EL 'CATECISMO REAL' DE SAN ALBERTO




Fray José Antonio de San Alberto fue arzobispo de La Plata (actual Sucre) entre 1786 y 1801 habiendo ejercido la docencia en distintas escuelas y universidades de lo que fuera el Virreynato del Río de la Plata. Fue un notorio crítico de la Revolución Francesa y de la doctrina jesuítica suarizta que le asignaba al pueblo el origen de la soberanía del Estado. A él se le debe una importante obra de refutación al liberalismo y la democracia, en ese entonces en plena expansión en estas tierras y que tuviera su primera secuela con la revuelta de Tupac Amarú. El texto titulado Catecismo Real fue lectura obligatoria de las escuelas de la colonia. Hoy lamentablemente es inhallable en su totalidad y solamente nos han quedado algunos fragmentos alguno de los cuales aquí reproducimos.


LECCIÓN I - Del principio y origen de los Reyes. Sea pues, la conclusión que el origen de los reyes es la misma Divinidad, que su potestad procede de Dios y que sus tronos son tronos del mismo Dios.

P. ¿Quién, pues es el origen de los Reyes?
R. Dios mismo, de quien se deriva toda potestad.


LECCIÓN IV - De la superioridad del Rey y de sus oficios. Un rey dentro de su reino no reconoce en lo civil y temporal otro Supremo que a Dios... El Rey no está sujeto, ni su autoridad depende del pueblo mismo sobre quien reina y manda.

P. ¿Quién es superior al Rey?
R. Solo Dios en lo civil y temporal de su reino.

P. ¿El Rey está sujeto al pueblo?
R. No; que eso sería estar sujeta la cabeza a los pies.

LECCIÓN V - De la potestad legislativa del Rey. Quien no obedece al gobernante no obedece a Dios, porque la ley eterna de Dios manda que se obedezcan las leyes del Rey o del Gobernante.

P. ¿Puede el Rey poner leyes que obliguen en conciencia?
R. Sí, según aquello del Apóstol: Estad sujetos, no sólo por temor de la ira, sino también por obligaciones de la conciencia.

P. ¿Para que obliguen las leyes reales, es menester que el pueblo las acepte?
R. No; porque esto más sería gobernarse por su voluntad que por la del Soberano.


LECCIÓN X -Del honor que los súbditos deben a su Gobierno. Su dignidad, su preeminencia, su poder, su soberanía y majestad nos están exigiendo de justicia el honor, la veneración y el respeto. El súbdito que sintiese bajamente de su Gobierno, aun en los más secreto de su corazón, por solo esto queda ya reo y culpable en los ojos de Dios, quien penetra en lo más secreto de los corazones y tiene dicho: «No murmuréis del Rey en tu pensamiento, ni lo maldigas en el secreto de tu aposento, porque tu voz la llevarán las aves del cielo».
P. ¿Qué pecado es juzgar y sentir bajamente del Soberano?
R. Grave o leve, según fuere el juicio o la materia.

P. ¿Y si el Soberano fuese malo?
R. También, porque su dignidad siempre es buena y digna de honor. (Es decir nunca se confundía la función con quien la ejercía, tal como acontece ahora)

LECCIÓN XI - Del respeto que los súbditos deben a su Soberano. Hay pues obligación, no sólo de honrar al Soberano sintiendo bien de su persona, de su dignidad y de su gobierno, sino también de venerarlo y respetarlo exteriormente con palabras y con obras, hablando siempre bien y nunca murmurando de su persona, ni de sus providencias... Dios ha puesto en ellos un destello de su divinidad.


LECCIÓN XIV - Del temor que los súbditos deben tener a su Soberano. Tema maquinar contra su persona o contra su vida, aunque sea en lo más escondido de su casa y en lo más secreto de su corazón; porque escrito está: Que las aves del cielo llevarán su voz y delito hasta los oídos del soberano; y que nada hay oculto que al fin no se revele.

LECCIÓN XV - De la obediencia que los súbditos deben a su Soberano. Para el buen vasallo esta proposición: El Rey lo manda, ha de ser un equivalente de esta otra: Dios te lo manda, siendo de fe que si los Reyes mandan, es por la potestad que Dios les ha concedido para que manden.

Hemos dicho, si fuera ciertamente malo lo que mandan; porque en caso de duda, siempre está la justicia de parte del superior; y se ha de juzgar que lo que manda es bueno, sin que este juicio quede al arbitrio del inferior, a quien no pertenece el juzgar, sino callar y obedecer, según aquellas palabras de Moisés: Oid Israelitas; aprended y obrad.

P. ¿Hay obligación de obedecer a los Magistrados?
R. Sí; porque Dios les ha dado potestad para mandar.

P. ¿Y si lo que mandan es duro o dificultosos?
R. También; porque en lo difícil tiene mayor mérito la obediencia.

LECCIÓN XIX - De la obligación que tienen los súbditos de asistir al magistrado con sus personas cuando hay guerra. Las causas que hacen justa una guerra son la defensa propia, vindicar los agravios hechos a su Majestad o a la Patria y recuperar los dominios o derechos usurpados.

P. ¿Qué cosa en guerra?
R. Disensión entre Príncipes, ordenada a la pelea con multitud armada.


P. ¿Toca al soldado averiguar si la guerra es justa o no?
R. No le toca sino suponer que lo es y obedecer.