CONTINÚA EL DEBATE CON LOS 'ALTERNATIVOS'

 

Recordarán nuestros lectores una nota anterior publicada en el nº 69 en la que refutábamos un artículo vertido por la revisa autotitulada 'alternativa', Ciudad de los Césares, (pero que, tal como hemos dicho varias veces, no es alternativa a nada y forma parte sin más del sistema) producido por Carlos Dufour (alias Lastarria) quien una vez más intentaba, con muy poca suerte de su parte, refutar el pensamiento tradicional de Evola y Guénon.
Pues bien, en su última producción, nos referimos a su nº 100, su director acaba de volver sobre el tema. Soslayando los agravios personales que nos dedica y de los cuales una vez más no pensamos ocuparnos, iremos a los puntos esenciales de esa nota. Robertson reconoce que Dufour se ha de algún modo excedido en las críticas realizadas, habiendo acudido a un cierto fanatismo cientificista que lo caracteriza habitualmente y que con tales actitudes podría haber distraído al lector de ciertos aspectos valorables de su crítica al pensamiento evoliano. No sabemos si es por esto que esta vez lo ha puesto en penitencia derivándolo a la redacción de un monótono cuento en el que demuestra también su escaso talento literario. Lo que en cambio sería valorable, según Robertson, de la crítica de Dufour es el habernos demostrado que tal escuela de pensamiento posee una visión dogmática respecto de la modernidad en relación a la cual no es capaz de señalar sus aspectos positivos rechazándola toda en bloque en manera uniforme. Como en este punto no nos detalla cuáles serían esos elementos según él rescatables, lo dejamos totalmente sin contestar esperando que alguna vez se nos digne de hacernos alguna alusión. Recordamos eso sí que en algún momento el aludido ha hecho una defensa de la democracia, la que según él era una consigna superior al concepto de casta sustentado por un orden tradicional. Pero insistimos, como eso ha sido solamente una expresión de deseos vertida tan sólo verbalmente la dejamos sin contestar a la espera de que el autor nos profundice sus aseveraciones.
La segunda parte de su crítica en cambio merece algún comentario. De la misma manera que su colaborador Dufour, Robertson nos enfatiza en el hecho de que un mundo como el tradicional que ha criticado vehementemente al moderno por ignorar la superioridad y existencia del plano espiritual en cambio, cuando se ha visto enfrentado por éste ha sido derrotado y de manera por demás estrepitosa. Pensemos por ejemplo en la conquista de la India por parte de unos escasos regimientos británicos, o la de América azteca e incaica efectuada por pequeñas bandas de aventureros españoles, o más recientemente, y es el caso recordado también por Evola, en la Segunda Gran Guerra, cuando una civilización tradicional como el Japón no pudo doblegar a los EEUU mediante la utilización de un arma tan tradicional como el kamikaze. Al respecto Robertson supone que para Evola ello sería el resultado de la decadencia y del final del ciclo. Pero queremos resaltar que tal cosa no es así de ninguna manera. En tanto nuestro autor no es fatalista, tal como se ha demostrado varias veces, él considera que el fin de un ciclo y el pasaje a uno nuevo sólo podrá sobrevenir a través de una guerra heroica en la cual el orden tradicional doblegue victoriosamente al moderno, puesto que no será ni fatal ni mecánico el hecho de que a una edad del hierro como la actual le sobrevenga una del oro. Y al respecto el arma del kamikaze, que Evola analizara en el caso del Japón, continúa siendo el instrumento apropiado para dar cuenta del mundo moderno. Ahora bien, habría que preguntarse por qué fracasó en el caso del Japón y ahora en cambio está dando espectaculares resultados en los distintos frentes de combate en los que el movimiento tradicional, en este caso a través del fundamentalismo islámico, se ha visto comprometido. Ello se debe a una razón fundamental, a que el orden moderno ha incrementado su crisis terminal por lo cual el movimiento kamikaze que en la experiencia japonesa fuera apenas algo perteneciente a una pequeña minoría escogida de aviadores, ahora es en cambio un fenómeno masivo. ¿Y cuál es la razón de este cambio de perspectiva? No existe una sola, sino varias, pero un autor pakistaní, declarado enemigo del movimiento talibán por lo que su obra adquiere un mayor grado de objetividad, Ahmed Raschid, en su texto Descenso al caos, nos da una clave interesante. El tremendo régimen de torturas y asesinatos indiscriminados de pobladores implementado por los EEUU y el occidente en general en sus invasiones a tales países ha incrementado, un poco por fe y otro por desesperación, el crecimiento de tal fenómeno en modo tal que hasta la persona más apegada a la vida ha visto en tal tipo de experiencia un modo de salir de una