PUTIN, AL SISI Y LOS SOFISTAS PEGAJOSOS



Era Ortega y Gasset quien distinguiera en el seno de la humanidad entre dos especies diferentes de seres: los hombres masa y los hombres persona. Los primeros se caracterizan por tener la costumbre propia del animal vacuno, es decir de ir todos en forma irreflexiva hacia el mismo lugar, expresando así lo que hoy se conoce como la opinión pública, y detrás de quien proporcione las mejores y más abundantes pasturas. Esto es pues lo que caracteriza especialmente al régimen demagógico en que hoy vivimos en donde gobierna no el que es mejor, sino el que puede satisfacer en forma adecuada las necesidades del vientre. Es hombre persona en cambio quien se basta por sí mismo, quien piensa y opina de acuerdo a lo que considera como lo verdadero y que no tiene escrúpulos de ningún tipo ni sentimientos de inferioridad o pesadumbre por permanecer en la soledad más absoluta aferrado a sus principios y por lo tanto ajeno a cualquier tipo de democracias o pragmatismos, estando dispuesto a aceptar que no necesariamente existen lugares hacia donde ir y puntos existenciales en los cuales apoyarse. Pero habría que agregar a tal importante y decisiva clasificación que existen además dos tipos de hombres de masa, el de aquellos que lo son y que al no percibir tal situación y diferencia entre los humanos, viven felices y contentos por su condición y aquellos otros que en cambio perciben tan profunda distinción pero que sin embargo, por más que se lo propongan y se esmeren en hacerlo, nunca alcanzan a ser propiamente personas y viven por lo tanto atormentados por tal dramática situación.
Esto es justamente lo que sucede hoy en día en materia de guerra de civilizaciones. Son muchos los que perciben que el mundo marcha vertiginosamente hacia el colapso, que el capitalismo es el sistema más perverso y corrosivo que haya conocido la humanidad en toda su historia y que el hombre actual, masificado, es una caricatura de lo que fuera en cualquier época normal. Pero cuando se trata de llevar al terreno de la acción tales percepciones verdaderas he aquí que son muchos los que por timidez y temor terminan haciendo lo contrario de ello y por querer combatir el problema en una sola de sus expresiones, terminan por lo tanto actuando de una manera aun peor que el más obtuso de los seres masificados que hoy existen.
Desde hace mucho tiempo que se ha sabido que sea el mundo norteamericano como el ruso son la manifestación de sus distintas expresiones capitalistas tanto individualistas como de Estado (comunismo), siendo en el fondo una misma cosa y que su meta principal en ambos casos consiste justamente en terminar con cualquier rastro de personalidad constituyendo un universo de consumidores y compradores compulsivos, es decir el conocido ganado humano cuyo nombre es opinión pública y que es medido en sus instintos e impulsos con encuestas cotidianas. Y este fenómeno masificador ha podido subsistir siempre mediante la sugestión impuesta de que afuera del mismo o del embate en que pudiesen verse comprometidas ambas formas de un mismo problema, se encontraba la nada y el desierto. Y si alguna vez hubiese existido alguien que al querer ser persona y plantearse disolver tal sugestión, hubiese resuelto combatirlos a todos por igual en tanto representación del sistema, enseguida éste se habría encargado de sembrarles el desprestigio utilizando para ello a esa nueva especie de sofistas pegajosos que asumen diferentes denominaciones que van desde los famosos identitarios europeos hasta los euroasiáticos montajistas quienes se encargaron durante los últimos años de desprestigiar todas las acciones exitosas efectuadas por el fundamentalismo islámico, desde su contundente victoria en Afganistán en contra de los rusos hasta la que hoy está aconteciendo en ese mismo país en contra de los norteamericanos, pasando por el glorioso 11 de septiembre del 2001. La excusa de todo ello es en el fondo la misma en que se asienta el universo de las masas. No existe el hombre aislado, sino la masa, el gran espacio geográfico; el hombre comprendido como persona, en el fondo no es nada, sino una simple mediación del Destino, de la Historia, o de la Razón universal.
Pero las evidencias son cada vez más irrebatibles de que los sofistas escandalosos ya no tienen más argumentos que darnos y salvo que nos encontremos con una humanidad de seres aterrados y sin aliento alguno, sus argumentaciones deberían suscitar una carcajada colectiva por la ridiculez con se nos presentan. Días pasados concurrió a Moscú el dictador egipcio Al Sisi, al parecer para recibir algún tipo de apoyo por parte del gobernante Putin. ¿Pero cómo, tendría que haber saltado de su silla un euroasiático honesto (si lo hay), no era que Al Sisi dio un golpe de Estado en contra de un gobierno elegido por el pueblo? ¿No era que los EEUU que son hipócritamente democráticos apoyaron ese golpe de Estado porque la sharia, ley islámica impuesta por el régimen derrocado, sostiene la eliminación de la usura? ¿No era que Israel saludó también dicho acontecimiento porque de esta manera se le ponía coto a los ataques que Al Qaeda en el Sinaí efectuaba en contra de los gasoductos que calefaccionaban a los colonos sionistas? ¿No era que Arabia Saudita, que es abiertamente enemigo de Putin, apoyó con dinero el golpe de Estado y le dio al nuevo gobierno un crédito ventajoso que en cambio le había negado al derrocado presidente Mursi para de esta manera producirle descontento social? ¿Y qué vemos en cambio ante todo esto? Putin le dijo a Al Sisi que lo ayudará a combatir al ‘terrorismo internacional’, es decir al que también combaten los EEUU e Israel. En su conversación privada le explicó que la gran diferencia que existe con la sociedad norteamericana no es en el capitalismo, sino en la democracia. Los yanquis son menos pragmáticos que los rusos y creen, en su opinión pública, todavía en la democracia por lo cual Obama se ve en figurillas cuando tiene que enviarles plata a las fuerzas armadas golpistas de Egipto al haber una ley que expresamente prohíbe ayudar a quien atentó en contra del menos malo de los sistemas posibles. Los rusos en cambio, como son menos principistas y las elecciones que hay en tal país son un claro ejemplo de todo ello, no tienen tal escrúpulo y por lo tanto le enviarán la plata que les regatea Obama. Al Qaeda de este modo va a poder ser combatido como corresponde. Faltaba además un guiño para Israel y Putin lo terminó de dar cuando manifestó que apoya fervorosamente una candidatura electoral de Al Sisi en las próximas elecciones fraudulentas, con el movimiento islamista proscrito. Israel necesita que se asegure la paz en sus fronteras, los colonos padecen penurias en invierno por el frío que es muy duro en la región. Hay muchos colonos rusos entre los sionistas allí instalados.
Los cronistas euroasiáticos han pedido una urgente explicación ante este nuevo intríngulis planteado. Ya no alcanzan los rublos ni los sofismas y la gente se está avivando cada vez más. Le dijeron para conmoverlo un poco que parece que día a día son cada vez más los que han comenzado a leer los reportes de la Agencia Kaliyuga. Parece que ya son muchos que quieren dejar de ser ganado y comenzar a pensar por cuenta propia.


Walter Preziosi