LA GUERRA ENTRE AL QAEDA Y LA MODERNIDAD EN EL  ÁFRICA Y EL ORIENTE


SIRIA

La guerra civil siria, que confronta principalmente al Estado laico de Assad con el movimiento Al Qaeda, cuya finalidad es instaurar un califato islámico universal expulsando, del Oriente y del África, a las fuerzas de la modernidad representadas por el comunismo, el capitalismo y el sionismo, ha entrado en una fase dramática y de definiciones.
La fuerza moderna, no queriendo volver a cometer el mismo error de Libia en donde, sin quererlo, terminó de convertir a tal país en una base de operaciones del fundamentalismo en el África Occidental, ha procedido, a través de Rusia y sus amigos, a armar hasta los dientes a lo que queda del ejército de Assad completando sus contingentes con 10.000 integrantes del grupo Hezbollah, miembros de la GuardiaRevolucionaria iraní y elementos rusos que han acudido como ‘asesores’.
Este contingente posee aviones Mig de alta generación y misiles S300 capaces de destruir tanques y posiciones de combate con gran facilidad. Ante esta situación, es totalmente comprensible que los rebeldes, entre los cuales los hay también de los que creen en la democracia occidental, hayan solicitado ayuda a quien sea para hacer frente a tal desproporción de fuerzas. Si bien el movimiento rebelde es multitudinario y goza del apoyo de la amplia mayoría de la población, bien sabemos que es imposible hacer frente sin armas a un ejército altamente equipado. Recordemos al respecto los ejemplos históricos de cómo 100.000 británicos, gracias a su superioridad militar, lograron fácilmente doblegar una nación (la India) de 350 millones de almas, o aun el caso del continente americano, conquistado por un pequeño grupo de aventureros, pero con una superioridad bélica apabullante.
Llama al respecto la atención el cinismo con el cual los propagandistas de la modernidad, entre los cuales curiosamente hay ‘evolianos’ europeos (1), salgan a protestar porque los rebeldes busquen armarse con quien lo pueda hacer, incluso los EEUU y no digan nada respecto de las armas rusas recibidas por Assad. Indudablemente ellos son funcionales a tal propaganda moderna. Desean desprestigiar a cualquier precio la causa rebelde haciéndola pasar por funcional al imperialismo norteamericano, cuando lo que ha sucedido es exactamente lo contrario. Justamente por estar presente en el combate la fuerza fundamentalista de Al Nusra, una rama de Al Qaeda, los países del Occidente no han enviado ni un fusil a los rebeldes y en cambio se han encargado de declarar a tal organización como terrorista, tal como les había solicitado el régimen de Assad. En el fondo lo que ellos desearían es que este último tuviese las manos totalmente libres para masacrar a los rebeldes sin que éstos pudiesen defenderse mínimamente. Por suerte cada vez son menos los que le hacen caso a tal imbecilidad.
A todo esto, para ayudar a consolidar un poco la causa de los panegiristas de Assad, Israel ha lanzado un par de bombas en su territorio para de esta manera hacerlo pasar un poco como antisionista y así prestigiarlo respecto de la payasesca historia de su dinastía. En 1967 su movimiento, junto con Nasser en Egipto y Hassan en Jordania, armaron una parodia de guerra de 6 días por la que el sionismo logró convertirse en la principal potencia regional. Es de recordar que también en esa época se contó con las armas rusas que se le proporcionaron a tal dinastía para permitir el triunfo del sionismo. Luego hasta el día de hoy nos encontramos con 45 años de paz en los territorios ocupados con tratado incluido. Sionismo, capitalismo y comunismo no hay duda alguna de que quieren lo mismo: el mantenimiento del statu quo, ante lo cual sólo el fundamentalismo islámico es capaz de resistir.

LIBIA

Quienes habían creído que se había terminado la guerra en Libia han hallado su mentís contundente. Libia fue una etapa para terminar con el neocolonialismo en África y expulsar de allí a la modernidad. Se trataba de terminar con los regímenes laicos partícipes de la misma filosofía moderna, como el de Mubarak en Egipto, heredero de Nasser y Ataturk, y principalmente de Gaddafi en Libia, quien daba la falsa imagen de antiimperialista por sus declaraciones rimbombantes acompañadas con importantes ventas de combustible al occidente. Tal como dijera Bin Laden, para terminar con Norteamérica hay que hacerlo primero con quien aparece como su falso enemigo, el comunismo, cosa que hiciera eficientemente en Afganistán en 1989. Gaddafi era de ese estilo; si por un lado lanzaba grandes peroratas en contra de los EEUU, por el otro, además de venderles combustible a los occidentales, fue el encargado de enviar un nutrido contingente de fundamentalistas a la prisión de Guantánamo y de convertir a su país en una sucursal de las cárceles de la CIA. Elmismo manifestó que si caía se desestabilizaba el África y por extensión también peligraba Israel. Acertó sobremanera. Y esto lo acaba de reconocer el ministro francés de origen judío, Fabius, quien dijo en la semana pasada que el sur de Libia, luego de la caída de Gaddafi, se ha convertido en territorio de Al Qaeda y que fue desde allí desde donde partió la reciente expedición de tal organización que destruyó la mina de uranio de Níger, produciendo ello al occidente severos daños pues habría sido desde ella que se extraía el precioso material que permitía elaborar las prodigiosas bombas de uranio empobrecido que diezmaban a la población irakí y afgana produciendo a su descendencia daños genéticos irreversibles parecidos a las bombas atómicas de Hiroshima, aunque por supuesto que todo ello se hacía por el bien de la democracia y la humanidad civilizada. Luego de la caída del dictador libio, tan defendido por tales grupos identitarios prorusos, África occidental se ha convertido en un polvorín que se extiende a las siguientes naciones: Malí, Chad, Níger, Mauritania, Nigeria.
Tal como vemos sigue cada vez con mayor claridad la guerra de civilizaciones y sólo un ciego no es capaz ya de ver la realidad.

(1)            Nos acaban de mencionar que uno de estos especímenes encargado de distorsionar el legado evoliano, de acuerdo a las precisas indicaciones que el ex premier israelí le diera al postfascista Fini, acaba de decir en un foro que la doctrina de Evola se encuentra en las antípodas de Al Qaeda, que sería antitradicional, a diferencia en cambio del sionismo que ellos sostienen. Se les quiere recordar a tales personajes que Julius Evola en vida defendió a la Hermandad Musulmana en su lucha en contra del régimen laico de Nasser en tanto consideraba que era la vía que debía seguir un Islam que quería retornar a sus tradiciones raigales consistentes en el califato y la sharia. Hoy sus herederos europeos, por suerte que no todos, han invertido los roles, se han puesto del lado de Assad, gobernante laico y heredero de Nasser, en contra del Al Qaeda que es la herencia de la HermandadMusulmana.


Walter Preziosi