situación desesperante. No es por lo tanto en modo alguno por la eventual superioridad de la religión islámica respecto del buddhismo japonés, sino simplemente lo que ha primado ha sido la situación vivida incrementada por el aumento de la represión por parte de un sistema que percibe su colapso irreversible. Esta arma poderosísima no tiene parangón alguno con ninguna de las más sofisticadas en manos del tecnológico poder moderno el cual ha creado una nueva para producir tal confrontación irreversible que es el drone. La guerra entre modernidad y tradición puede sin más decirse hoy en día que es el combate entre el drone y el kamikaze; de la máquina, expresión más elevada y propia de la degeneración moderna, en contra del hombre incrementado en este caso en un estado de plenitud espiritual para el cual la simple vida es apenas un tránsito pasajero. Por supuesto que el moderno intentará desprestigiar todas las victorias producidas por el mundo tradicional, tal como viéramos en la nota anterior por parte de Dufour que consideraba alocado no creer en las versiones oficiales y oficiosas del montajismo respecto del victorioso 11S. Pero eso es un capítulo de la guerra de civilizaciones que, como dijéramos es también psicológica.
En fin, si bien Evola ha denunciado la inanidad del procedimiento kamikaze implementado por Japón en la última gran contienda, no lo ha excluido totalmente y no tuvo tampoco la posibilidad de ver en vivo como nosotros experiencias superiores de tal tipo efectuadas por el fundamentalismo islámico entre otros eventos un famoso 11S. Movimiento este último tradicional que nuestro autor valorara especialmente en su antecedente expresado por la Hermandad Musulmana.
Para terminar la nota y a fin de ilustrar a nuestros contradictores respecto de tal experiencia y humanidad superior valga aquí lo declarado recientemente por el movimiento talibán afgano en ocasión de la muerte heroica de su par pakistaní, Shaheed Naseeruddin Haqqani.
O Hermanos de Allah. El martirio es un estado tan bendecido que sólo los más honestos y sinceros son bendecidos para alcanzar esta posición. El martirio es una recompensa que se otorga al mejor Mujahideen y de hecho es el máximo objetivo de todo Mujahideen que desea alcanzar el placer de su Señor a costa de sacrificar sus vidas en Su sendero y, a cambio de ser galardonado con el Jardín del Paraíso. 
O musulmana nación Mujahid! Hoy, como nuestros hermanos valientes se dedican a proteger a nuestra nación de los ocupantes extranjeros, Allah (SWT) a cambio de sus martirios y sacrificios convirtió esta tierra en un campo de batalla histórico en el que se nos concedieron victorias estratégicas contra los agresores. Tales victorias sobre nuestros enemigos, a pesar de sus capacidades tecnológicas y militares, hacen que hoy éstos se encuentran en una pérdida sobre la manera de escapar y han perdido su estatus como superpotencia.
O Hermanos! El camino de la yihad es un camino de sacrificio y valentía.  Shaheed Naseeruddin Haqqani no fue ni el primer mártir de nuestra familia ni tampoco será el último. De hecho, toda la familia Haqqani se dedica a la yihad y el martirio. Buscando el martirio durante la campaña por la supremacía del gobierno islámico y la defensa de nuestra amada nación es el deseo más ardiente de la familia Haqqani. Yo mismo, al enterarme de los martirios de nuestros muyahidines, estoy abrumado por el deseo de obtener este estatus elevado. He pasado gran parte de mi vida deseando la hora en que yo podría llegar a este elevado estado. Alhamdulillah tú y yo somos musulmanes y como musulmanes nos encantaría alcanzar el martirio tan ardientemente como los no creyentes aman las comodidades de este mundo. 
O afganos musulmanes y querido Mujahideen! Nuestra nación se ha esforzado durante las últimos tres décadas y media sacrificando con el fin de establecer la supremacía del gobierno islámico en nuestra tierra. Su valentía y sangre derramada para lograr este fin son muy preciosos para nosotros. Ustedes y yo debemos respetar sus sacrificios. Sólo podemos respetar sus sacrificios y martirios, trabajando para lograr la implementación del gobierno islámico y siguiendo los mandamientos de la ley islámica sublime. Y al mantener nuestros frentes de batalla unidos en torno a la dirección de Amir ul Mu'mineen Mullah Muhammad Omar Mujahid, obedeciendo las órdenes de nuestros líderes, y al trabajar por la prosperidad de nuestra nación agraviada. 
O Hermanos! El martirio de nuestros muyahidines en su lucha contra los agresores es una señal de nuestra victoria y no de nuestra derrota. En efecto, los signos de nuestra derrota será nuestra desviación de este camino y nuestra traición a la sangre derramada. Que Allah (SWT) nos proteja y toda la comunidad musulmana de esas desviaciones. 

Marcos Ghio