LA SEGUNDA ETAPA DE LA REVOLUCÓN ÁRABE Y EL FUTURO DEL ISLAMISMO POLÍTICO



La Revolución Árabe, en su primera etapa primaveral, que diera cuenta de distintas dictaduras existentes en países musulmanes de Asia y África a fin de instaurar la democracia, es decir el mejor y más delicioso de los sistemas que se puedan haber inventado en el planeta, ha encontrado duros escollos a apenas tres años de sus comienzos.
El primer y más importante sofocón fue en Egipto, el principal país, cuando, luego de haber dado cuenta de la tiranía nasserista de Mubarak, y al convocarse el pueblo a elecciones, no triunfaron, tal como anhelaba el ‘occidente’, los laicos y secularistas promotores de una sociedad competitiva, abierta, de consumos absolutos y estómagos saciados, sino por el contrario los dos grupos religiosos más extremos, la Hermandad Musulmana y los salafistas, que acapararon el 70 % de la totalidad de los votos. Esto hubiera sido parecido a que en países como la Argentina, u otros latinoamericanos en donde se promovieron procesos similares, luego de las caídas de sus dictaduras respectivas, en vez de haber ganado el peronismo, el radicalismo u algún otro esperpento conocido, el resultado hubiese sido que a través de la elecciones hubiese arribado al poder alguna expresión del catolicismo más ortodoxo, de esos que, del mismo modo de lo que sucediera en Egipto, hubiesen prohibido la usura, combatido la homosexualidad así como las diferentes expresiones de degeneración a nivel cultural y social que se consumen a diario a través de los medios masivos de difusión. Por ello ha sido muy diferente el fenómeno de la Primavera democrática en el mundo musulmán que en el católico de América Latina, países estos últimos en los que, como bien sabemos, el fenómeno religioso resulta afectado por el virus disolvente del güelfismo y el protestantismo. Y esto es lo que explica que en el Medio Oriente, ante tal proceso gravísimo para sus intereses, la modernidad, que en sus comienzos diera su apoyo a la caída de los distintos tiranos encargados de mantener el statu quo en tal región, aunque a costa del prestigio respecto del mejor de los sistemas posibles, improvisamente se diera un drástico movimiento de timón. Así pues, del mismo modo que se renunció a respaldar un proceso similar iniciado en Siria abandonando a su suerte al movimiento rebelde, en Egipto, en donde el ‘error’ ya había acontecido, para subsanarlo se promovió en cambio un golpe de Estado. Previo a ello y para prepararlo adecuadamente, sus diferentes aliados en la región actuaron cumpliendo órdenes muy precisas; así pues los ‘Emiratos’ del Golfo, en manos de oligarquías petroleras, suspendieron sin previo aviso la venta de combustible a Egipto generando de este modo una crisis energética de grandes proporciones que produjo entre la población movimientos de protesta que alcanzaron niveles importantes aunque agrandados enormemente por la prensa servil. Estos mismos fueron aprovechados para brindar ante los medios la imagen falsa de un gran descontento popular ante el gobierno de Morsi. A su vez es de destacar que uno de los errores principales del mismo fue el de no haber desarticulado el aparato militar proveniente del período anterior. Estos militares fueron los que finalmente dieron el golpe de Estado, aunque contando para ello con la previa anuencia de distintos gobiernos como el norteamericano, el de Rusia y de Israel quienes por diferentes medios enviaron señales de aliento aunque con cierto disimulo a fin de no perjudicar la causa de los golpistas. El único que no pudo ocultar su alegría ante tal acción fue el tirano Assad quien manifestara exaltado que con este golpe se terminaba con el Islam político. Con esto Assad, sin quererlo, demostró su condición de siervo absoluto del Estado de Israel y las razones últimas por las cuales, sea su gobierno como su dinastía, mantuvieron una situación de paz permanente durante casi 50 años en las fronteras del Golán. De manera inmediata, en concordancia con la alegría antes mentada, la entidad sionista manifestó su intención de dialogar y aun conceder territorio a los palestinos, pero lo condicionó a la salida de escena de Hamas, es decir del Islam político ‘derrotado’ de acuerdo a los dichos del aludido asesino. Esto explica además por qué el nuevo régimen militar egipcio ha emprendido una acción de enjuiciamiento de Morsi, cuyo paradero hoy se desconoce, acusándolo de complotar con Hamas. Recordemos que esta organización, a diferencia de la laica Al Fatah, amiga entre otros del tirano Assad, sostiene la eliminación lisa y llana del Estado sionista. Es decir en esto es en donde se encuentra una de las diferencias esenciales que existen entre el Islam político y los movimientos árabes laicos herederos de Nasser y Ataturk. Mientras que los primeros quieren un sistema fundado en la propia religión y valores, los segundos son en cambio modernos y en el fondo no se encuentran en antagonismo con los principios sustentados por el sionismo que, como los propios, son también laicos y modernos.
