RACISMO SUPREMACISTA Y DIFERENCIALISTA
A PROPÓSITO DE UNA NOTA DE FRANZ Y FRITZ



Hemos tratado en varias oportunidades el tema relativo al racismo intentando demostrarle sea a los que son antinazis izquierdistas como a ciertos pretendidos evolianos, que en el fondo concuerdan con éstos aceptando el pretendido nazismo de Evola, que dicho autor, en tanto filósofo de la libertad, nunca aceptó ninguna forma de determinismo. Así pues no fue marxista porque no consideró que la economía sea el destino del hombre, no fue historicista porque tampoco aceptó que el ser humano, al que eleva a la categoría de individuo absoluto, sea un producto del devenir histórico, y no fue tampoco nazista porque no consideró nunca que la raza ni el color de piel de las personas sea lo que determine lo que uno es.
Pero sostener tal cosa no debe significar sin más que Evola, quien por otra parte se ocupó del tema del racismo durante el período de la preguerra, sea antirracista o que niegue la existencia de las razas humanas tal como se intenta realizar desde distintos organismos mundialistas. Lejos de considerar tal cosa, opina que las razas existen y que es lícito, en especial en épocas de profunda decadencia como la actual, mantener la integridad de las mismas e impedir los mestizajes que terminarían incrementando tal situación. Por ello, a fin de evitar en el futuro confusiones, sería correcto hablar aquí de dos tipos de racismo, el sustentado por Rosenberg, que a su vez deriva de Gobineau y Chamberlain, que sostiene el supremacismo de una raza sobre las restantes fijando una forma de determinismo de las mismas sobre la persona humana, o el diferencialismo, expresado por Evola, para el cual, aun aceptando la existencia de éstas, no se considera que haya alguna de ellas que por razones relativas al origen o al color de la piel sea superior a las otras. La raza o el cuerpo físico condicionan al hombre pero no lo determinan en manera alguna. Es en última instancia el espíritu, en tanto se trata de una dimensión superior, lo que prima sobre lo físico y no al revés como sostienen los supremacistas. De allí el concepto de raza del espíritu, concebido por Evola como expresión de libertad, operando como un a priori, como un modelo formativo,  como una jerarquía de valores que puede en determinado momento de la historia ser expresada mejor por un cierto grupo racial que por otro y así sucesivamente.
Citamos aquí al respecto, con la finalidad de establecer claras diferencias entre estas dos formas antitéticas de racismo, dos textos, uno de un conocido autor  de clara adscripción al nazismo como Miguel Serrano y otro del mismo Evola que es una réplica a unas acusaciones que le dirigía el poeta marxista italiano Salvatore Quasimodo, ex premio Nobel, quien le achacaba de odiar a los negros por razones racistas desde una perspectiva supremacista.
Dice Serrano refiriéndose a Evola: "Ya he explicado en mi libro último mis sospechas sobre el mismo Evola y Clauss, por exponer sus tesis “tradicionalistas” y “psicoetnológicas”, de las “razas del alma”, “del espíritu”, etcétera. En verdad no existe más que una raza que pueda expresar eso que estamos llamando Espíritu Hiperbóreo, y ésta es la raza blanca nórdica y la sangre nórdica aria; porque sólo ahí se puede expresar el Espíritu, así como en un violín estradivario se puede ejecutar mejor a Bach. Y el mongol por ejemplo, no es más que una mezcla racial inferior del animal hombre, del negro con el amarillo; a los más, del amarillo con el blanco. Y ahí jamás encarnará el “Espíritu Hiperbóreo”. “Mirémonos de frente” decía Nietzsche, “¡nosotros somos hiperbóreos!”, Bueno, mirémonos en un espejo y ahí sabremos si pertenecemos a la raza blanca aria, o si somos mongoles, mestizos de indios, o bien mulatos." (Carta de Miguel Serrano a Felipe Moyano)
Más allá de los errores conceptuales y de información aquí vertidos, como el de considerar que los hiperbóreos hubiesen sido blancos originariamente o que Nietzsche hablara de éstos en un sentido biológico, es interesante corroborar lo aquí dicho en el sentido de que, de acuerdo a su punto de vista, sólo la raza blanca sería poseedora de Espíritu, cosa que en cambio no sucedería con los negros, los judíos, los mogoles, etc.
De opinar del mismo modo que Serrano es lo que en el fondo lo acusaba Salvatore Quasimodo a Evola y al respecto éste le contesta con una respuesta que se podría también aplicar al anterior texto.
