ª Gran Guerra, ‘luego de la misma, representaba un absurdo insistir sobre el problema hebraico o ario’, del mismo modo que hoy lo sería contrastar a indoeuropeos con semitas y negros, ya que ‘el comportamiento negativo atribuido a los Judíos está ya presente en gran parte de los ‘Arios’. Y con respecto a lo que dice el forista Alcántara de que los judíos carecen de espíritu valga esta otra cita de Evola, también de la misma obra. “En contra de la tradición hebraica en sentido propio tenía muy poco que objetar y muchas veces en mis libros acerca de temas esotéricos había citado la Kaballa, antiguos textos sapienciales hebraicos y autores judíos.” (pg. 167) Por lo cual resultaría muy difícil suponer que haya podido inspirarse en sus escritos esotéricos en una tradición carente de espiritualidad solar.
Por último queda esta perla.
Dice Martín: “Evola mismo, en este sentido, reconoce que el trasfondo de… la obra de un Gobineau es verdadero. Simplemente hay que agregarle la dimensión de verticalidad, y que si la preservación de la pureza biológica de la raza no es condición suficiente, no por ello deja de ser (idealmente al menos) necesaria“.
Y con mayores precisiones agrega Alcántara: “Por todo lo expuesto hasta ahora nadie puede sorprenderse si afirmamos que Evola es contundente en contra de la mezcla racial, a la cual considera como una de las causas -aunque no la única (Gobineau tampoco)- de los desquiciamientos a nivel de la raza psíquica o del alma y como una de las causas -aunque no la única- de la degeneración a nivel de la raza del espíritu.”
Dice en cambio Evola: “El error de racistas del tipo de Gobineau (recordemos que Martín decía que estaba de acuerdo con Evola) consiste en considerar que la decadencia de una civilización es el efecto de mezclas de la raza… No es la decadencia étnica, biológica o demográfica la causa verdadera. La verdad es en cambio que una raza decae… cuando su espíritu es el que decae.” No nos dice pues en ningún momento, como hace Alcántara, que la decadencia del espíritu se deba a la mezcla de razas.
Y más aun: “Cuando una raza tiene por alma y base una cultura verdaderamente fuerte y cumplida, el simple hecho de su contacto y de su mezcla con otras razas se encuentra bien lejos de significar sin más su ruina. Es más puede suceder que el espíritu de ésta actúe como un invisible e irresistible fermento sobre elementos extraños…” (De Raza y Cultura, en La raza del espíritu pgs 209-215).
O sea que los mestizajes son el producto de una decadencia de la raza espiritual y no la causa de la misma como dicen los desinformadores, y más aun, cuando la raza espiritual es fuerte las cruzas de razas pueden actuar positivamente como un elemento galvanizador. Tal como vemos la antítesis exacta de lo dicho por los aludidos.

* En relación a quienes lo criticaron en vida por sus conceptos descalificatorios respecto de la raza negra, Evola aclaró que “un ‘sano racismo’ no tiene nada que ver con el prejuicio de la piel blanca; se basa esencialmente en una jerarquía de valores, en base a la cual decimos ‘no’ a los negros… en tanto que la raza negra en tal jerarquía se encuentra apenas por encima de los primitivos de Australia…. Mientras que hubiéramos estado dispuestos a admitir una superioridad respecto de los ‘blancos’ por parte de los estratos superiores hindúes, chinos, japoneses y algunas estirpes árabes a pesar de la piel no blanca de los mismos, dado aquello a lo cual estaba ya reducida la raza blanca en la época de la expansión mercantilista-colonial.” (El Arco y la Clava, pg. 35). Queda claro entonces que, en tanto el rechazo hacia la raza negra es de carácter prioritariamente cultural y no biológico, el mismo sería reversible en el caso en el cual dicho grupo racial modificara sus posturas.
Marcos Ghio

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