BREJVIK Y VENNER

 
Los grupos identitarios europeos creen haber hallado con el suicidio inverosímil y repudiable de Venner a su propio Mishima. Sin embargo, soslayando la comparación valorativa entre las dos figuras y remitiéndonos explícitamente a la del  acto de suicidio efectuado por el aludido con el seppuku, propio en cambio del samurai, hallamos diferencias sustanciales. Así en un texto anónimo aparecido en internet y que nos acercara un participante de nuestro foro se dice lo siguiente:
El seppuku, suicidio ritual del samurai, no era concebido nunca como el objeto de un ‘mensaje’ destinado a las masas (como en cambio ha acontecido con el acto propagandístico de Venner), sino que se trataba de plasmar en un hecho el imperativo de una reparación inducida por una falta cometida respecto del orden social..  Se trata del producto radical del pensamiento confuciano. Apunta esencialmente a ubicar el honor por encima de la propia vida, aceptando suprimirse para expiar una falta que puede ser propia o del superior, afirmando el valor del orden social por encima del propio yo, en sometimiento de la propia individualidad hasta el límite más extremo.  Muchas veces tal suicidio era reclamado por el propio señor para reparar una falta o de lo contrario era el primero quien por tal acto quería llamar la atención de quien se había apartado de los principios... En pocas palabras, el suicidio confuciano es totalmente ajeno al suicidio expresionista de Venner que se encuentra justamente en la antítesis del alma japonesa. El seppuku es la negación radical del individuo en cambio el suicidio de Dominique Venner es por el contrario la exaltación espectacular del propio ego”. Totalmente de acuerdo con tales conceptos, pudiendo agregar al respecto el harakiri efectuado por el mayordomo del emperador japonés que no puede aceptar que este último se democratice por sugestión del general Mac Artur, considerando que con este acto extremo podía llamar la atención de su dios.
Creemos que en estos conceptos se encuentra uno de los elementos más repudiables de tal acción. Venner ha buscado la espectacularidad, la propaganda de su idea, el anhelo exacerbado por querer pasar a la historia como el ‘Mishima occidental’. Pero agreguemos además otro hecho sustancial. Su protesta fue verbalmente contra el matrimonio homosexual, pero en realidad, hurgando un poco en su conducta, encontramos que para él lo principal es la islamización de Europa, comprendida como el producto de un segundo momento de semitización de tal continente, respecto del cual la conversión cristiana habría sido el primer paso.
Es de preguntarse al respecto un par de cosas.  ¿Por qué si la promoción de la homosexualidad concebida como un momento crucial de la decadencia occidental era el móvil principal de su acción, no buscó una alianza con el Islam que combate como ningún otro tal flagelo? ¿Y por qué, no solamente ello, sino que en toda su actividad literaria ha sido un fanático enemigo de tal forma religiosa? ¿Si un homosexual hubiera manifestado su antiislamismo y con mucha razón, lo habría aceptado en su movimiento? Recordemos el caso de Pym Fortune el famoso homosexual holandés y al mismo tiempo jefe de un partido antiislámico con grandes afinidades con el pensamiento de Venner.
Pero queremos ir más lejos todavía. ¿El rechazo de Venner por el Islam es solidario con el que debe exisir en contra de Israel y el sionismo? Pierre Labat nos recuerda al respecto que ya en 1967 Venner se declaraba a favor de Israel en la guerra de los 6 días. Pero no hay que ir tan lejos. Veamos lo que ha dicho hace poco respecto del asesino Breyvik quien también ‘protestara’ aunque no suicidándose como el aludido, sino asesinando a unas 80 personas inocentes para que Europa no se dejara islamizar y siguiera el buen ejemplo de EEUU, Israel y el sionismo, en última instancia este último, recordemos, un producto ‘europeo’. Así decía Venner comentando un texto de Richard Millet titulado Éloge littéraire d’Anders Breivik: “Personalmente el asesino de Oslo me despierta perplejidad por la acción efectuada. Aun sin aprobar tal hecho (obviamente porque de lo contrario podría haber sido imputado por apología del delito) este acto me impresiona como a Millet por superfección formal. En Realidad él ha visto en este acto de locura el síntoma de una sociedad que se encamina hacia la autodestrucción… él ha tenido la fuerza interior de describir en su amplitud el suicidio europeo que significa la inmigración.. Y ha sido necesario que un demente actuara para que ello brotara a la luz. Su acto ha sido pues la denuncia de una sociedad condenada hacia el colapso y la putrefacción.” (http://www.dominiquevenner.fr/2012/09/eloge-de-richard-millet/).
Es decir que de la misma manera de lo que más tarde hará Venner, se ha tratado en los dos casos, y este último lo hace notar, de actos que a pesar de poder a primera vista ser reputados como repudiables (¡y vaya si lo fue haberse suicidado en el principal altar de Dios en Francia, profanándolo de tal manera!) en el fondo han sido los dos positivos pues han servido para llamar la atención sobre el problema principal de Europa, que no es sin duda alguna para Venner el matrimonio gay, sino la inmigración islámica. El islamismo, de la misma manera que el catolicismo antes, representa para el pagano Venner la intromisión de un elemento espurio en la cultura europea. Por ello suicidarse ante su altar representa un agravio no sólo hacia el Islam al que denunciara con su acción, sino hacia la religión principal del occidente. ¿No preguntamos por qué no lo hizo ante el Partenón griego o ante el Coliseo, o si quería ser verdaderamente nacionalista y francés ante el anfiteatro de Arlès? Tales lugares eran más acordes con sus puntos de vista esenciales y le hubieran dado a su acción testimonial un sesgo de mayor credibilidad. En cambio haber agraviado al catolicismo francés profanando su principal templo tenía sin lugar a dudas la intención de una protesta en contra de la semitización de Europa, cristiana primero e islámica en la actualidad.
 
Marcos Ghio
4/06/13