EL PERONISMO YA ES UN CUENTO CHINO


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 Yo siempre recuerdo que tiempo atrás viviendo en la Patagonia y cuando, finalizando la década del ochenta, estaba por eclipsarse la democracia vino a visitarme alguien que se me presentó como representante del coronel Seineldin, en quien muchos creíamos ver al gran gestor de una gran revolución nacional. Se me dijo que esta vez no se iba a incurrir en la misma trampa del año 1955 en donde el nacionalismo puso el cuerpo y luego los liberales, es decir el sistema, se quedaron con lo logrado. Que de lo que se trataba ahora, a fin de evitar volver a cometer el mismo error, era de infiltrar al peronismo al que se iba a poder apabullar a través de la fuerza militar con la que se contaba. Yo me acordé de Codreanu quien en circunstancias similares habría contestado lo siguiente: el peronismo es como el Mar Negro, por más que a él confluyan millares de vertientes de agua dulce, siempre permanecerá salado. Nunca quise embarcarme en tal aventura a la que daba por descontado como fracasada y recuerdo haber dicho en su momento que el peronismo era para mí un gran cuento chino.
Los años fueron pasando y además de haber visto al coronel preso y fracasado en sus proyectos iniciales, ‘traicionado’ por quien iba a infiltrar, presencié los vergonzosos acuerdos con Gran Bretaña sobre la rendición en Malvinas y una inaudita ola de privatizaciones de la totalidad de las empresas del Estado. Estando en España pude comprobar que llamar por teléfono a la Argentina costaba 10 veces más barato que hacerlo a la inversa desde nuestro país y por la misma empresa y también pude enterarme de que los contratos firmados eran tan leoninos que permitían que la totalidad de las ganancias, que indudablemente eran muchas, se pudiesen trasladar sin inconvenientes mayores a los países originarios. Sin necesidad de ser expertos economistas y sin embarcarnos en los intríngulis que tejían nuestros liberales consideré que si multiplicábamos esta experiencia vivida por varios miles y centenares de miles en poco tiempo el país habría de quebrarse. Entre la clase política engordada por las licitaciones y las empresas extranjeras que se nos llevaban absolutamente todo se podrían explicar con el tiempo fenómenos posteriores como el de los cartoneros, el corralito, la patria financiera, todo hecho por un gobierno peronista y los que luego lo imitaron en sus mismas políticas. Pero no, se me seguía insistiendo a pesar de todas estas evidencia en que esto no era peronismo, que el verdadero fue el que se nos relata del tiempo pasado, del mismo modo que el que habría de venir en el futuro. Yo recordé a ese artista al cual le encargaron pintar el cruce del Mar Rojo por parte de Moisés y se presentó con una gran mancha amarilla. ‘¿Dónde está el Mar Rojo?, le preguntaron, Fue abierto por Moisés. ‘Y los judíos? Ya pasaron. Y los egipcios? Todavía no llegaron’. ¿Dónde está el peronismo bueno? El primero de todos ya pasó, y el segundo todavía no vino, pero mientras tanto concentrémonos en la gran mancha amarilla y no perdamos nunca la fe. Pero para nosotros la misma sigue y seguirá siendo amarilla como el gran cuento chino.
Aunque ahora pareciera ser que el nuevo gobierno peronista, al que algunos se afanan aun en decir kirchnerista como antes decían menemista, acaba de darnos totalmente la razón. En el día de ayer se acaba de firmar y aprobar parlamentariamente un gran acuerdo económico… con China. Vaya, nunca creímos que íbamos a acertar tanto en nuestros pronósticos. De acuerdo a lo publicado por el periodista Pagni en La Nación, nos enteramos de que el mismo resulta aun más leonino que los que Menem firmara con los europeos. Además de poder llevarse todas sus ganancias en los emprendimientos se nos dice que no están obligados a emplear a argentinos en los mismos, sino que tienen libre franquicia para traer a sus compatriotas al país. Es decir que ni Telefónica, ni Telecom ni tantas otras nos llenaron el país de sus connacionales como en cambio ahora amenazan hacerlo las empresas chinas. Y recordemos al respecto que China hace poco acaba de suprimir la odiosa prohibición de tener un solo hijo por familia.
Si creíamos que los únicos chinos que íbamos a ver eran los dueños de supermercados, suponiendo que con esto se repetía el fenómeno de los tintoreros japoneses del pasado siglo, nos equivocamos. Anticipando la firma del tratado, ya en Río Negro la localidad de Sierra Grande se encuentra inundada de chinos pues hay una compañía de tal origen que está tomando a su cargo la mina de hierro ya existente. Y parece ser que la Patagonia, en gran medida por sus territorios vastos e inhabitados, ha sido puesta especialmente en la mira. En la provincia de Neuquén ya hay una cierta base militar china ‘de investigaciones climáticas’ respecto de la cual todo es secreto y como el régimen infame por la constitución del 94 le ha dado a las provincias plena autonomía para administrar sus recursos, ya las empresas pactan con los gobiernos provinciales a los cuales se puede comprar más fácilmente que a los nacionales. Y se podría continuar.
Nos hemos preocupado mucho por el plan Andinia, pero de aquí en más nos tendremos que ocupar de otra inmigración. Pues ya no cabe duda de que el peronismo en cualquiera de sus variantes es un verdadero y propio cuento chino.

Marcos Ghio

30/12/14