"Un literato con pretensiones intelectuales, Salvatore Quasimodo, repudiando las ideas “racistas” expuestas por nosotros, nos ha acusado entre otras cosas, de contradicción porque, mientras estamos en contra de los negros, tributamos un reconocimiento a los amerindios. Él no sospecha que un “sano racismo” no tiene que ver con el prejuicio de la “piel blanca”; se trata esencialmente de una jerarquía de valores, en base a la cual decimos “no” a los negros, a todo lo que es negro y a las contaminaciones negras (las razas negras en tal jerarquía se encuentran apenas por encima de los primitivos de Australia, de acuerdo a una conocida morfología corresponden principalmente al tipo de las razas “nocturnas” y “telúricas”, en oposición a las “diurnas”), mientras que hubiéramos estado sin más dispuestos a admitir una superioridad respecto de los “blancos” de los estratos superiores hindúes, chinos, japoneses y de algunas estirpes árabes a pesar de la piel no blanca de los mismosdado aquello a lo cual estaba ya reducida la raza blanca en la época de la expansión mercantilista-colonial." (El arco y la clava, pg. 35).
Es decir queda perfectamente en claro, a partir de este texto citado y que podría ser multiplicado por muchos otros, que no existen para Evola en la actualidad razas superiores como en cambio sostienen el nazismo y Serrano; en todo caso hay razas diferentes. Su rechazo por lo negro tiene que ver con una jerarquía de valores en tanto que, mientras él vivía, la raza negra no había producido nada importante. Ahora por supuesto debemos decir que con seguridad cambiaría de opinión al constatar que es entre sectores de tal grupo étnico, como el fundamentalismo de Shabaab y Anshar al Islam en Somalia y Malí, en donde se han producido algunas de las principales reacciones en contra del mundo moderno, el cual es por el contrario difundido mayoritariamente, antes como ahora, por exponentes de la raza blanca.
Lo anteriomente manifestado viene al caso en ocasión de haberse recientemente publicado por Internet un texto de réplica a dos notas de nuestro colaborador Julián Ramírez editadas en el número anterior de esta misma publicación. En la primera de ellas se hacía notar que para Evola el racismo era una cuestión secundaria y el haberse ocupado de tal tema fue un mero ‘paréntesis’, según sus mismas palabras, y en el segundo se manifestaba que en el final de sus días, luego de haber intentado efectuar varios proyectos rectificatorios del rumbo de los tiempos en los que le tocara vivir a fin de establecer un retorno hacia un orden tradicional y normal, expresó su pesimismo respecto de las posibilidades existentes. Ramírez con mucho tino nos dice que luego de los acontecimientos surgidos el 11S del 2001 y el consecuente inicio de la guerra de civilizaciones podríamos considerarnos en cambio optimistas. Un autodenominado ‘Colectivo J. Evola’, pero que según nos consta está compuesto por dos personas bautizadas en nuestro ambiente como Franz y Fritz, puesto que, si bien de origen hispano, tienen una fanática obsesión con la ideología de Rosenberg y respecto de los cuales ya habláramos en otras oportunidades (1), considera que no es para nada así. Que el racismo, a pesar de sus dichos en contrario, es esencial en el autor italiano y que hay que ser europeo como ellos y de piel blanca para poder llegar a ser poseedores de espíritu hiperbóreo o solar e incluso aconsejan a los que no son así que no hagan esfuerzos inútiles en contrario y se atengan a la propia naturaleza que, como una ley irreversible, los obliga a carecer de sus mismos privilegios. Es decir, opinan exactamente igual que Serrano, un discípulo declarado de Rosenberg, pero del mismo modo que el dúo homónimo que divertía a los oyentes radiales de la Alemania de preguerra, acuden a parodiar y dicen que también para Evola sólo los blancos como ellos son de origen divino y que los otros cuanto más son lunares, es decir seres meramente psíquicos como los de raza amarilla, judía y bronceada y que los negros en cambio no serían, tal como aquél nos decía, seres humanos que transitan en el peor de los casos por una jerarquía inferior de valores, sino directamente animales-hombre, una vez más utilizando hasta la misma terminología de Serrano y Rosenberg. Sin embargo siempre dijimos que estos últimos, a pesar de las discrepancias, eran personas serias y coherentes pues lo criticaban a Evola por no opinar así, Franz y Fritz, como buenos cómicos, en cambio hacen piruetas verbales para demostrarnos lo contrario, forzando todos los