EL ORIGEN DEL MITO DE LOS 30.000

Todo mito tiene previamente una creación literaria. Tiempo atrás se descubrió que el mito de los seis millones de judíos gaseados por los nazis tuvo su antecedente en los EEUU más precisamente en el periódico The American Hebrew del mes de octubre del año 1919. Allí por primera vez el ex gobernador del Estado de Nueva York Martin H. Glynn publicó un alarmante artículo titulado “Debe cesar la crucifixión de los judíos”. En tal nota además de usar por primera vez la palabra holocausto para referirse a la persecución de su pueblo, nos dice textualmente que “corre severo peligro la existencia de seis millones de judíos” víctimas de diferentes persecuciones en el mundo entero. Años más tarde luego de tal profecía esta cifra pasará a convertirse en el número de los judíos muertos.
Pero también en la Argentina tuvimos nuestra cábala, esta vez de 30.000 desaparecidos, a pesar de que los informes que dieran los organismos encargados de averiguar sobre el tema solamente pudieron indicarnos la cantidad de 8.900. Siempre nos hemos preguntado qué habrá sido de la vida de esos generosos familiares de 21.100 ciudadanos que con tanto patriotismo renunciaron a cobrar cada uno de ellos la cantidad de 230.000 dólares.
Sin embargo en la semana pasada hemos podido al fin averiguar en dónde se originó por vez primera dicha cifra legendaria que luego ha acompañado marchas, manifestaciones y reclamos.
Resulta ser que la revista Contraeditorial, del mismo grupo que edita la Revista 23, ha publicado en su último número una carta que el escritor afiliado montonero Haroldo Conti le escribía a un colega cubano en enero de 1976, es decir a tres meses del golpe de Estado. Allí manifiesta textualmente que un militar amigo lo advirtió de la inminencia del movimiento militar y que se iba a hacer una gran limpieza de indeseables ‘eliminándose a unas 30.000 personas’. Es decir que la mágica cifra que, como una espada de Damocles está sobre la cabeza de tantos argentinos. se propaló por vez primera unos meses antes del golpe de Estado del 24 de marzo y el que la difundió o conoció por primera vez fue el aludido Conti. Luego esta ficción literaria, pues no sabemos si es cierto tampoco lo que se le dijo, se convirtió en realidad.

Lucas Baffi
Buenos Aires, 4/04/09

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