FIDEL CASTRO: MITO O REALIDAD


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A pesar de no haberse aun disipado la gran cortina de humo con la cual la opinión domesticada disputa respecto del carácter del mito, es decir de si se trata de un tirano sanguinario o de un exitoso antiimperialista, anticipemos algunas ideas que permitan esclarecer la situación.

El problema principal pasa aquí por responder a la pregunta de por qué los EEUU, que han enviado expediciones punitivas al mundo entero, derrocando regímenes hostiles a sus intereses a miles de km de distancia de su propio país en cambio han dejado hasta el día de la fecha la permanencia imperturbable de un gobierno ‘antiimperialista’, en apariencias contrario a sus intereses situado a apenas 200 km de su territorio.

La respuesta a todo esto está dada por el hecho de que el castrismo, como por lo general el marxismo en sus diferentes variables, es la oposición funcional y útil para el poder norteamericano capitalista en tanto es el encargado de agrupar y convertir en inofensivas y útil para sus fines a toda esa importante opinión pública que no simpatiza ni va a simpatizar nunca con los EEUU. Vayamos al respecto a dos ejemplos concretos que nos esclarecerán un poco la situación.

Julio de 1976. Visita la Argentina el secretario de Estado norteamericano Henry Kissinger. En su reunión con Videla quien se le mostraba preocupado por el modo de combatir a la guerrilla marxista organizada desde Cuba a través de grupos peronistas y trotskistas vernáculos (ERP y Montoneros). Ante la imposibilidad de tomar medidas drásticas como la implementación de la pena de muerte en razón del imperio en el mundo entero de la doctrina de los derechos humanos Kissinger le recomendó que aplicara, tal como solían hacer ellos, procedimientos de guerra sucia haciendo desaparecer a los guerrilleros tras aplicárseles a todos ellos la pertinente tortura. Que en la aplicación de tales medidas contarían con el apoyo de los EEUU, un aliado en la lucha en contra del comunismo. Un consejo similar se le daría más tarde al Gral. Galtieri estimulándolo a invadir Malvinas pues contaría con la neutralidad norteamericana. La realidad es que para tal gobierno la democracia era el sistema adecuado para sus intereses en las naciones subordinadas pues en razón de su división de poderes era más fácil de presionar que una dictadura que pudiese en algún momento convertirse en nacional. Es decir que Cuba y EEUU actuaron al unísono para obtener la caída del gobierno militar argentino. En un caso lanzando una guerrilla y en el otro sugiriendo aplicar procedimientos ilegales en su contra que concluirían finalmente con la desarticulación de nuestras fuerzas armadas y por lo tanto dejando a nuestros países indefensos ante la posterior intromisión en su contra.

Noviembre de 2001. Afganistán ha sido invadido y ocupado por el ejército de los EEUU tras una guerra fulminante de apenas un mes para desalojar del poder al movimiento talibán a pesar de que éste hubiese participado activamente de la derrota de la Unión Soviética doce años antes. La excusa, tal como sabemos, era haber colaborado con Al Qaeda en los atentados del 11S. Más de dos mil dirigentes talibanes y simpatizantes del fundamentalismo islámico o personas sospechosas de serlo son detenidas en el lugar pero ¿adónde llevarlos? He aquí el gran dilema. No era conveniente que permanecieran en Afganistán pues podían llegar a huir, tampoco en los EEUU pues existían esas leyes inconvenientes de las cuales hablaba Kissinger a los militares argentinos. Entonces se trató de buscarles un lugar adecuado en donde pudiesen permanecer en forma ilimitada en el tiempo, como ‘desaparecidos’ y en que se les pudiese torturar libremente para que confesaran respecto de otros colaboradores eventuales. Veamos al respecto lo que nos dice Mark Mazzetti, ex funcionario de la CIA, en su obra La guerra en las sombras (Premio Pullitzer). “Teníamos en ese entonces dos posibilidades adonde podíamos llevar a los prisioneros capturados. O en la cárcel de Usuhaia en el sur de Argentina o en Guantánamo, nuestra base existente en Cuba. Pero nos decidimos finalmente por esta última. En la Argentina había en ese entonces un gobierno que nos respondía (el de De la Rúa) pero el peligro estribaba en su inestabilidad y en la posibilidad de que pudiese ser sustituido por otro que determinase la liberación de los prisioneros y pusiese en evidencia lo operado allí. En cambio en Cuba teníamos una ventaja especial. Una base de 11.000 km2 que nos dejaba usar libremente Fidel Castro a cambio de nuestra no intervención en sus asuntos. Y lo principal un gobierno que iba a seguir durando por mucho tiempo”. Agreguemos también que Castro odiaba a los talibanes del mismo modo que los mismos EEUU y agreguemos también Rusia. Los talibanes fueron los responsables de la caída de su primer gobierno mentor. Por ello el régimen cubano no solamente permitió que en su territorio se pudiesen torturar libremente a 2.000 miembros de tal organización, que se los tuviese detenidos por más de una década sin proceso, sino que además de todo ello alimentase toda especie de teoría conspirativa respecto del carácter servil que habría tenido tal movimiento y Al Qaeda que habrían actuado en el mundo como agentes encubiertos del imperialismo. Es decir el mismo imperialismo que mientras combate hasta la muerte e invade al fundamentalismo islámico, al marxismo lo deja vivo y coleando aplicándole ‘600 atentados fallidos’ para que los imbéciles se solacen creyendo que, apoyando a tales lenguaraces, como Castro y Chávez o Putin, combate a los norteamericanos.