textos que citan, recortándolos a su antojo. En vez de tener una visión de conjunto del autor como muy bien hacía Serrano, ellos emprenden una tarea de búsqueda desaforada para ver qué pasaje pueden tijeretear a fin de hacerle decir lo mismo que Rosenberg. Es una cosa sumamente curiosa cuando no divertida lo que realizan tales personajes. Y es interesante al respecto constatar con asombro la manera cómo asimilan, casi como si se tratase de una misma cosa, lo hiperbóreo, con lo ario, con lo indoeuropeo  y aun con lo europeo actual, haciendo una verdadera ensalada de palabras al mejor estilo delvaudeville. Cuando es sumamente claro y obvio que Evola expresa cosas muy distintas en la utilización de todos estos términos. Por ejemplo, al hablar de lo hiperbóreo se está refiriendo a una raza divina ya inexistente cuya contextura física es totalmente distinta de la humanidad actual, en tanto incluso carece de huesos. Por lo cual su herencia física no sería hallable propiamente en ninguna de las que hoy existen, y cuando habla de lo ario, citándolo al Buddha, se refiere a otra también inexistente diciendo claramente que era una raza cuyo color de piel era dorado, no blanco y que medía más de dos metros de estatura. Nosotros le hemos hecho notar a Fritz en otra oportunidad que en última instancia, si lo tuviésemos que medir por los caracteres físicos, los negros, cuya estatura es hoy en día mucho más pronunciada que la de los blancos, tendrían una mayor descendencia de los arios que los actuales europeos. Todas estas cuestiones, en última instancia irrelevantes que podrían mantenernos en el terreno de lo jocoso por el cual nos obligan a transitar los aludidos personajes, nos hacen poner serios en el momento en que leemos la última parte de su reciente nota. Allí es donde vemos su verdadera intencionalidad. Se trata de desprestigiar por cualquier medio al propio alcance a la única fuerza que hoy hace frente al mundo moderno sustentando valores tradicionales como la supremacía de lo sacro sobre lo profano y del Estado inspirado en tales principios por sobre la simple masa o nación. Es decir la única fuerza propiamente antimoderna que hoy existe y que haría rectificar propiamente a Evola del estado de pesimismo con el cual nos dejara. Su existencia hecha pública en septiembre del 2001 pero ya precedida por acciones victoriosas como la revolución iraní de 1979, la victoria Mujaidín en Afganistán en 1989, la de Somalia en 1993 y aun las que se sucedieran luego del 2001, lo obligarían a corregir lo acotado en su texto laudatorio sobre la Hermandad Musulmana respecto de la cual lamentaba sus desviaciones hacia el marxismo. Habría notado en cambio que se plasmaban con tales hechos las profundas profecías del fundador de tal movimiento en el sentido de que el Islam fundamentalista era una fuerza abiertamente antimoderna dispuesta a destruir tales anomalías. Descalificar a tales expresiones porque no son blancas, es decir según ellos provenientes de razas lunares y psíquicas, como hacen los aludidos cómicos, manifestar que no es a través de las grandes religiones, a las cuales Evola siempre les manifestó una atención muy especial en una cantidad de textos cuyas citas serían aluvionales, desde donde puede producirse un proceso rectificador, ingresa ya en el terreno de la frivolidad cuando no de la mala fe. En realidad tales personas, si bien manifiestan que lo siguen a Evola en su faceta pesimista, en el sentido de que no habría ya más nada que hacer y por lo tanto hacen suponer que hay que abandonarse pasivamente a los hechos, por el otro, al menos en el caso de Franz es así, han expresado abiertas y entusiastas adhesiones a figuras modernas y antitradicionales como Marine Le Pen y Putin. La primera de ellas ha convocado abiertamente a luchar en contra del fundamentalismo islámico en nombre del Estado laico, el segundo con una orientación similar convoca a una nueva Cruzada en contra del fascismo. Amén de que ambos sostienen la necesidad de que siga existiendo el mismo Estado de Israel, uno de cuyos líderes expresara tiempo atrás que era indispensable destruir la herencia de Evola; esto es justamente lo que hacen los aludidos pseudoevolianos que de este modo demuestran también cómo se puede ser simultáneamente nazis y sionistas.
(1) http://www.juliusevola.com.ar/El_Fortin/72_1.htmhttp://www.juliusevola.com.ar/El_Fortin/70_2.htmhttp://www.juliusevola.com.ar/El_Fortin/67_1.htm;http://centroevolianodeamerica.blogspot.com.ar/2014/01/evoliticas-las-personas-que-nos-han.html
Marcos Ghio