Concepción taoísta del poder

Daniel Pem
Compartiré una breve reflexión sobre la cuestión del poder en un texto que extiende los principios de Lao-Tsé, el Wen-Tzu. Resulta notoria la distancia entre estas reflexiones y la realidad que nos toca vivir, habitamos la ruptura de ese vínculo integral y sagrado con lo divino.
En este escrito el poder se relaciona con el orden y lo social es entendido en un sentido orgánico: Cuando las personas tienen muchos deseos, esto perjudica a la justicia. Cuando tienen muchas ansiedades, esto daña a la sabiduría. [...] El agua que fluye hacia abajo se vuelve profunda y extensa; los gobernantes que se rebajan a sí mismos hasta sus gobernados se vuelven receptivos y lúcidos. Cuando los gobernantes no luchan con sus gobernados, entonces se hace el Camino del orden. Así, los gobernantes son las raíces, los gobernados son las ramas y las hojas. Las ramas y las hojas nunca florecen sin buenas raíces.
Ese sentido también debe equipararse al orden natural: Con las cuatro estaciones como caballos, nada queda sin emplear; con la oscuridad y la luz como conductores, nada queda sin ser incluido. Por ello, son rápidos sin vacilaciones, viajan sin cansarse. No perturbados sus cuerpos, sus intelectos no quedan disminuidos, y ven al mundo entero con claridad. Esto es mantenerse en la esencia del Camino y observar la tierra sin ataduras. Por ello, los asuntos del mundo no son planeados, sino promovidos según su propia naturaleza.
Y por lo tanto establece el trabajo corporal como elemento previo a la administración, comenzando en casa: Cultiva el Camino en ti mismo, y sólo entonces podrás gobernar al pueblo; vive en casa de una manera ordenada y civilizada, y sólo entonces podrás transferir esto a un liderazgo gubernamental.
Ante esta disciplina no se permite ceder, una vez centrado se persiste: Así, mantener el autocontrol hasta la muerte, incluso en las dificultades, es tarea de los servidores de la sociedad; vestir a los que tienen frío y alimentar a los que tienen hambre constituye la benevolencia de los buenos padres. [...] Aprender sin cansarse es la manera de gobernarse a sí mismo. Enseñar sin cansarse es la manera de gobernar al pueblo.  
Ya que todo surge del cuerpo y este debe cultivarse atendiendo al origen, es decir, al estado de mayor plétora emocional y física, gobernar implica confiar y dejar fluir: Cuando los gobernantes no explotan a sus pueblos, éstos prosperan de manera natural; cuando los gobernantes no explotan a la gente, ésta se vuelve civilizada por propia naturaleza.
Entonces se logra diferenciar el deseo de la necesidad, priorizando lo segundo: El rango, el poder y la riqueza son cosas que la gente codicia, pero cuando se comparan con el cuerpo son insignificantes. Por ello, los sabios comen suficientemente para llenar el vacío manteniendo la energía, y se visten suficientemente para cubrir sus cuerpos protegiéndose del frío. Se adecúan a su verdadera condición y rechazan el resto, sin codiciar la ganancia ni acumular demasiado.
Pero es grande el riesgo de que el gobernante pierda su capacidad y el sentido orgánico se rompa: Cuando los gobernantes han errado, los ministros que no les amonestan no son leales, mientras que los gobernantes que no escuchan cuando son amonestados no están iluminados. Los dirigentes que no se preocupan cuando el pueblo está abatido no son inteligentes.
Si el carácter flaquea, el poder comienza a menguar: Cuando la sociedad está a punto de perder su vida esencial, es como la emergencia de la energía negativa: el liderazgo es ignorante, se descuida el Camino, muere la virtud. Se emprenden proyectos que no están en armonía con la Naturaleza, se dan órdenes que constituyen una violación de las cuatro estaciones. El verano y el otoño disminuyen su armonía, el cielo y la tierra son exprimidos de su virtud.
Y la nación decae si el cuerpo social ya se ha enfermado gravemente: Cuando las personas están a punto de caer enfermas, primero tienen un deseo de pescado y carne; cuando un país está a punto de perecer, primero rechaza las palabras de ministros fieles. Así, cuando una enfermedad va a ser fatal, uno no puede tratarla médicamente; cuando un país está a punto de perecer, uno no puede planificar para él con fidelidad.
Estas citas podrán animar a que el lector profundice en el Wen-Tzu y así amplíe sus conocimientos sobre el pensamiento taoísta, que si bien se le ha querido asociar al anarquismo -por la fuerte divulgación del Tao Te King, defiende una posición minarquista y tradicional. Cualquier configuración de organización civilizatoria consigue desarrollarse plenamente si se mantiene en la armonía que surge cuando se arraiga al corazón del Camino.