Los hechos que se perfilan son ahora los siguientes. La Hermandad Musulmana en Egipto ha convocado a manifestaciones multitudinarias, las que superaron con creces a las de apoyo solicitadas por el general golpista Al Sisi, las que se redujeron solamente a la plaza de Tahir en El Cairo, mientras que las de la Hermandad lo fueron en todo el país. Es de destacar al respecto que las mismas fueron reprimidas con sangre habiéndose llegado ya al millar de muertos sin por supuesto recibir ninguna condena de los gobiernos democráticos y libres, ni de la grotesca Naciones Unidas, ni menos aun hemos escuchado alguna mención especial de tal hecho por parte del nuevo ‘papa’ cuya actividad hoy se encuentra reducida, en manera multiplicada respecto de sus predecesores, a meras acciones de demagogia e intrascendencia.
Ante esta situación de franco tenor revolucionario cabe hacer algunas acotaciones esenciales. Si bien el Islam político es un movimiento que, habiéndose gestado en Egipto en 1929, se fue luego expandiendo a todo el universo de tal religión hasta llegar a convertirse en multitudinario, en el mismo se fueron desarrollando dos sectores diferentes. Aquellos que -y tal sería el caso del depuesto presidente Morsi- consideraron que era posible usar la democracia para hacer la revolución. Y al efecto, en manera prudencial, en los escasos meses en que estuvo en el poder, el aludido llegó a imponer la ley islámica o Sharia como obligatoria, se convirtió en el respaldo y sostén del régimen de Gaza a cargo de Hamas y apoyó abiertamente a los rebeldes en Siria entre otras cosas. Tal actitud sin embargo le costó el cargo puesto que, le decían sus críticos desde el lado del islamismo radical, estas cosas solamente se pueden hacer y tener éxito destruyendo previamente las estructuras en que se sustenta el sistema y principalmente depurando y refundando su ejército. Ésta era la posición de Al Qaeda, manifestada abiertamente por Al Zawahiri quien polemizara al respecto sea con Hamas como con la Hermandad manifestando que el Islam sólo podía triunfar por la revolución y al respecto lo recordaba al principal doctrinario que tuviera la Hermandad, Sayid Qtub cuando dijera que ‘Islam y democracia son conceptos antitéticos’.
Esta posición es paradojalmente la que ha terminado triunfando en el seno del islamismo radical luego de lo acontecido en Egipto. Ya ha quedado en claro en todas las líneas que no hay diálogo posible con el sistema y que la única forma viable hoy en día de cambiar las cosas es la revolución, pues para terminar con el ‘occidente’ en el propio suelo hay que terminar también con las formas que éste ha querido imponer: la democracia, el Estado laico y su respectivo nacionalismo.
