SIRIA: LAS GUERRAS DE AL QAEDA


La semana que ha pasado nos ha traído una serie de hechos sumamente significativos relativos a los acontecimientos de la guerra civil en Siria. Por un lado, a un nivel más ostensible y público, hemos tenido el inicio de la serie de reuniones para la paz en la ciudad de Ginebra con la participación, junto a las principales naciones extranjeras comprometidas en la contienda, con la salvedad de Irán, de los dos sectores en pugna: los rebeldes, pero en su versión pro-occidental, y los representantes de Assad. Estuvieron por supuesto ausentes de la misma quienes son quizás los principales protagonistas, las distintas vertientes en las cuales se divide actualmente el fundamentalismo islámico y que representan sin lugar a dudas la fuerza operativa principal en dicha guerra. Fue interesante constatar aquí lo siguiente: 1) Los pretendidos rebeldes presentes en tal reunión no representaban sino una mínima expresión de la insurgencia por lo cual cualquier acuerdo que se hubiese podido lograr, al no estar allí presente la fuerza principal, carece de cualquier tipo de legitimidad y eficacia. 2) Aun así los dos sectores presentes en la reunión no pudieron ponerse de acuerdo en lo esencial consistente en saber cuál es la mejor manera de poder mantener el statu quo que viene rigiendo en la región desde la constitución del Estado de Israel. Si los norteamericanos consideran que es la democracia el medio adecuado para ello y opinan que el régimen tiránico de la dinastía de Assad es el mejor caldo de cultivo para el fundamentalismo, este último en cambio opina que para esto debe existir un régimen fuerte y dictatorial y al respecto insiste en  recordarnos la reciente experiencia egipcia. Cuando al pueblo se lo dejara elegir libremente la consecuencia de ello fue que por vía electoral subiese al poder no un partido de carácter democrático y ‘progresista’, sino uno fundamentalista que impusiera la Sharia y pusiera en severo riesgo la estabilidad de Israel en el Sinaí. Y esto solamente se pudo evitar con la decisión de un régimen fuerte, es decir con un golpe de Estado que aplicara los mismos procedimientos de Assad en Siria.

Pero el problema principal no se dirime en Ginebra, sino en la misma Siria. Aquí han sucedido cosas muy significativas e importantes. Por un lado los grupos fundamentalistas han entrado en colisión entre sí en la búsqueda de un liderazgo. Esto por supuesto en una primera instancia lo ha terminado favoreciendo a Assad quien ha podido salir de su posición defensiva y contraatacar. Sin embargo debe destacarse aquí que, si bien los combates entre dichos grupos llegaron a alcanzar en algunos casos una vasta proporción, las fuerzas lealistas no lograron en manera alguna sacar frutos significativos de tal hecho favorable. La ciudad de Aleppo, el principal bastión rebelde sigue estando en sus manos y los únicos progresos han podido hacerse en pequeñas localidades de alrededor. En esta cuestión es importante destacar las recientes declaraciones del líder de Al Qaeda, Al Zawahiri, instando a los distintos grupos islamistas, tres de los cuales reconocen abiertamente su liderazgo, a cesar en sus combates internos. A este hecho debe asociarse también la significativa declaración de un alto funcionario del servicio de inteligencia israelí, aparecida en AP y publicada por esta Agencia, en donde se reconoce la presencia de 30.000 jihadistas provenientes del exterior en territorio sirio, lo cual exigiría un replanteo de su país respecto de la política a adoptar en relación a tal conflicto. Assad indudablemente no es ángel de devoción del régimen judío concordando en esto en mucho con Obama que también y por otras razones preferiría uno de carácter democrático, sin embargo siempre va a ser mejor cualquiera de estas dos opciones antes que Al Qaeda. Esta organización, tal como sabemos no se remite meramente a lanzar diatribas en contra de Israel, sino que organiza ataques a su territorio y principalmente sostiene la lisa y llana desaparición de tal Estado. Afirma además, en tanto es movilizada por fines extranacionales, que el problema no pasa tanto por desplazarlo a Assad del poder en Siria, sino por reconquistar los territorios palestinos. Que en última instancia la victoria en la guerra civil es un paso previo a tal fin ulterior. El aludido funcionario formula además consejos precisos respecto de lo que debe hacer Israel en lo sucesivo para poder sobrevivir. El punto central pasa por concentrar las baterías en contra de Al Qaeda sin que ello signifique públicamente dar un respaldo expreso a Assad pues el mismo lo desprestigiaría ante fuerzas que, aun apoyándolo, se declaran como antisionistas. Es de destacar el reciente desbaratamiento de células de Al Qaeda en la ciudad de Jerusalén y en el vecino Sinaí en colaboración con la dictadura militar egipcia… apoyada por Assad.
Pero lo fundamental de todo esto es que ninguna de estas medidas ha logrado aminorar la ofensiva fundamentalista en la región. Lejos de debilitarse resulta ser justamente el sector más duro de Al Qaeda, el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL o ISIS) el que se consolida ocupando ya toda la región este que limita con Irak. Se ha sabido ya de la implantación de una forma extrema de la Sharia, cuyas reglamentaciones aquí reproducimos, implementada en varias ciudades. No podemos imaginarnos el horror que les causaría a nuestras corrompidas sociedades modernas un orden de tal tipo. Es a partir de este hecho cómo se puede entender el conflicto entre los sectores islamistas. Los hay moderados y nacionalistas por un lado que han puesto como eje la conquista del poder en Siria y en tal sentido se encuentran dispuestos a negociar con diferentes sectores. Esta línea al parecer es hoy compartida por Al Zawahiri que brega por una gran alianza entre todos los grupos islámicos subordinando en función de ello la aplicación de ciertas medidas que puedan resultan hirientes para algunos. Este conflicto entre tácticas dispares ya había aparecido cuando aun viviera Al Zarqawi al cual el fallecido Bin Laden le reprochaba por sus incesantes ataques a la comunidad chiíta. Si las cosas debieran juzgarse por los resultados obtenidos indudablemente el ISIS ha terminado favorecido por tales conflictos internos y al mismo tiempo, y lo principal, ello ha sucedido respecto de los mismos EEUU e Israel que se han visto debilitados finalmente por la caída de Saddam Hussein.

Walter Preziosi