Esta postura donde mejor se exterioriza hoy en día es en Siria. Nada de lloriquear porque el ‘occidente’ no envía armas. Mejor así. Para hacer la revolución, con las propias fuerzas es suficiente. Y las armas que faltan las proveerá el mercado negro y los secuestros ilegales de occidentales retomando el viejo adagio de Lenin, aunque en un contexto radicalmente opuesto, de que el capitalismo creará a su sepulturero. En Siria, falanges de combatientes de todos los países árabes concurren multitudinariamente para abatir al régimen occidental sostenido ya abiertamente por rusos, chinos, norteamericanos, europeos (y entre éstos esos especímenes nazi-sionistas que realizan desvergonzadas manifestaciones de apoyo a Assad en el propio continente al mismo tiempo que no hacen ninguna en contra de la participación de sus países en la guerra de Afganistán). Los resultados son a todas luces arrolladores. Las fuerzas del tirano, aun con el apoyo de un sector traidor de la milicia chiíta de Hezbollah, han debido retroceder luego de un momento de sorpresa originado por la presencia de estos últimos en la frontera con Líbano. En el día de anteayer fue tomada la localidad de Al Sahal muriendo en tal acción 120 soldados asadistas, tal como se muestra en un reciente video propalado por nuestra Agencia, quedando así la totalidad de la región de Aleppo en manos rebeldes. Mientras tanto, a raíz del ostensible abandono que el ‘occidente’ ha efectuado de tal movimiento, la posta y dirección del mismo ha sido tomada por las organizaciones hermanas y referentes de Al Qaeda en la región, el Frente Al Nusrah y el Estado Islámico en Irak y el Levante. Es de destacar a su vez que este último en la semana que ha pasado ha logrado propinarle un golpe demoledor al régimen títere de Maliki, impuesto por Irán y los EEUU, liberando en un asalto combinado a dos prisiones a mil presos de Al Qaeda varios de los cuales se dirigieron de manera inmediata a Siria para continuar con la revolución victoriosa.
Como corolario digamos que el doctinario sionista Samuel Pipes ha manifestado en una nota reciente su gran preocupación por un fenómeno que según él (y es cierto) está sucediendo en el mundo árabe en una región en la cual, para una mayor seguridad de sus intereses especialmente petroleros, el ‘occidente’ ha instalado un Estado tapón, Israel, de la misma manera que lo son las Malvinas en nuestra región. Acepta el hecho de que el fundamentalismo islámico es un acontecimiento masivo y que se encuentra en un proceso de franca expansión, pero tranquiliza a sus asustados lectores en el sentido de que tal cosa va a terminar mal del mismo modo que el panarabismo laico de Nasser y Ataturk que también buscaba la unidad del mundo árabe pero que terminó fracasando por las luchas internas. En este caso nos dice que el antagonismo entre sunitas y chiítas, expresado hoy en la lucha que Al Qaeda y Hezbollah llevan a cabo en Siria, va a terminar una vez más con el fracaso de tal proyecto. Nosotros al respecto queremos terminar esta nota diciendo que tal cosa no va a ser así de ninguna manera. Los chiítas, que son una minoría en el mundo islámico, tarde o temprano van a terminar cambiando su postura y buscando una unidad con sus rivales sunitas en contra de un enemigo común. Así como no ha sido la totalidad de Hezbollah la que aceptó ingresar a la guerra siria respaldando a un tirano laico, pues un sector importante de tal movimiento, expresado en la figura de uno de sus fundadores, se opuso a tal acción, en Irán ha acontecido lo mismo respecto de quienes, apartándose de la justa línea sustentada por el ayatollah Khomeini aceptaron pactar con los dos grandes Satanes: con EEUU en las invasiones de Irak y Afganistán, del mismo modo que lo hacen ahora con Rusia en Siria. Con seguridad las cosas cambiarán significativamente, en especial con la pronta salida del poder del actual régimen de Ahminadejad. Por lo cual no creemos que sea lo que nos dice el Sr. Pipes.